Domingo, 5 Agosto, 2012 - 10:52

Entre la Guerra Santa y el conventilleo

El radicalismo tiene cierta predilección por los relatos trágicos, por el fatalismo. Sabedor de esto, Ángel Rozas dice que el secesionismo no lleva a buen puerto.

Dice que conoce a sus correligionarios y sabe que si se pelean no hay arreglo, pero es un hecho que el lento goteo al que se somete la UCR semana a semana no es menos infausto que la hemorragia de la interna que no llega.



Que hubo sangría, la hubo: Raúl Acosta y Juan Bergia; Aída, Azula y Cipolini; intendentes, diputados, concejales y funcionarios, y la lista sigue. Los dos primeros debieron ser tomados como un llamado de atención pero desde Convergencia fue más fácil, con el resultado puesto, decir: "Ahí tienen: se fueron con el peronismo", para concluir, como el ogro animado Schrek: "Mejor afuera que adentro".



En una fuerza que ganó tres gobernaciones seguidas y mordió una cuarta es evidente que alguien tuvo la capacidad de juntarlos a todos, y es duro aceptar que llegó la hora de barajar y dar de nuevo. Por eso el argumento siguió siendo el mismo para los adversarios desterrados, para los apóstatas y para los que buscaban un futuro mejor. Es el que ahora se repite con Hugo Domínguez y Sergio Vallejos, que blanquearon antes de tiempo, casi forzados por una operación de prensa, lo que era un secreto a voces: que el NEA debía tener su propio interbloque.



Si con las anteriores rupturas los integrantes de Convergencia Social recibieron siempre el primer golpe, la acción ante el alejamiento de Domínguez y Vallejos fue premeditada: los obligaron a dar explicaciones a las apuradas y prepararon el camino para el desgaste a corto plazo.



Cuando durante la última sesión en Diputados los dos del NEA se quedaron en el Recinto, el pleno de sus correligionarios suscribió un documento que afirmaba que lo hicieron para habilitar los dos tercios al oficialismo durante la votación de la ley de residuos sólidos urbanos.



Pero quizás fue todo lo contrario: con los diputados de Convergencia fuera del Recinto (más allá de que Domínguez y Vallejos permanecieran en el salón) el oficialimo podía obtener fácilmente los dos tercios necesarios para habilitar el tratamiento de la ley. Si no hubieran querido que la ley se votara, se hubiesen quedado también ellos, de forma que el Frente Chaco Merece Más no pudiera conseguir los dos tercios sobre un número mucho mayor de legisladores que se oponían -supuestamente- a la convalidación de esa iniciativa.



Los del Frente Grande también dijeron que hubo un acuerdo previo entre el NEA y el PJ para blanquear la falta de acción municipal en la materia, vale decir, para indultar a Aída. De uno u otro modo los de Convergencia reforzaban sus supuestos: los que se van, se van con el peronismo: "Mejor afuera que adentro".



Desde Convergencia nada dijeron del voto de confianza radical a la expropiación de los terrenos de la ex Textil Abraham. Esa jornada hasta hubo abstenciones peronistas, y Bergia se pronunció por su mantenimiento en cartera (estaba, dicho sea de paso, entre los firmantes de la expropiación de 2008, la de los terrenos de Avenida Sarmiento, para el mismo fin). El resto de los aliancistas acompañaron y la sesión terminó en democrático jolgorio. ¿Votaban con el PJ? ¿Debían irse todos al NEA por pisotear la memoria de la última Legislatura en la que el radicalismo fue gravitante?



A mitad de camino entre los que se van y los que se quedan, no hay quien se anime a pagar costos excesivos pero tarde o temprano tendrán que decidir. Todos están expectantes, hacen cuentas, bajan la mirada, ganan tiempo.



Tiene razón Ángel Rozas cuando dice que estas peleas no benefician al radicalismo. Mientras no se vea claramente el semblante del heredero o la heredera dispuesto/a a apropiarse de aquella tradición aglutinadora que llevó a la Alianza a ser gobierno, los relatos trágicos, los conatos de Guerra Santa y los conventilleos seguirán sucediéndose en la UCR.
Fuente: 
(*) De la Redacción de Diario Chaco.