Sábado, 11 Agosto, 2012 - 18:59

Gobernadores desconfiados, muchos nervios, mala memoria

El poder K y su marca registrada, trabajar duro para darle realce sólo al cuadro actual de la película. Cristina dijo que "no necesita" que ningún medio de comunicación la acompañe.

Se sabe que el poder K tiene como marca registrada el trabajar duro para darle realce sólo al cuadro actual de la película y que sus ojos no quieren mirar más allá de sus narices. Su pragmatismo (o improvisación, como se quiera ver) es tal que nunca ha tenido el menor empacho en incendiar todo lo pasado, en incumplir convenios, en cambiar reglas de juego o en decir "blanco" donde antes fue "negro".



Es un clásico. Como algo premeditado, se busca instalar los temas y no importa que la base de razonamiento falle o que haya confusión; lo importante es convencer y sumar adeptos, tanto en la pelea por los subtes porteños, como en el caso Boudou-Ciccone o en materia petrolera. Así, ha construido el kirchnerismo desde siempre sus políticas: en el corto plazo, de modo alambicado, echándole la culpa a los demás, creyendo que todo es comprable y siempre en función de la imagen que se proyecta hoy y ahora.



Ocurre que durante esta última semana se destapó la olla de un golpe y tres de sus características más innatas han salido a la superficie de una vez y habrá que preguntarse si hay nervios o cierto descontrol en la conducción para que ello haya sucedido, en medio de crecientes dificultades económicas y diásporas en ciernes.



La falta de memoria gubernamental, la obsesión por arrodillar a la prensa y la pasión por incumplir convenios o palabras son tres elementos que han copado la escena y todo ello aderezado con cierta paranoia que la mismísima presidenta de la Nación ha buscado contagiar a sus partidarios en los discursos, mientras elude sistemáticamente en ellos los temas que le preocupan al grueso de la población, como la inseguridad o la inflación.



Cristina Fernández ha dicho de la boca para afuera que "no necesita" que ningún medio de comunicación la acompañe, seguramente porque está empeñada en editar para todos lo que ella cree que es la realidad. En verdad, la obsesiona la prensa que no publica sólo las buenas noticias que le interesa mostrar y de allí, que le cuelga el mote de "operaciones" a todo lo que supone que le "lima" la gestión. El descontrol porque no puede imponer los temas la ha llevado a decir que tiene que usar forzosamente la cadena nacional porque si no "nadie se enteraría de estas cosas".



Al respecto, puso dos ejemplos de intervenciones propias que manipuló a conveniencia. Uno con respecto a la cobertura que los diarios le dieron al lanzamiento del Plan Sumar, que involucra 400 millones de dólares para atender la salud de las embarazadas y otro en relación al Instituto Multicultural de los indios Qom, el "más moderno de América latina". Según la Presidenta, "nada de eso mereció espacio", aunque ella se refirió a las fotos-epígrafe en los medios independientes, sin considerar las varias páginas, los flashes televisivos o los comentarios radiales que le dedicaron a ambas cuestiones los medios propios.



En realidad, a la Presidenta le molestan esencialmente los diarios y que el público que los compra, que elige todos los días qué leer y qué no, tenga otras preferencias diferentes a lo que publica o dice la cadena oficial. Quizás no se ha dado cuenta, o no se lo han podido decir porque se dice en Olivos que a la Presidenta "se la escucha", pero es ella misma quien devalúa sus propios anuncios desviando el foco de la atención. Para apuntalar esta afirmación, sólo hay que repasar sus tres últimos discursos.



En el del Plan Sumar, sólo un cuarto del discurso fue dedicado al motivo de la convocatoria. El resto de sus palabras fueron todas digresiones de su cosecha, como recuerdo de las obras de gobierno, alusiones a inversiones del sector privado, a ensalzar a la ciudad de Avellaneda, a recordar a Ricardo López Murphy y a pegarle un palo a los banqueros porque no le prestan a las PYME.



El discurso que hizo en ocasión de la inauguración del complejo educativo bilingüe en Chaco sólo tuvo de formal una décima parte, se podría calcular generosamente. La videoconferencia fue un aburrido sobrevuelo presidencial por un tema que pareció quedarle ajeno, ya que nunca nadie se enteró de modo fehaciente quien construyó el complejo, cuánto costó o quiénes lo podrán utilizar.



Sin mayores precisiones, la voz de la Presidenta sobrevoló la cuestión, aunque hizo referencias a los pueblos originarios, a Aimé Paine y a Atahualpa Yupanqui, todo matizado con bromas al gobernador Jorge Capitanich, a sus orígenes y a menciones complicadas sobre cierta xenofobia europea. Ni siquiera la hubiera salvado de este mal momento diplomático, que se apuró a reparar oscureciendo aun más la situación, la cadena nacional. Al contrario, hubiera amplificado más el berenjenal en que se metió.



Por último, la alocución del jueves en Ensenada con motivo de la inauguración de la planta de hidrotratamiento de gasoil de YPF, fue la que cerró la semana y resultó ser dónde más se expuso la Presidenta, no sólo en sus desbordes, sino en sacar a la luz las mañas del kirchnerismo y sus dificultades para interactuar con opuestos.



En ese discurso, que dividió casi por mitades entre los temas petroleros (defensa del Decreto 1277 de regulación, ratificación de Miguel Galuccio, aumento del gas, precios uniformes para las naftas, etcétera) y las duras críticas a la prensa y al periodista Marcelo Bonelli en particular, quedó más que claro que todo el gobierno nacional padece de una grave amnesia a la hora de tener que retroceder.



