Domingo, 19 Agosto, 2012 - 10:00

Eterna y efímera

El 7 de diciembre (según el Gobierno, día de la batalla final contra Clarín) se adelantó. En cada cadena nacional, la Presidenta después de alguna acusación dice: “Esto dejará de pasar” o “esto se acabará” el 7 de diciembre.

Quienes creen que ese día (*) será crucial y pasarán cosas sostienen que el 7 de diciembre “es” la fecha adelantada de las elecciones de octubre de 2013, porque en el ataque final al único canal de televisión y de noticias que queda no oficialista se juega el futuro de las elecciones legislativas del año próximo. Y en la misma línea: que en las elecciones de octubre de 2013 se decide quién será el presidente en 2015, porque si el oficialismo consiguiera suficiente cantidad de diputados y senadores, habría reforma constitucional y Cristina Kirchner sería la candidata. O sea, este 7 de diciembre “es” el año 2015.



Esa perspectiva de los hechos estratégicamente encadenados y como parte de un mismo plan, implica un pronóstico favorable a las posibilidades del Gobierno de ir consiguiendo esos objetivos: Ley de Medios (desinversión de Clarín), triunfo electoral 2013, modificación de la Constitución y Cristina re-reelecta en 2015. Y es lo que se podría llamar “Cristina eterna”, hipótesis que alegra a sus simpatizantes y horroriza a sus críticos.



Pero hay otra mirada, resultado de otros pronósticos: la que podría denominarse “Cristina efímera”, que imagina a una mujer que ya no escucha a nadie, que se ha despegado de la realidad y que en cada cadena nacional repite que el 7 de diciembre cambia la historia no sólo para presionar a los jueces, sino porque ninguno de sus colaboradores se anima a explicarle que eso no será simple (aun siendo primero, Telefe perderá este año 30 millones de dólares, quizá El Trece pierda 10 millones de dólares y no es tan sencillo encontrar compradores con esa capacidad de pérdida; tuvieron que declarar desierta la licitación de las nuevas señales digitales porque la ley que hizo Mariotto es poco viable comercialmente).



La misma sordera aqueja a la Presidenta en cuestiones económicas, lo que en algún momento terminará haciéndola implosionar. Pero que si la supersoja continuara en la Argentina, Brasil creciera fuertemente arrastrando nuestras exportaciones y la economía pudiese absorber cualquier error del Gobierno, la implosión sería política porque en 2013 se confirmaría que el peronismo no la acompañará en la modificación de la Constitución, que la mayoría de los legisladores peronistas no son incondicionalmente kirchneristas y que si le costó que sus diputados ocuparan sus bancas para conseguir el quórum que permitiese votar la nacionalización de Ciccone (en el Senado todo siempre es más fácil para el peronismo), menos va a conseguir dos tercios para una reforma constitucional en 2013.



En síntesis, que en 14 meses como máximo, la Presidenta será un clásico “pato rengo” con un PJ concentrado en el post kirchnerismo, donde hasta los funcionarios cercanos a la Presidenta estarán más preocupados por conseguir un trabajo para 2015 que por gobernar los dos años que les quedan.



Eterna y efímera, dos Cristinas con destinos absolutamente opuestos, extremos, pero ninguno inimaginable en la Argentina actual. Quienes eligen uno u otro escenario como el más probable no lo hacen ponderando cuestiones probabilísticas y racionalmente, sino en función de las necesidades que cada individuo tiene de crearse un imaginario que le haga más llevadera su vida cotidiana.



Cámpora 2. Están los que dicen: “Si no le estalla la economía, le estallará la cabeza porque está loca”, y quienes sostienen que si no se logra la reforma constitucional, un kirchnerista elegido será el candidato con el compromiso de renunciar a los pocos meses y llamar a nuevas elecciones, en las que Cristina sí podría presentarse, haciendo de La Cámpora, más que una militancia, una literalidad activa. Saben que habría una batalla judicial sobre si se trataría de la continuación del mandato anterior o de un mandato nuevo pero, imaginándose a sí mismos con un abrumador poder político, suponen que será algo siempre más fácil de conseguir que una reforma constitucional.



Para unos, se viene la chavización; para otros, el kirchnerismo grita mucho porque es muy débil: “Son apenas cien dirigentes verdaderamente kirchneristas, nada frente al aparato del peronismo repartido a lo largo y ancho del país en el PJ, los gobiernos y los sindicatos”.



Los pronósticos no surgen de un trabajo de conceptualización. Son tan opuestos entre sí porque representan los sentimientos que hoy dividen a la sociedad. Nuestras ideas del mundo no siempre surgen del mundo, sino de nuestras necesidades internas de acomodarnos a él. Unos ven que Macri salió airoso del enfrentamiento con el Gobierno nacional por los subtes porque “no se amedrentó con el paro y mantuvo su intransigencia”, y otros ven a un Macri cuya candidatura presidencial para 2015 está liquidada.



Quizá Cristina no sea ni eterna ni efímera y el futuro 2015 termine construyéndose con Scioli como candidato del Frente para la Victoria, con puestos clave bajo control kirchnerista. Pero primero habrá que ver si pasa algo el 7 de diciembre de 2012 o de 2013.



(*) La sentencia de la Corte Suprema de Justicia indica textualmente: “[…] En consecuencia, a partir del 7 de diciembre de 2012 vence la suspensión del artículo 161 de la Ley 26.522 y se aplica a la actora. De ahí que estando su plazo para adecuarse a las disposiciones de la ley, vencido el 28 de diciembre de 2011, sea plenamente aplicable a la actora con todos sus efectos a partir de la fecha indicada” (la negrita no está en el fallo).

El juez de la Corte Santiago Petracchi, compartiendo todo fallo votado por unanimidad por los miembros de la Corte, excluyó de su voto esa frase. Supuestamente, de ella se desprendería que el 7 de diciembre termina el plazo de desinversión voluntario y no que comienza el plazo de un año para desinvertir voluntariamente.
Fuente: 
Perfil.