Lunes, 13 Agosto, 2012 - 17:55

Inclusive al mayordomo papal
El Vaticano enjuiciará a los que filtraron confidencias

El mayordomo de Benedicto XVI deberá ser enjuiciado por el presunto robo de documentos confidenciales, según ordenó un juez del Vaticano.

El italiano Paolo Gabriele, de 46 años, está imputado por "robo con agravante", por lo que el juez instructor del Tribunal del
Vaticano, Piero Antonio Bonnet, decidió procesarlo en un juicio que no se celebrará antes de fines del mes próximo, informó la Santa Sede.



Junto a Gabriele, el magistrado imputó al ciudadano también italiano y empleado en la Secretaria de Estado del Vaticano Claudio Sciarpelleti, de 48 años, por haber "colaborado y favorecido el robo agravado y de violación de secreto", informó la agencia de noticias Europa Press.



Se trata de la primera mención que se hace a un segundo acusado en el caso desde el 25 de mayo pasado, cuando Gabriele fue arrestado luego de hallarse en su casa documentos privados del Vaticano y de Benedicto XVI.



Desde comienzos de este año, la cúpula de la Iglesia Católica se ve sacudida por un gran escándalo relativo a la filtración a medios de prensa italianos de escritos confidenciales del Vaticano, entre ellos cartas personales del papa Joseph Ratzinger.



Además de que la filtración desnudó fallas de seguridad, los documentos difundidos por diarios y canales de TV revelaron luchas de poder y acusaciones de corrupción entre altos cardenales que volvieron más embarazoso el caso, bautizado "Vatileaks" en alusión al portal de divulgación de documentos Wikileaks.



Algunos textos están vinculados con acusaciones de corrupción, malversación de fondos, además de un desacuerdo interno por la gestión del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como Banco del Vaticano, cuyo presidente, Ettore Gotti Tedeschi, fue cesado de su cargo este año por irregularidades.



Otros revelaron la existencia de una extraña conjura para matar al Papa, lo que evidencia las luchas de poder entre distintos sectores de la curia ante la posible inminencia del fin del papado de Benedicto XVI, de 85 años.



Gabriele posee la ciudadanía vaticana y vive con su familia en uno de los edificios residenciales que se encuentran dentro de las fronteras del micro Estado enclavado dentro de la capital italiana.



Fue en su domicilio que fueron hallados documentos secretos de la Santa Sede que constituyen la principal prueba del supuesto delito de robo con agravantes.



El ex mayordomo permanece en arresto domiciliario desde que el pasado 21 de julio las autoridades judiciales vaticanas decidieran sacarlo de la celda de seguridad dentro del territorio vaticano.



Gabriele asumió el cargo de "ayudante de cámara" del Papa en 2006 en reemplazo del mayordomo de Juan Pablo II.

Desde entonces, es parte de la "familia del Papa", como denominan al círculo más estrecho de colaboradores del Pontífice, con acceso exclusivo a su departamento del Palacio Apostólico.



En una conferencia de prensa, el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, dijo este lunes que el Papa podría intervenir en cualquier momento como jefe de Estado del Vaticano para detener el juicio o indultar a Gabriele, pero señaló que no sabía si el Pontífice lo haría.



Gabriele podría enfrentar hasta seis años de cárcel si es condenado, según las leyes de la Santa Sede.



De acuerdo a un documento oficial del Vaticano difundido este lunes, Gabriele dijo a los investigadores que había actuado porque veía "maldad y corrupción en todas partes en la Iglesia" y quería ayudar a arrancarla "porque el Papa no estaba lo bastante informado".



Sin embargo, el documento, que contiene la acusación y el pedido de juicio, también reveló que en la casa de Gabriele se encontraron un cheque dirigido al Papa de 100.000 euros, una pepita de oro y un libro del siglo XVI, objetos que el mayordomo dijo tener intención de devolver.



En una sección que se refería al estado mental de Gabriele, el ex mayordomo dijo a los investigadores que tras haber empezado a copiar y filtrar documentos, "llegué a un punto en el que no había vuelta atrás y ya no podía controlarme".



"Estoy seguro de que una fuerte impresión, quizás usando a los medios, sería algo sano para intentar a devolver a la Iglesia al buen camino", añadió el hombre que desnudó las miserias entre los que conducen la Santa Sede.



En tanto, Sciarpelletti, técnico de sistemas informáticos de la Secretaría de Estado, detenido en mayo y después en libertad provisional, será juzgado por "receptación" de objetos robados.



"Su papel es marginal", precisó Lombardi.



El portavoz precisó, asimismo, que el Vaticano proseguirá la investigación sobre otras personas involucradas en el escándalo.



"La magistratura vaticana descubrió una realidad muy compleja. La justicia proseguirá su labor, la investigación sobre otras personas involucradas sigue abierta", concluyó.