Sábado, 25 Agosto, 2012 - 17:44

Ese pulgar supremo e implacable

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Antonio Caló, cayó en desgracia y ve como se diluye irremediablemente su posibilidad de heredar otro preciado sillón, el de la jefatura de la CGT.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner es la máxima responsable del eclipse del dirigente metalúrgico, quien de todas maneras puso lo suyo para tratar de entronizarse pero también para que se interrumpa su vuelo hacia Azopardo 802, la histórica sede de la central obrera donde aún mora Hugo Moyano.



"¿Para quién juega este muchacho? ¿Para nosotros o para Moyano?", dicen que bramó la jefa de Estado ante su interlocutor, Andrés Rodríguez, el secretario general de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y favorito de la Casa Rosada.



Inmediatamente, la Presidenta lanzó lo que en cualquier otra boca sería un pedido, pero en la suya es una orden: "Busquen otro candidato".



Cuando Rodríguez se retiró de los aposentos presidenciales, lo primero que hizo fue hablar con los suyos, a quienes, término más, término menos, les dijo que "Caló no va a ser, hay que encontrar otro candidato".



La exposición del dirigente, uno de los máximos operadores sindicales en todas las épocas, desde 1983 hasta el presente, se transformó inmediatamente en admonición: "Hay que ayudar a la Presidenta; no se puede crear ni ir con problemas todos los días. Después vienen a pedirle cosas, pero ¿por qué también no traen soluciones?".



Un dato quizás mínimo para algunos, pero como muchos otros suelen ser leídos de otra manera en política, es el hecho de que Rodríguez fue vocero de la última reunión del antimoyanismo y no hubo un apoyo explícito para Caló.



Más aun, el estatal dijo que la candidatura "se debatirá en los tiempos oportunos" y anunció una grilla de prioridades que tiene que ver con la formalidad de la convocatoria a los cuerpos orgánicos con vistas a elegir la cabeza de la llamada CGT Balcarce, ubicando en último término el tema de la postulación.



Pero en la charla entre Cristina Fernández de Kirchner y Rodríguez habría sobrevolado también algún conato de promesa: el posible cambio, quizás modesto, en el Mínimo no Imponible, como recompensa por la tarea de mantener dividido al sindicalismo, oponerse a Moyano y no generar conflictos.



Puede preguntarse cualquiera, con absoluta lógica, si esa concesión significaría rédito para Moyano, quien armó una cruzada contra el Impuesto a las Ganancias y su efecto devastador en los salarios.



Pero desde el oficialismo creen que una eventual medida de esa naturaleza podría ser bien capitalizada por la CGT Balcarce y, tal vez porque quizás no sería de una envergadura importante, seguiría provocando la insatisfacción de Moyano.



Por su parte, Caló ya estaría transitando los tramos finales de una "crónica de la muerte anunciada de una candidatura", parafraseando al gran Gabriel García Márquez.



El dirigente metalúrgico sabe que no posee los quilates de su antecesor -Lorenzo Miguel-, y ha demostrado que la operación y el tacto políticos, al menos en estas circunstancias, no es su fuerte.



Además, rompió la tradición histórica de la UOM desde el retorno de la democracia de no estar al frente de la CGT sino operar en las sombras. El caso más contundente de esas maniobras en bambalinas fue el de Saúl Ubaldini, a quien Miguel lanzó al estrellato gremial. Salvo, vale recordarlo, el breve período 1993-1994, cuando Naldo Brunelli encabezó la CGT, pero por un acuerdo entre los distintos sectores por el cual la jefatura de la central obrera se ejercía durante un año.



Pero quizás la UOM decida ahora seguir con la alta exposición, al estar de las versiones que mencionan a Carlos Gdnasky, diputado nacional y jefe de la poderosa seccional La Matanza, y de Francisco Gutiérrez, intendente de Quilmes y mandamás de la también robusta UOM de su terruño, ambos hoy ultracristinistas y apadrinados por una figura central del oficialismo, el diputado nacional Carlos Kunkel.



Otra foto con lectura política: en el último acto de la reciente semana en la Casa de Gobierno, Gdnasky estuvo en segunda fila. Después relativizó su candidatura a presidir la CGT. Pero nunca está dicha la última palabra.



También volvió a menearse estos días la figura de Ricardo Pignanelli -"Pigna", como le dice cariñosamente la Presidenta-, titular del sindicato mecánico (SMATA). Igual, como en el caso de Caló, carece de rodaje como para conducir una central gremial y encima sobre él se yergue la sombra de un histórico secretario general del SMATA, el "Pepe" José Rodríguez, gran operador sindical y político, como su colega Lorenzo Miguel.



A todo esto, hay un dirigente que podría estar en las gateras. Es jefe de un sindicato del sector industrial que tuvo su reverdecer con la gestión kirchnerista, no tiene filtros a la hora de hablar y reivindica las demandas de su sector y su reconocimiento a la gestión gubernamental: el secretario general de la Asociación Obrera Textil (AOT), Jorge Lobais.

De todas maneras, como siempre, habrá que esperar. Y lo único concreto es que el antimoyanismo tiene un serio problema estos días.



Quizás una posible alianza con la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo permita explorar alternativas. Gerardo Martínez (UOCRA) dijo que el gastronómico prácticamente ya está en las filas enemigas de Moyano.



A propósito, Moyano sigue explotando esta situación. Encima, como la UOM no se acordó de José Ignacio Rucci cuando se declaró prescripta la causa por su asesinato, incorporó esa cuestión a sus reivindicaciones.



Y se dio todos los gustos en un puñado de días: se opuso a una reelección presidencial, comparó las intenciones de mantenerse en el poder con lo que hizo Carlos Menem en los 90 y, como postre, llamó a enfrentar al cristinismo en las elecciones de 2013.



Moyano, en síntesis, está listo para encarnar una protesta a partir de un posible descontento social y promueve alianzas con los disconformes con el Gobierno nacional.

Un tema que también debe estar contemplando Caló a la hora de evaluar beneficios y contraindicaciones de la jefatura de la CGT.



Pero a esta altura el dirigente metalúrgico puede despreocuparse y dedicarse de lleno a su sindicato. Ya la Presidenta, como en todo lo que le atañe y no le satisface, al momento de resolver el destino de Caló inclinó hacia abajo su pulgar. Supremo e implacable.



(*) Para Agencia DyN
Fuente: 
Agencia DyN