Domingo, 5 Agosto, 2012 - 09:42

Un gobierno obcecado
Arbitrariedades sin fin

La Presidenta insiste con su relato desbordado. Por qué nos parecemos más a Venezuela que a Suiza. Infiernos provinciales.

Pareció como si se celebrara el día de la liberación nacional. Tal el boato que fue el utilizado por la Presidenta para anunciar el pago del Boden 2012 con el que se dio cumplimiento a los vencimientos destinados a poner fin al nefasto corralito que se llevó los ahorros de millones de argentinos. En su inefable “Aló Presidenta” del jueves pasado, Cristina Fernández de Kirchner se explayó a través de una presentación hecha a su estilo y medida, es decir, extensa, confusa, llena de autoelogios y de críticas para todo aquel que ose discrepar con el Gobierno. Una vez más, abundaron las inexactitudes. En sus reiteradas referencias a la crisis de 2001, la Presidenta insistió con que los medios nada dijeron en anticipación de aquella catástrofe que aún hoy duele. Sin embargo, el simple análisis de los archivos demuestra claramente que eso no es verdad. Fernández de Kirchner lo sabe.



Con el pago del Boden 2012 el Gobierno no ha hecho más que cumplir con la obligación de honrar una deuda, lo cual, al fin y al cabo, es lo que corresponde. Esto debería ayudar a recrear la confianza en el país; sin embargo, la puesta en práctica de medidas restrictivas y dirigistas que afectan el normal desenvolvimiento de la actividad económica del país impedirá que se concreten algunos de los efectos positivos que, en otro contexto, la cancelación de este bono podría haber generado. El país necesita atraer inversiones y para que ello ocurra el primer factor que cuenta es la confianza, que el Gobierno argentino se empeña todos los días en esmerilar.



En el “Aló Presidenta” del jueves pasado en la Bolsa de Comercio, Fernández de Kirchner no dijo una sola palabra acerca de la inflación, que es el principal problema que enfrenta la economía argentina. Los altos índices de inflación que hoy castigan sobre todo al bolsillo de los que menos tienen, sumados al alto nivel de gasto público, se combinan en una mezcla riesgosa que afecta seriamente la actividad productiva y daña la competitividad de los productos argentinos. El corralito cambiario no es la solución, sino la fuente de mayores problemas.



Por suerte para el Gobierno está la soja. Así y todo, sólo la impericia de un equipo económico que exhibe un nivel de falencias técnicas que no deja de sorprender, hace que sea necesaria la puesta en práctica del mentado corralito cambiario, que no sólo complica la vida de muchos ciudadanos sino que también aleja inversiones. Nadie pone su dinero en un lugar donde no tiene la posibilidad de disponer de sus ganancias cuando ellas son bien habidas. Tuvo razón la Presidenta cuando habló de la importancia del control como un instrumento destinado a garantizar el cumplimiento de las normas esenciales a las buenas prácticas de negocios de un país. Lo que ocurre en la Argentina, en cambio, es algo bien distinto: se asiste aquí a un sistema en el que reina la arbitrariedad de funcionarios como Moreno o Kicillof, en el que se favorece a los amigos del poder y en el que se persigue a los que no lo son.



Mientras la Presidenta seguramente aún disfruta de la fiesta en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en las provincias las preocupaciones no cesan, especialmente, claro está, en aquellas que no gozan de la simpatía del Gobierno. Por ello es que el gobernador de Córdoba decidió presentarse ante la Corte Suprema para demandar al Gobierno nacional los fondos previsionales que le adeuda. José Manuel De la Sota sabe que eso equivalió a haber quemado las naves y que nada podrá esperar en el futuro de la Casa Rosada. En verdad, hace tiempo que estaba disuadido de ello. El episodio que sin duda actuó como detonante fue la andanada del kirchnerismo contra Scioli.



Hablando del gobernador de la provincia de Buenos Aires, la angustia por la experiencia vivida parece haberlo curado de espanto. “No quiero pasar más por lo que padecí esta vez con el pago del medio aguinaldo”, se le escuchó decir cuando el alivio de los fondos de la Nación llegó a su gestión. Por lo tanto, consciente del peso que ello tendrá en las próximas elecciones en las que estará en juego su futuro político, Scioli ya ha dado órdenes de tomar todas las precauciones para que, de ahora en más, los fondos correspondientes a los aguinaldos de la administración pública bonaerense estén disponibles en tiempo y forma.



Por muchas de estas cosas que están pasando en las provincias, la idea de algo similar a la liga de gobernadores que tuvo su apogeo en los años de De la Rúa y Duhalde, ha vuelto a surcar la mente de varios de ellos. En las provincias petroleras, además, hay descontento por el manejo que el Gobierno viene haciendo de YPF. Esos gobernadores se sienten usados, ya que fueron la cabeza de playa sobre la que luego se montó la operación de confiscación de lapetrolera y ahora se los ha dejado de lado. Por si ello fuera poco, el manejo que Axel Kicillof hace de la compañía, además, ha puesto en situación incómoda a su presidente, Miguel Galuccio, quien, a pesar de continuar en el cargo, debe enfrentarse a la realidad que lo muestra no como el presidente de YPF sino más bien como un gerente general. En ese ámbito la única asociación posible es con PDVSA, ya que las posibilidades de que las grandes petroleras encaren algún proyecto de asociación con la compañía argentina son casi nulas.



Curiosa Argentina la de hoy día, en la que la Presidenta nos explica que los barrabravas son militantes de la alegría, que los presos se resocializan en actos partidarios y que la inflación no existe. Es como si nos quisiera hacer creer que vivimos en Suiza, aun cuando, en verdad, el rumbo de su gobierno nos acerca cada día más a Venezuela.



Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.