Domingo, 19 Agosto, 2012 - 10:04

Obsesión reeleccionista
Un sillón a medida

El Gobierno siente que su futuro está atado a la soja y en ella basa sus planes 2015. Estrategia para rivales.

El vamos por todo y por todos que Cristina Fernández de Kirchner se impuso como objetivo a partir del primer minuto de su segundo mandato avanza a pasos agigantados y se materializa en acciones y hechos que son palpables. Es que, contra todo lo que expresan sus funcionarios, para la Presidenta 2015 es hoy. Y esa fecha y esa meta incluyen la necesidad de lograr una nueva reforma de la Constitución Nacional a fin de dar vuelo al proyecto de “Cristina eterna” que, a modo de “sincericidio”, planteó hace ya tiempo la diputada Diana Conti. En pos de ese objetivo, en el Gobierno se trabaja y se planifica todos los días. El principal sustento con el que se cuenta para dar vuelo a esa ilusión, paradojalmente, es la soja. Es que con los valores de hoy en día, proyectados a futuro en un alza imparable, las cuentas fiscales para el año próximo se llenarán de dólares, lo que genera en el kirchnerismo un optimismo y un afán de poder ilimitados. Y ahí entonces cobran vida los planes de mucha obra pública que llegará desde el Gobierno de la Nación a las intendencias, con poca o nula participación de los gobernadores, y que será el motor de mucho empleo directo e indirecto que dará sustento a la estrategia electoral de 2013. En los cálculos del Gobierno está lograr un porcentaje de alrededor del 40% de los votos, lo que lo dejará a las puertas de tener los números en el Congreso que lo acerquen a los dos tercios requeridos para declarar la necesidad de reforma de la Constitución Nacional.



El proyecto “Cristina eterna” surge de una situación de estricta necesidad para la Presidenta: hoy no tiene delfín. Liquidadas las posibilidades de Amado Boudou –quien, a pesar de estar enchastrado cada día más por el escandaloso caso de la ex Ciccone Calcográfica, no trepidó en presidir la sesión del Senado en la que se dio media sanción a la expropiación de la empresa–, Cristina Fernández de Kirchner no tiene otro remedio que apostar a La Cámpora como su albacea política. Eso es lo que se exhibe todos los días. El caso de las tareas de adoctrinamiento en las escuelas que realiza esta agrupación es una muestra de ello. La defensa que de esa labor, que exige logística y plata, hizo la Presidenta habla bien a las claras de que ese accionar, claramente prohibido en las escuelas secundarias, no es algo trasnochado sino que responde a un plan que reproduce las peores prácticas políticas que se han desplegado en la Argentina a lo largo de su historia. Mientras este proyecto levanta vuelo, la realidad es que la fragua de un dirigente con liderazgo y proyección suficiente como para ser el delfín kirchnerista habrá de llevar un tiempo largo. Y ese lapso supera con creces el año 2015. Por lo tanto, la necesidad de la Presidenta por buscar otro mandato es imprescindible. En consonancia con esta necesidad es que ha habido un cambio muy notorio en todo este plan. En efecto, hasta hace poco hablaban de ello Luis D’Elía, el ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni –que dijo que la re-reelección era mala palabra– y otros referentes del kirchnerismo con poco peso político. Pero en esta semana las cosas han variado, ya que quienes han hablado de ello han sido varios gobernadores peronistas anteayer menemistas, ayer duhaldistas y hoy kirchneristas. Y al hacerlo, no han tenido tapujos ni anduvieron con vueltas, ya que se refirieron claramente a la re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner como objetivo primordial de la reforma.



Para el proyecto de “Cristina eterna” hay hoy tres rivales que están en la mira: Daniel Scioli, Mauricio Macri y José Manuel de la Sota. El gobernador de Córdoba se ha convertido en la última incorporación de ese universo de enemigos, luego de haber denunciado el pacto fiscal federal y de haber recurrido a la Corte para recibir los fondos que le reclama a la Anses. De la Sota le ha solicitado en estos días a la Presidenta la posibilidad de mantener un diálogo sobre estos temas. Es lo mismo que, sobre el tema de los subtes y con resultado infructuoso, le había pedido Macri hace quince días en la Bolsa de Comercio. Tanto De la Sota como Macri deberían saber que éste es un verbo que no se conjuga en el Olimpo presidencial: “A la Presidenta se la escucha; con ella no se dialoga” es una frase que se atribuye al entorno presidencial y que circula por los pasillos del poder en boca de más de un ministro y/o secretario de Estado. Así como en su momento les tocó a Scioli y a Macri, De la Sota debería estar preparado para hacer frente a alguna alternativa imprevista que complique su gestión. Por lo pronto, es seguro que se habrá anoticiado sobre las prácticas escolares de La Cámpora, que en Córdoba han comenzado por el jardín de infantes.



En su “Aló Presidenta” del lunes, que compartió con el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, Cristina Fernández de Kirchner, junto con la audacia de hablar de economía como si supiera, señaló –y estuvo muy bien al hacerlo– el rol del Estado como factor de control sobre los diversos procesos económicos de un país con el objetivo de corregir los desequilibrios que pudieran ser potencialmente dañinos para un desarrollo equilibrado de la sociedad. Claro que, al hacerlo, cayó en una contradicción, ya que este gobierno ha sido muy activo en la colonización política de los organismos de control con el objetivo de neutralizar y anular su accionar. La situación que atraviesan muchos de ellos ilustra con creces esa realidad. Así, por caso, se observa que la Oficina Anticorrupción no es más que eso, una mera oficina; la Sigen está bajo las órdenes de Reposo, lo que hace innecesario cualquier otro comentario; Leandro Despouy, el titular de la Auditoría General de la Nación, es objeto de ataques furibundos desde el oficialismo cada vez que el organismo emite informes críticos hacia el Gobierno; La Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas, desde la renuncia del doctor Manuel Garrido, está paralizada; la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) no regula nada y respecto del Organo de Control de las Concesiones Viales (Occovi), recuérdese que sirvió, en su momento, para hacer negocios turbios y turbulentos con Venezuela. “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” es el metamensaje que emerge permanentemente de las expresiones de la Presidenta. Esa es, al fin y al cabo, la esencia del kirchnerismo.







Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.