Jueves, 23 Agosto, 2012 - 18:05

Entrevista exclusiva
Augura "dos o tres años de mucha política"
Edgardo Mocca: "La sucesión de Cristina se discutirá en las políticas públicas"

El politólogo, académico y panelista de “678” cree que aún no es posible saber si la época del kirchnerismo será un “piso” para el futuro, pero confía en la política como herramienta de cambio.

“Las conquistas, la época del kirchnerismo se va a establecer como un piso de la política si por una razón o por otra aun los adversarios del kirchnerismo tienen que partir de la base de lo conquistado, cosa que no está ahora. Nadie en la sociedad argentina puede estar seguro de que si triunfa otra fuerza que no sea el kirchnerismo, se mantenga y se continúe esto”, analizó en una entrevista a Diario Chaco.



Mocca es licenciado en Ciencia Política de la UBA y docente de la cátedra homónima en Ciencias Sociales. Comparte el trabajo académico con su pasión periodística como columnista de diarios nacionales y, desde hace algún tiempo, como panelista frecuente del programa “678” de la Televisión Pública. Aparte de dictar cursos en varias universidades de España y conferencias en distintos foros del país, lo ha hecho en la Escuela de Gobierno del Chaco, este jueves.



“La sucesión de Cristina se discute (aparte de en las internas y en las roscas) en las políticas públicas. Y estos dos años van a ser de mucha intensidad de políticas, como ya lo fue en lo que va de este período con la reforma del Banco Central, con YPF, con los planes de viviendas que son un mecanismo de distribución pero al mismo tiempo anticíclico. Toda esa política de gran ofensiva realizadora es la que va a definir si hay aliento y hay empuje para que, o bien haya un proceso reeleccionista, o bien haya una capacidad de Cristina de formular una `variante´ a lo Lula, que puso a Dilma Rousseff, que no llegaba ni al 10% de la intención de voto y conquistó la presidencia; si todo va en la dirección que este gobierno está impulsando, puede haber una especie de capacidad de legado y de sucesión, de `auto-sucesión´ de Cristina”.



DE LA “ANTIPOLÍTICA” A LA ESCUELA DE GOBIERNO

En un artículo de 2002 Mocca decía que los políticos emergentes de aquella crisis eran cultores del "kisch político", casi desesperados por hacer empatía "con el sentido común mayoritario". En ese momento deseaba equivocarse cuando presagiaba o temía un "autoritarismo disciplinador con decorado parlamentario"; lo advertía desde el título: el problema era la “antipolítica”. Entonces explicaba una curiosidad: que la misma sociedad que había identificado en la derecha neoliberal al responsable del desastre, fortalecía ese “patrón ideológico” al profundizar su registro antipolítico.



Sigue pensando lo mismo: “La antipolítica es casi inevitablemente conservadora porque presupone la negación de conflictos y niega la capacidad de los sectores más subordinados de la sociedad de, por medio de la política, transformar la realidad, aspectos de la realidad, obtener conquistas. Y más bien es una especie de resignación al statu quo, a cierta naturalización de las cosas: la pobreza es así porque es natural, la dependencia es así porque el mundo es así, el consumismo y así cualquiera de los temas que hoy ocupan la agenda o que hoy caracterizan la civilización en la que vivimos se convierten en una especie de santuario natural contra lo que no se puede hacer nada”.



“Cuando yo hablo de la tercera vía y de la pospolítica de los noventa, esta idea del corrimiento de las izquierdas hacia el centro y la idea de adaptar el registro ideológico de las izquierdas a las premisas y certidumbres neoliberales, no es exactamente el mismo el problema, aunque se le parece: la pospolítica, que es el término que utiliza Chantal Mouffe, es la creencia de que con la globalización y con el mundo interconectado y de alguna manera gobernado por grandes poderes tecnocráticos, se liman las contradicciones sociales, hasta el punto de estar casi en el borde de desaparecer. Esa pospolítica rima y se acerca a la antipolítica, es una izquierda que termina aceptando el corazón cultural e ideológico de la derecha; es la negación de las posibilidades de los colectivos humanos de proponer premisas transformadoras.”



