Jueves, 16 Agosto, 2012 - 08:51

Correo de nuestros lectores
Cuando agradecer es cosa sencilla

La única relación que he tenido con el Gobernador Capitanich fue en ocasión de una Carta Documento que me envió intimándome a brindar datos sobre un tercero.

Me siento casi obligado a escribir en primera persona. La única relación que he tenido con el Gobernador Capitanich fue en ocasión de una Carta Documento que me envió intimándome a brindar datos sobre un tercero.







Tal vez alguno se acuerde. Contesté aquella misiva con otra de dos páginas, pero también respondí a través de este medio, dando mi parecer y perspectiva. Como sea, no interesa demasiado. Estas líneas van en otra dirección y simplemente pretenden expresar públicamente un agradecimiento al Ejecutivo Provincial y al bloque de legisladores que lo han acompañado en la sanción de la reciente ley provincial
relativa a la prohibición del cobro del ´Plus Médico´, con más las diversas sanciones escalonadas previstas para los infractores.







Como expresé en un artículo anterior, revalidando el actuar y tarea de los profesionales de la salud pero también los derechos inherentes a los pacientes, sigo creyendo que estos últimos
no podían terminar siendo siempre la variable de ajuste que supere las diferencias entre los prestadores del servicio de salud y las obras sociales, en este caso la de Insssep.







Así, pues, un marco regulatorio
provincial con fuerza de ley era necesario, toda vez que, por su misma naturaleza, implicará mayor exigencia y pulcritud tanto para los prestadores de la salud pública pero –también- para la propia administración provincial, que deberá honrar en la práctica todos y cada uno de los compromisos contraídos y por contraer en el futuro; y todo esto sin que los ciudadanos tengamos que quedar en el medio.







Más temprano, recién conocida la noticia de la sanción de la ley, me pregunté si acaso algún temor podría tener sustento en los días que vinieran. Y si. Afloró por lo menos uno: el temor a que lo prometido y acordado con los médicos no se cumpliera; y –a la vez- que los controles se transformen con el tiempo en una rutina vacía, carentes de efectividad alguna.







Ojalá que no. Ojalá que cada parte aporte lo suyo. Ojalá que cada ¿usuario? asuma la responsabilidad, aún en medio de temores, de denunciar la eventual continuidad de una práctica
que sólo condice con una ética donde –directa o indirectamente- el paciente se transforma en un rehén.







No creo en las leyes perfectas ni avalo la política general de estos días, pero valoro toda iniciativa que –aunque lleve un poco de tiempo- se pueda convertir en un instrumento más de justicia, en la esfera de una de sus formas más básicas y elementales: la oportunidad de acceder con normalidad y tranquilidad al servicio de salud. De ahí mi agradecimiento.