Sábado, 18 Agosto, 2012 - 19:55

Zapping para todos: entre el adoctrinamiento y el silencio de Ciccone

Entre curvas y derrapes, la realidad obliga a efectuar un zapping violento de las imágenes, con un inconveniente de base: nunca se sabe cuál es la principal.

No se sabe cuál es la principal y cuál utiliza el Gobierno para cubrir a todas las demás o para diluir los efectos más censurables de sus espasmódicas medidas de política económica.



En este sentido, la inflación, la vergüenza del costo de una canasta alimentaria de $ 6 por día y por persona que tiene que hacer una familia para no ser considerada indigente, el retraso cambiario, el cepo al dólar, el mercado paralelo, la fuga de capitales, la insuficiencia de inversiones, el consumo desaprensivo de las reservas de gas y petróleo estimulado por subsidios eternos o el viaje hacia el estatismo cuesta cada día más ser explicado por los funcionarios.



Para algunos analistas, el cambio de foco permanente es un gran mérito comunicacional, ya que se confunde al "enemigo", quien tiene que abrir necesariamente sus enfoques y siempre se pierde algo. Para otros, tamaña ensalada le juega en contra al propio gobierno nacional, ya que no se concentra en cerrar ningún tema y queda a punto de caramelo para la crítica generalizada.



En ese cambiante juego de escenarios, el control remoto permite mostrar en primer término a la presidenta de la Nación mientras aboga en una disertación para que se "formen" argentinos diferentes y para que sepan las "cosas verdaderas". No lo menciona así, pero sus palabras son un aval implícito a las actividades de La Cámpora, organización que está llevando a cabo no "adoctrinamiento", sino "talleres de formación ciudadana", aunque sólo con ejemplos kirchneristas, en las escuelas.



Este avance del ala juvenil, que como un pacman voraz se come todo lo que se le pone por delante dentro de la estructura tradicional del peronismo, está dividiendo aguas en su interior ya que, como siempre ocurrió, no todos piensan igual. Por ahora, son mayoría los que toleran, pero ya hay quienes observan a su lado como otros más dóciles que asienten y se dejan deglutir sin oponer resistencia, van quedando tirados en el camino.



De allí, que muchos hayan sacado a la luz aquello de los "anticuerpos" de los que hablaba Perón y hayan empezado a resistir a los recién llegados, a quienes acusan, como el General, de "defender un interés, no un ideal". Por ejemplo, cada vez se escucha más entre los llamados pejotistas el argumento que el ingreso a las escuelas por parte de La Cámpora resulta ser "funcional al ´gorilaje´, porque les hizo recordar los libros de Evita" y ponen como ejemplo el último programa de Jorge Lanata.



Como en un gran contrasentido, en ese mismo discurso, dedicado a mostrar que existen empresarios nacionales comprometidos, la Presidenta conversó por teleconferencia con un ex funcionario de la dictadura, secretario de Industria de José Alfredo Martínez de Hoz, el otrora Chicago boy, Alberto Grimoldi, a quien llenó de elogios.



Un segundo cambio de imagen muestra a Mauricio Macri, una vez más como punching ball predilecto del kirchnerismo. La muletilla preferida, derivada del conflicto de los subtes, era que "no se hace cargo", hasta que al ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich se le ocurrió habilitar un 0-800 para que los padres denuncien la intromisión en las escuelas de esa propaganda política. Entonces, el mote fue "facho" porque el kirchnerismo señala que así se estimula la delación, un aspecto notorio de los regímenes fascistas, los mismos que utilizaron como primer método de "formación" la llegada a los jóvenes y niños para lavarle la cabeza y hacerlos "buenos soldados de la causa".



También el control remoto permite visualizar en pantalla 3 a José Manuel de la Sota, como impulsor de la guerra fiscal contra la Nación, que no le gira fondos de la ANSeS que la provincia reclama. La Corte reafirmó que ése es el ámbito para que ambas jurisdicciones diriman sus cuitas por plata, que es el común denominador del padecer de todos los gobernadores. Santa Fe tiene también sus líos judiciales, Corrientes se animará a hacer un reclamo similar, mientras otros gobernadores usan la situación para contrarrestar al Gobierno y decirle por lo bajo que podrían sumarse, ya que no puede "quedar mal" en sus provincias.



En ese mismo encuadre, aparece aún difusa la figura del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, quien ha pedido luz propia desde que el kirchnerismo le hizo mendigar los fondos que necesitaba a mediados de año y a quien se busca disciplinar más que a ninguno, porque tuvo la osadía de declararse presidenciable. Por ahora, Buenos Aires se está fondeando con deuda de corto plazo, que es pan para hoy y hambre para mañana.



A su turno, un cuarto recuadro luminoso muestra otra vez a Cristina, esta vez frente a los medallistas olímpicos. En ese discurso, con una honestidad brutal y poco diplomática, la Presidenta revela que si Inglaterra le ganaba a Las Leonas "creo que me agarraba un ataque de odio que todavía hubiera estado enroscada".



Pero, además, llama "perros" a los que ladran lo que ella no quiere escuchar, mientras verdaderamente se enrosca, pero en un caprichoso conteo de medallas para justificar el apoyo estatal a los atletas, que incluye las que ganaron deportistas de elite, como Juan Martín del Potro, el básquet de la Generación Dorada o los dos oros del fútbol profesional (Atenas y Beijing) o en menor medida las chicas del hockey.



