Jueves, 16 Agosto, 2012 - 11:21

Ningún integrante de la comunidad educativa denunció lo que manifiestan los diputados Vallejos y Terada

La descalificación y demonización de la política es, en la historia argentina, una de las secuelas de terrorismo de Estado. Ese es un discurso de doble filo.

Una comunidad educativa como la chaqueña, con 400 mil alumnos, 800 mil padres, más de 30 mil docentes y un sistema directivo compuesto por rectores, directores y supervisores, siempre está alerta y activo ante cualquier hecho que considere lesivo con los derechos de los distintos actores de la vida educativa.



Ante esta realidad, muy fácil de constatar, surgen dos preguntas:



1. ¿Hay alguna denuncia realizada por alguna escuela a nivel institucional, o por algún miembro de esa comunidad?



2. ¿Hay alguna denuncia periodística que haya recogido alguna denuncia, institucional o particular?



Las respuestas son claras, elocuentes. No las hay.



Entonces, si para la comunidad educativa chaqueña no existió lo que denuncian los diputados, qué clase de campaña es la que están buscando instalar?



Demonizar la política desde una representación política? La educación es el hecho político por excelencia porque busca la formación de ciudadanía.



La demostración más importante de esta concepción, es que las leyes educativas han dejado de ser de escritorio, con el resultado de la máxima participación, de la pluralidad y construcción de consenso.



Así fue la ley Provincial de Educación, con la valiosa participación de los diputados de la alianza, cuyo trabajo ha enriquecido la ley.



Lo mismo podemos decir del Congreso Pedagógico para los nuevos diseños curriculares, que ya lleva 9 encuentros con más de 5000 personas.



La actual etapa histórica de construcción de políticas públicas, en Nación, y particularmente aquí en el Chaco, merece una mayor puesta en valor de los diputados denunciantes, a quienes respetamos, tanto como el respeto que tenemos por la gestión transparente que estamos llevando a cabo.



Las jornadas nacionales solidarias Néstor c. Kirchner, realizadas en todo el país, no adoctrinaron estudiantes, sino pusieron en valor a través del trabajo juvenil, que la política con mayúsculas es un portentoso instrumento para comprender y transformar la realidad en todo aquello que tenga de injusto.



Además, si la docencia chaqueña, si los sindicatos, que son todos distintos, en el marco de dicha pluralidad, no han realizado denuncia alguna, es decir, si quienes están en las aulas, o defienden los derechos de los trabajadores, si los consejos escolares integrados por padres, no lo han hecho, si quienes están en las aulas o en los
hogares, en dónde y desde dónde se sustenta la denuncia?



Sólo una referencia a la comparación con el nazismo del diputado Vallejos para referirse a una agrupación política nacional. Por ser educado calificaré como muy desafortunada. El método de la descalificación y demonización de la política es, en la historia argentina, una de las secuelas
de terrorismo de Estado y
la cultura del miedo. Ese es un discurso de doble filo, y con frecuencia, suele herir a quien lo profesa.



Nosotros preferimos invitar al diálogo propositito a los señores diputados, trabajar una agenda de construcción en pluralidad y hacerlo en los ámbitos para los cuales trabajamos. La mediatización de la política no es la mejor respuesta para una sociedad que espera que en los grandes temas oposición y gobierno construyan, como diría Marechal, con el corazón y cerebro mirando por encima del laberinto.



Respecto del 2002, hay 1.115.000 alumnos más en las escuelas públicas estatales argentinas, manifestó el ministro Sileoni en el consejo federal de Educación, realizado el miércoles 15. En el chaco en el 2007 había 119 escuelas secundarias menos. En esta gestión, creamos 83 rurales. Tenemos 400 mil alumnos porque salimos a buscar a quienes nos faltaban y lo seguimos haciendo.



De eso pueden dar cuenta y lo hacen quienes todos los días, en las aulas, defienden el derecho social a la educación.



Este es un tiempo en el que los docentes nos preguntamos cómo educar en contextos de inclusión y de diversidad cultural y lingüística.



No estamos en el paraíso, pero sería muy necio no apreciar las nuevas condiciones materiales y simbólicas para construir, desde la educación, una sociedad más justa.



(*) Francisco Romero, ministro de Educación de la Provincia de Chaco