Como si nunca hubiera sido el kirchnerismo quien congeló los precios del gas que se paga en boca de pozo o, en otro tema candente, como si nunca, en nombre de la misma "soberanía monetaria" que ahora se invoca para mandar al Congreso un proyecto de ley que la expropie, hubiera ordenado emitir dinero en la ex-Ciccone, la Presidenta y sus funcionarios han mirado para el costado a la hora de virar 180 grados los argumentos. Cuando el periodismo marca estos flagrantes deslices, ella y sus funcionarios se agravian.



"El aumento es reconociendo a las empresas el retraso histórico", dijo Cristina para justificar la suba de 300% en el precio que se le va a pagar a los productores de gas. Si alguien no está avisado, "retraso histórico" quiere decir el retraso que provocó la política energética del propio kirchnerismo, la misma política de precios ficticios que desestimuló en los últimos nueve años la exploración y la explotación de gas y petróleo, que bajó dramáticamente el horizonte de reservas y que ha llevado al Gobierno a gastar 10 mil millones de dólares anuales en importación de recursos.



Esa salida de divisas, junto a la fuga de capitales de los últimos años, es hoy la responsable de buena parte de los desaguisados que se han hecho en materia cambiaria para tapar los agujeros, que incluyen las trabas a las importaciones, los controles a los particulares (ahorro y viajes), la salida de depósitos en dólares y la virtual parálisis del mercado inmobiliario.



En otro tramo del discurso, la Presidenta dijo que ella no es "señalera", ya que no está para dar señales a los mercados, sino para aportar "racionalidad".

Y en ese camino, apuntó a la defensa del Decreto 1277 que reglamenta la Ley de Soberanía Hidrocarburífera y que es un compendio regulatorio llevado a la máxima expresión (según la Presidenta sobre esta norma "se quiso montar toda una campaña" contra Axel Kicillof, para mostrarlo como "una suerte del jefe del soviet petrolero argentino"), pero que a la vez es una norma que condiciona a todo el sector petrolero, de allí la baja de calificaciones de otras empresas, y que margina de las decisiones a las provincias petroleras, que son las dueñas de los recursos.



Desconfiados, los gobernadores de esos estados llevaron sus cuitas a la Casa Rosada y han sido beneficiados con cierta flexibilización de la norma, que ellos exigieron que sea por escrito, para que el kirchnerismo no les aplique con el tiempo otro de sus deportes favoritos: cortarse solo y atacarlos dialécticamente o con la caja cuando le conviene, método que vienen padeciendo por motivos bien diferentes Mauricio Macri (subtes), Daniel Scioli (medio aguinaldo) y José Manuel de la Sota (fondos de la ANSeS).



Para Cristina, el malestar de los gobernadores fue sólo un "rumor" y el intento de renuncia de Galuccio un "absurdo". En este punto es que atacó a Bonelli por haber sido quien mejor presentó el caso hace un par de semanas en "Clarín", citando detalles, como que el funcionario le pidió al escribano de YPF que le ayudara a redactar su dimisión. Y no eligió la Presidenta mejor manera para desmentir la especie que ir por vía indirecta y hacer una referencia colateral a ingresos que la esposa del periodista habría percibido como "publicidad no convencional" en tiempos de la administración de la familia Eskenazi.



En primer término, la mención presidencial es a todas luces imprudente y puede ser hasta peligrosa para el aludido, ya que no se sabe cuánta lealtad equivocada puede guardar algún fanático a la hora de agredir. Otro punto bien delicado es que la Presidenta explicó como si fuese una verdad revelada que las empresas financian de modo espurio a periodistas para hacerlos decir lo que ellas quieren. Quizás porque ése es el método que emplea el Estado avisador para financiar medios, ella hasta sugirió que haya una ley que obligue a las "estrellas" del periodismo a declarar sus ingresos, tal como le ocurre a los otros poderes de la Argentina, ingresos que, por otra parte, ya la AFIP tiene bien catalogados.



Sin embargo, lo más preocupante del mensaje es que con este tiro por elevación, Cristina ha buscado amedrentar y condicionar la opinión de todo el periodismo, nada menos que en nombre de la "profundización de la democracia". Además, se trató de un claro mensaje a los empresarios del estilo "no financien a nadie que me critique".



Sobre la parte energética del discurso han quedado un par de dudas que se irán dilucidando en los próximos días, ya que los surtidores hablarán en breve. En el caso del GNC está más claro que se han tomado 30 días para ver cuál será el precio al público. Acostumbrado desde hace muchos años a pagar migajas, cualquier aumento que se imponga será un disloque que golpeará a particulares, transporte público y taxistas.



Por el lado de los combustibles líquidos hay más dudas, ya que en materia de "señales" que no ha querido dar, la Presidenta dejó una muy clara con respecto a los precios, que van a tener que ser "igualitarios", se moleste quien se moleste. En este tramo aludió (sin nombrarlo) al titular de la empresa Shell, Juan José Aranguren, quien ha llevado con éxito sus quejas de precios uniformes a la Justicia.



Si la igualación de los valores de las naftas y el gasoil que dice que impondrá el Gobierno se hace hacia arriba para darle más caja a YPF se estará en presencia de un tarifazo escondido en la retórica presidencial. Y si se hace para abajo, no podrá dejar de pensarse que se trata de una maniobra, pergeñada por el propio Estado que es el dueño de la petrolera, para restarle utilidades a los competidores de YPF. Otro caso para los jueces.



(*) Para DYN