“A la Escuela de Gobierno la conectaría por el lado de la reivindicación de la política. Si hay algo que es muy fuerte en mi obsesión política es la obsesión por defender la política, la actividad política. Defenderla quiere decir asumirla tal como es en sus contradicciones, asumir que la política tiene una faz y creativa y una faz transformadora, e incluso una faz ética, y también tiene una faz de maniobra, de negociación, de pacto, de transa. No hay ninguna política que se pueda imponer sin acudir a todos los resortes y recursos de la actividad humana, y la actividad humana no es excluyentemente pura y moralmente sostenible. En eso soy maquiavelista”.



“Esa obsesión por la defensa de la política ha tenido en los últimos años una especie de posibilidad de diálogo con experiencias concretas, que son las experiencias latinoamericanas, que son las transformaciones de los países de la región (Brasil, Bolivia, Venezuela, Ecuador, cada uno con sus maneras y sus especificidades nacionales) y ha tenido un correlato también con fenómenos de crisis. América Latina es una positividad en esto de la recuperación de la política, pero Europa y el mundo capitalista más desarrollado, se correlaciona también por la negatividad, porque en Europa lo que está haciendo crisis son justamente las ideas antipolíticas.”



“Es un momento extraordinariamente apto y propicio para iniciativas como esta idea de la Escuela de Gobierno”.



Sostiene Mocca que la conflictividad es inevitablemente el modo de agruparse de las personas, y que esa naturaleza “conversable, conflictual, potencialmente antagónica que tiene la presencia del hombre en el mundo” tiene, desde hace 400 años, un nombre: Capitalismo, “una formación social contradictoria, histórica y transitoria”. “En los noventa se diluyó esa idea y apareció la utopía del capitalismo perfecto, que en su propio interior daba soluciones a todas las contradicciones, y eso se ha quebrado. Lo que no quiere decir que hay una crisis terminal del capitalismo, que esté naciendo una civilización superadora, porque eso sería verborragia pura; no hay ningún indicio”.



No obstante, “los pueblos latinoamericanos dejaron de comprar por buena la mercadería del Fin de la Historia y la mercadería de la inevitabilidad de que los poderosos deciden”. Hay un gran nivel de movilización y de contradicción, -apunta-, y problemas no resueltos, porque “los procesos de transformación no sólo resuelven viejas demandas sino que crean demandas nuevas”.



“Cada tanto me ocurre conversar con gente que le reclama al gobierno argentino, y con razón, una actitud diferente frente a las comunidades indígenas, frente a la propiedad de la tierra, a los conflictos con la policía, cuestiones sobre las que no tengo ninguna objeción y me sumo al rechazo a las prácticas represivas y disciplinadoras por parte de poderes públicos contra comunidades que buscan ejercer su autonomía cultural; pero al mismo tiempo hay que decir que esa demanda la creó el propio proceso político argentino, no es que las viejas reivindicaciones se hicieron oír: se hicieron oír, pero el gobierno argentino en el Bicentenario puso las cuestiones de las comunidades originarias en un nivel en el que no habían estado nunca. Entonces, el gobierno éste y todos los gobiernos que quieren producir algún tipo de transformación tienen que verse en el espejo de las propias promesas que han hecho, porque un proceso de transformación también es hacer promesas; no es cambiar esto y decir `mirá, cambié esto´. La dinámica transformadora es realización política y promesa hacia adelante, que siempre es un problema. Y se da la paradoja de que generan capacidad de acción y de reacción a fuerzas que históricamente estuvieron opuestas a ese tipo de reivindicaciones. Ahora descubrimos en la Argentina que hay solidaridades con el mundo de las comunidades aborígenes que yo por lo menos deconocía que existieran hasta hace diez años; no sabía que la comunidad qom o la comunidad mapuche podía recibir tantas insólitas adhesiones como hoy; y está bien que sea así, porque la naturaleza transformadora de los gobiernos también se ve en las nuevas contradicciones que crean. Y cuando se muere la promesa, se muere la política”.



