Lunes, 13 Agosto, 2012 - 17:48

Hoja de ruta para las próximas elecciones en EEUU

Cuáles serán los estados y temas clave en la definición del próximo ocupante de la Casa Blanca, y cuáles los factores de la ventaja de Barack Obama.

Poco tiempo atrás, en una lúcida y desapasionada conversación off the record, una fuente estadounidense, más que calificada, nos delineaba algunas ideas fuerza para entender el proceso electoral en la potencia democrática más poderosa del mundo:



Las próximas elecciones presidenciales, como siempre, se definen en las 50 elecciones estaduales de las que emanan los delegados para el Colegio Electoral que elegirá al futuro presidente norteamericano. De esas 50 elecciones, sólo en 6 hay verdaderamente un sentido de fuerte y tensionante disputa política. En los otros casos, los ganadores, sean demócratas o republicanos, están sustancialmente previstos. Tal es el caso de la poderosa California, el no menos impactante New York e Illinois, para los demócratas, y Texas, segundo distrito en importancia detrás de las tierras californianas, para los republicanos. Los estados que terminarán definiendo el resultado final son aquellos que tienen una cantidad importante de electores y que pueden caer de un lado u otro del sistema político bipartidario. Nos referimos a la Florida, Ohio, Carolina del Norte, Virginia, Colorado y Nevada. No casualmente la convención republicana se desarrollará en Tampa, Florida, a fines de Agosto.



- La próxima elección no será una competencia para conquistar al electorado centrista como en épocas anteriores, sino con una fuerte tendencia a la polarización. Romney sería un buen candidato para esa "búsqueda del centro", pero este no es el escenario. Su reto es lograr que el ala derecha republicana se movilice y vote y tratar de no espantar al crecientemente poderoso voto latino o mex-americano.



- Si los republicanos quieren tener posibilidades ciertas y competitivas en las próximas elecciones presidenciales, estas y venideras, deberán adaptarse al acceso del voto hispano y la sensibilidad que estos sectores tienen al tema migraciones.



- Uno de los temas que más debate han generado en este proceso electoral ha sido la cuestión de la fortuna y la declaración de impuestos de Romney y la resistencia de este a dar a conocer todas sus declaraciones de impuestos. El otro, las discusiones originadas a partir de las declaraciones de Obama sobre la necesidad de moderar las alabanzas a la iniciativa individual para los logros que cada uno alcanza y la necesidad de complementarlo con lo que la sociedad, sus instituciones, derechos, etc., le brindan a los ciudadanos para desarrollarse. El ala derecha republicana tomó este tema para criticar por socialista al Presidente y como contrario al concepto de self-made man y el sueño americano.



- Con respecto a la experiencia de los candidatos en el mundo, una infancia y juventud más cosmopolita que la de Obama es difícil de alcanzar con su padre africano, su larga residencia en Indonesia y Hawaii y sus estudios en New York y Harvard y su trabajo social en Chicago. En el caso de Romney, como mormón pasó varios años de su juventud en Francia. Con respecto a sus visiones del mundo, Obama parece inclinarse más por una visión realista donde EEUU es el más grande pero no puede solo ni mucho menos. La visión de responsabilidades compartidas con otras potencias y el reconocimiento del ascenso de agendas transnacionales y actores no estatales. Romney, en tanto, parece más volcado a la visión de un EEUU excepcional y con márgenes amplios para el liderazgo y el unilateralismo. Matices más o menos fuertes que luego la realidad se encarga de socializar.



- Si bien en más de medio siglo ningún presidente ha obtenido la reelección con un desempleo mayor al 8 por ciento, hay posibilidades ciertas de que Obama rompa esta tradición, cosa ya vista en la reelección de Roosevelt en los años 30. Contexto signado por una gran crisis.



- Todo indica que el Congreso seguirá dividido con una Cámara de Representantes republicana y un Senado muy parejo.



La reciente selección por parte del candidato republicano Mitt Romney del diputado Paul Ryan como su vicepresidente es un ejemplo cabal de lo que antes mencionamos sobre un proceso electoral que no está orientado a conquistar a los centristas y moderados sino a movilizar las bases partidarias, en este caso la republicana, que no ve a Romney como suficientemente duro y encarnando el espíritu profundamente partisano y polarizante que existe.



Desde su posición de presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Ryan ha sido un agudo y punzante crítico de medidas económicas y de las reformas del área de salud impulsadas por Obama. Encarnando los cuestionamientos a la orientación "colectivista" y hasta "socialista" de estas decisiones. Planteándolas como antítesis del "individualismo emprendedor" y la "autosuperación personal" que caracterizan el "sueño americano". Con la decisión de colocar a Ryan en la fórmula, quedaron atrás las voces que se inclinaban por darle ese espacio a un político de origen hispano, tal como el senador Marco Rubio de la Florida o la gobernadora de Nuevo México.

Las encuestas muestran, hasta el momento, una relación de 2 a 1 entre los latinos que votarían al actual presidente demócrata y a Romney. Números que parecen ser vistos como poco mutables por los estrategas republicanos. Tal como dijimos, la prioridad parece ser para ellos lograr la mayor movilización posible al interior del partido. Una versión readaptada de lo hecho en la contienda de 2008 cuando la archiconservadora Sarah Palin fue elegida para ser vicepresidente de un candidato republicano, John McCain, que a pesar de ser ex héroe de guerra y símbolo de patriotismo y decencia, no lograba enamorar a amplios sectores de su partido por sus posturas moderadas. En aquella oportunidad, la experiencia y prestigio de McCain y el pegadizo populismo conservador de Palin no bastaron para neutralizar el carisma y espíritu de cambio que representó Obama.

Según la mayor parte de las encuestas recientes, en noviembre tampoco les alcanzaría a los republicanos. No tanto por ser Obama un candidato que enamore como en 2008, pero sí como un piloto de tormentas con sangre fría y éxitos resonantes en la guerra contra Al-Qaeda, las reformas en salud, gestos de compasión a los ilegales hispanos y una economía que logró evitar el colapso si bien aún funciona con el respirador artificial de la laxitud monetaria y crediticia de la Reserva Federal. Y sin olvidar un detalle adicional: Romney tampoco "enamora".
Fuente: 
Infobae