La quinta imagen del paneo televisivo semanal es la de Joseph Stiglitz, un controvertido Premio Nobel casi tratado en su visita como un prócer de la economía, porque dice lo que la Presidenta quiere escuchar, mientras que hay una sexta pantalla aún no visible del todo, pese a la intensa actividad que se está llevando a cabo bajo la superficie para impulsar la reforma de la Constitución. Aunque cada día son más las voces y las caras de los que piden públicamente que se incluya la reelección presidencial en el eventual experimento y no de modo ingenuo, por cierto.



Por último, el plano más festejado del kirchnerismo, pero a la vez la que le da "cosita" a algunos, muestra a un Amado Boudou sonriente en la poltrona de presidente del Senado y no se sabe muy bien si porque se burla de todos o si es un rictus nervioso por el papelón que está pasando, por las críticas de los opositores, por la defensa alambicada que hacen de él algunos de sus compañeros o por el tenor de la ley que se votó en la Cámara Alta para expropiar la imprenta Ciccone.



Pero, más allá de discursos y mohines, hay un factor que hace ruido en todo en este culebrón que bien podría llamarse "De un supuesto tráfico de influencias y de todo lo que se ha hecho desde el poder político para disimularlo". Es una circunstancia de orden práctico en estos tiempos mediáticos, aunque es algo casi inherente a la condición humana: el sentimiento de defensa.



Hay que recordar que cuando se expropiaron las acciones de Repsol, Antonio Brufau despotricó en doce idiomas porque la compañía perdía su vaca lechera y porque consideró que aquel manotazo estatal era una traición del kirchnerismo. Por su parte, el gobierno español puso el grito en el cielo en defensa del tratado recíproco de protección de inversiones, mientras que los bancos e inversores derramaron lágrimas directamente proporcionales a sus bolsillos.



Ese tipo de ruidos político-mediáticos, y éste de Repsol puntualmente a nivel de escándalo internacional, es lo que se espera naturalmente de una situación así, cuando alguien siente que lo despojan de algo: pataleo generalizado.

Salvando todas las distancias, por envergadura societaria y volumen de los negocios, cabe preguntarse si hay alguien que haya registrado una sola protesta de ese estilo en el caso Ciccone, ante el proceso de expropiación que alienta el Estado. No la hubo de ningún tipo, ya que no se verificó ni una sola manifestación de repudio de los supuestamente perjudicados, ni se escuchó una voz, ni se vio siquiera una solicitada "pour la gallerie" de la Compañía de Valores Sudamericana (CVS), declarándose ofendida ante el aparente avasallamiento estatal o prometiendo acciones judiciales en su defensa. No aparecieron tampoco delegados gremiales que hicieran salir a la gente a la puerta de la empresa a quemar unas gomas, para pedir por televisión, aunque sea, que se mantengan las fuentes de trabajo.



En el caso Repsol, sólo Enrique Eskenazi calló por entonces, seguramente porque no hubo transparencia tampoco en su rol de ingreso como "socio estratégico" y en el método que se aprobó para que lo hiciera o quizás para no darle de comer al mito sobre quién era el socio oculto de la "argentinización" de la compañía.



Cuando ahora se dice que no se sabe a quién habría de pagársele la eventual expropiación de la imprenta es cierto. La continuadora de Ciccone es una empresa sin socios visibles que consiguió que otro sello de goma pusiera plata, no se sabe de dónde, para levantar la quiebra y que tomó luego la conducción de los negocios de la imprenta a través de gerentes, el más prominente, Alejandro Vanderbroele, amigo de un amigo de toda la vida de Boudou, quien le habría confesado a su ex esposa que era "testaferro" del vicepresidente de la Nación. Aquí, hay un perjuicio económico para alguien, un fantasma que, por algo, no se queja.



Desde lo judicial, el accionar mediático-judicial de Boudou y de los abogados de su amigo José María Núñez Carmona se llevó puesto al procurador, Esteban Righi, al juez Daniel Rafecas y al fiscal Carlos Rívolo. Desde lo político, el vicepresidente fue blindado por un proyecto de ley que busca desviar la atención del centro del problema y poner al vice como víctima. El senador rionegrino Miguel Pichetto alabó su temple e hizo alusión a lo buenas que son las leyes francesas sobre juicios a funcionarios, mientras ejercen un cargo electivo que, precisamente, no son las que rigen hoy en la Argentina.

A estas horas, todo gira alocadamente también en esta cuestión en una rueda inacabable. Hay una manifiesta pasividad -y se nota demasiado- de todos los supuestamente perjudicados, que oscurece aún más el proceso de "recuperación de la soberanía monetaria" que se tramita en el Congreso a la inversa, a marcha forzada.



Entre paréntesis, sólo se "recupera" aquello que se ha perdido y si alguien perdió esa soberanía fue la Casa de Moneda, no sólo por haber impreso billetes en Brasil el año pasado, sino porque fueron sus actuales autoridades las que firmaron un millonario contrato con Ciccone (algo que negó en el propio Congreso el Jefe de Gabinete, quien luego no se desdijo cuando apareció el documento) y las que supervisaron su accionar en los primeros billetes, cuyas tintas y fondos de seguridad parece que dejaron muchas dudas.



Políticos interesados en contaminar la escena, accionistas mudos y apoderados que dejarán de serlo, pero que no se resisten, le ponen una cuota más de sospecha a todo el asunto. O todos tienen la cola muy sucia o hay una orden de no hacer olas, para que la cosa pase rápidamente al olvido y para no se recuerde que Amado Boudou vicepresidente salió de una inspiración presidencial.
Fuente: 
Agencia DyN