“La escuela de gobierno es un dato fuerte, una conquista del gobierno de Chaco, una conquista -quiero decirlo- del gobernador Capitanich, que me consta que metió su impronta en la cuestión, y a mí no solamente por cuestiones profesionales me gustaría que existiera en todas las provincias, sino que creo que la promoción de iniciativas de este tipo va en confluencia con cosas que están surgiendo de abajo de la sociedad”. En efecto, el politólogo afirma que cada vez que tiene una tarde libre lo invitan “a hablar” desde espacios como Nuevo Encuentro o La Cámpora, y que también viene seguido a Chaco, donde jóvenes de entre 20 y 35 años han ingresado en un “territorio de búsqueda, de revisitación de viejos textos, de viejos lenguajes”, que denota el interés que la política despierta en las nuevas generaciones. Por eso valora “que el Estado ponga a disposición una estructura concentrada como la Escuela de Gobierno”.



“Tenemos la oportunidad de una afluencia de jóvenes a la política, en democracia, y con el signo de la no violencia. Esto no era así en los setenta. La juventud en los setenta sabía o intuía que entrar en la política era entrar en el territorio de los peligros, de la represión, del conflicto; quizás no tuvo suficiente conciencia de la gravedad y la intensidad de los conflictos que se iban a desatar, pero todos los que estábamos haciendo política en los setenta sabíamos que no había un continente democrático que nos asegurara poder hacer política tranquilos, seguros. El continente de hoy es una democracia que funciona, que en política se gana o se pierde con los votos, que en política hay que respetar la libertad del otro; podrá haber quien no esté del todo de acuerdo con eso, pero básicamente, para obtener legitimidad hay que obtener reconocimiento. Entonces, que una escuela pueda juntar a gente que hace política en distintos partidos, con distintas concepciones y cosmovisiones, sentarla y ofrecerle un menú de conocimientos o de interrogantes o de búsquedas, me parece que es una forma, no digo que sea la única ni la principal, pero es una forma muy importante de cierto resurgimiento de la política democrática. Esta obsesión que vos encontraste en los textos por la defensa de la política y la crítica de la antipolítica, la Escuela de Gobierno es una herramienta que a mí me parece muy enlazada con esa búsqueda”.



“678”: “LO DE DIEGO GVIRTZ ES PARA SACARSE EL SOMBRERO”

Como “panelista” de 678, Mocca piensa que el ciclo va a tener que seguir siendo “parcialmente lo que fue y lo que es”.



“Hay una audiencia que está esperando, necesitando recursos de discusión y argumentación en los que 678 (Diego Gvirtz en su tradición de TVR y demás) encontró un género que yo te digo que es para sacarse el sombrero. Hay una demanda y una calidad de producto, se encontró una manera dinámica y de alguna manera entretenida de satisfacer una demanda de una parte de un activismo favorable al gobierno. Eso no puede dejar de serlo”.



Cree, no obstante, que el canal público tiene que tener un nivel de plasticidad frente al pensamiento y a la diversidad y al pluralismo que hoy no tiene, producto de una etapa histórica, no del capricho de alguien: “Ahora, yo no sé si el programa para eso es 678. Lo que sí puede hacer y de hecho está explorando 678, y yo creo haber tenido algo que ver con esa propuesta de exploración, es flexibilizar el formato de modo de dar entrada a otras escenas y a otras configuraciones que salgan un poco del molde, que innoven, que incluso pongan en crisis al propio programa y a su audiencia...”



Mocca refresca el debate con Roberto Gargarella sobre rupturas o continuidades entre el menemimo y el kirchnerismo, o el de Roberto Feletti (FPV) y Rogelio Frigerio (PRO) sobre los modelos económicos. “Son una innovación tentativa (hay que ver qué desarrollo tiene eso porque en algún momento puede agotarse y habrá que buscar otras) porque ahí se está simbolizando algo muy fuerte, que es que los propiciadores, los que apoyan, los favorables al gobierno, tienen que hacer, más que hasta ahora, un ejercicio de confrontación dialéctica con los adversarios. Yo creo que la democracia pasa hoy por una etapa muy particular que es lo binario que organiza lo plural en una contradicción principal, pero eso no quiere decir que no encontremos escenarios comunes donde poner la opinión de uno y la de otro a la misma altura, con las mismas reglas de juego, sin inclinación de cancha, sin favoritismos ostensibles, para que la gente que mira 678 para saber qué piensa el gobierno también sepa cómo discute la gente que está a favor del gobierno con los que están en contra, porque cuando vos te acostumbrás demasiado a conversar con vos mismo, se empequeñece, se empobrece”.



