Martes, 21 Agosto, 2012 - 16:08

La huella de la militancia

A 61 años del renunciamiento de Eva Perón, quiero compartir ideas que considero necesarias compartirlas, debatirlas y hacerlas carne en este momento histórico del país.

Hay una frase que para mí, y seguramente para muchos millones de argentinos, es inolvidable. Cuando en el balcón ante la multitud, con la voz quebrada por su frágil estado de salud, Evita expresó toda su dimensión de mujer comprometida con su causa pública.

“Compañeros, yo no renuncio a mi puesto de lucha. Yo renuncio a los honores”.



Entre ambas miradas de la misma mujer, la renuncia y la afirmación de su misión, aquel momento tiene una trascendencia superior, aunque muchas veces fuera menospreciado.



Más aún en este particular momento histórico, donde nos estamos jugando día a día la posibilidad de consolidar o de perder todo lo que hemos avanzado en nuestra patria en favor de construir una Argentina solidaria, inclusiva, digna y soberana.



Aquel gesto de Evita no fue un simple rechazo a la candidatura a un cargo electivo, como si ese fuese el objetivo único de un militante político. Fue una enseñanza. La decisión de dejar una referencia, un mojón ineludible para comprender qué significa ser parte de un movimiento nacional y popular, con un imperativo de reconstrucción social permanente. Por encima de cada cargo, por encima de las candidaturas, lo que edifica y consolida un proyecto político que lucha por la justicia social, es la huella de cada militante afianzada y profundizada todos los días.



El camino lo enseñó Evita, esta mujer con mayúsculas, que sin perder su condición y esencia, obtuvo para todas las argentinas más avances, reconocimientos
y conquistas que nadie. Nunca creí que su renunciamiento tuviera que ver con su salud. Lúcida y comprometida, no estaba dispuesta a alejarse del terreno de acción, de la batalla cotidiana junto a su pueblo, donde ella fue y resulta aún hoy irreemplazable. Era y es el puente de amor entre el pueblo argentino y el movimiento peronista.



Por eso ese ejemplo hoy debería iluminarnos, de cara a tantas actitudes mezquinas y personalistas. Hoy nos jugamos la dignidad del pueblo, cada día, frente a los ataques furibundos de los sectores más conservadores y corrosivos de la sociedad argentina.



Podemos consolidarlo o podemos perderlo todo, si desviamos el rumbo, si dejamos que flaqueen las fuerzas de la Militancia. Con las palabras de la misma Evita: “La felicidad del pueblo se concreta en el bienestar de trabajadores, en la dignificación de los humildes y en la grandeza de la patria que Perón nos ha dado y que todos debemos defender como la más justa, la más libre y la más soberana de la tierra”.



En honor a la memoria de Evita, entonces, en la huella de la Militancia nos seguiremos encontrando para profundizar el camino.



(*) Ministra de Desarrollo Social y Derechos Humanos de Chaco