LA POLÍTICA COMUNICACIONAL KIRCHNERISTA


“Yo estoy de acuerdo que un gobierno, un partido, una coalición que ganó 22, 45 y 54 % de los votos, alguna cosa buena tiene que tener en la comunicación, y eso es innegable”, afirma. “Al mismo tiempo, como hablábamos antes de las transformaciones y las promesas, las etapas, en la medida en que se es exitoso en la política, tanto en el gobierno como en la confrontación electoral, la demanda se hace cada vez más alta, y las herramientas que se usaban para otro tipo de demandas no te alcanzan para estas otras, y además porque usando la metáfora de Néstor Kirchner, una cosa es salir del infierno, del pensamiento único neoliberal y de la miseria generalizada, y otra cosa es ahora que empezamos a tener un Estado, una personalidad como país independiente, y que empezamos a tener un piso de dignidad social diferente; ahora es cuando vamos a empezar a ver todas las cosas tremendas que nos quedan por delante, y la única forma de apostar a que esas cosas se transformen en políticas públicas es asumiendo el conflicto, asumiendo que hay una parte que no está de acuerdo, y asumiendo que entre los que estamos de acuerdo hay una dialéctica de discusión a la cual hay que darle espacio: entre los que votamos por el gobierno tenemos muchos temas que se han ido acumulando y que no se quieren poner en escena porque siempre parece una cosa funcional a los que están en contra. Pero yo no creo que sea funcional. Yo creo en lo que viene planteando por ejemplo Horacio González, de abrir más el caudal de voces diferentes que hay en una constelación tan rica y tan plural, porque el kirchnerismo tiene desde sectores del viejo justicialismo aferrados a concepciones de orden y estabilidad, hasta juventudes que tienen una ambición de transformación muy radical. Y todo eso no está mal que sea así. Lo que hay que hacer es darle cauce a las diferencias, para que en lugar de tirar para atrás, enriquezcan”.



LA ARGENTINA POLÍTICA EN EL CORTO Y MEDIANO PLAZO

“Creo que la Argentina de los dos o tres próximos años, en esta coyuntura larga, digamos 2015, define si el proceso político de 2003 a 2012 es una golondrina veraniega o es una instancia que va a tener que ser reconocida como piso de la política argentina.”



“Dos ejemplos: la Europa de posguerra fue la Europa del Estado Social durante treinta años, más allá de qué partido ganara las elecciones en los diferentes países. Había lo que se llamaba un consenso social-demócrata. Podían perder los social demócratas, pero el Estado construido a imagen y semejanza del ideario social demócrata (el Estado que concilia clases, que media en los conflictos, que establece precios y salarios, que establece concertaciones, que protege la seguridad social de los trabajadores: ese Estado no estaba en discusión). Eso se está jugando acá.”



“El otro ejemplo es el peronismo. Entre el `45 y el `55, el peronismo derrocado, la Argentina no dejó de ser peronista no en el sentido proselitista sino en el sentido del piso social. Ningún gobierno hasta el `76 tocó las conquistas de la Argentina peronista. Si el kirchnerismo va a alcanzar ese estátus que alcanzó la social democracia europea de posguerra, y el peronismo también de posguerra, se está jugando en estos años. Y no es un problema de triunfo de un partido o de otro, sino de capacidades autónomas de la democracia respecto de los poderes externos a la política. Si la democracia defiende su estátus de autonomía respecto de las corporaciones poderosas, o vuelve a someterse a los dictados y a los designios de esa fuerza. Eso se está jugando en estos años.”



“Las conquistas, la época del kirchnerismo se va a establecer como un piso de la política si por una razón o por otra aun los adversarios del kirchnerismo tienen que partir de la base de lo conquistado, cosa que no está ahora. Nadie en la sociedad argentina puede estar seguro de que si triunfa otra fuerza que no sea el kirchnerismo, se mantenga y se continúe esto.”
Fuente: 
Diario Chaco. | Entrevista: Cristian Muriel, de la Redacción de Diario Chaco.