Domingo, 5 Agosto, 2012 - 09:11

Milagros no hay

El Estado paga la última cuota del corralito y el corralón. Ahora le toca a los bancos hacer el esfuerzo.

El ninguneo mediático y opositor al pago del Boden 2012 es la comprobación más cruel de la impotencia que envuelve al arco político antikirchnerista, de octubre a esta parte. Ya lo habíamos advertido desde estas páginas. Preocupa esa desorientación. Escuchar a Alfonso Prat Gay por Radio 10 decir que no hay ninguna épica detrás del anuncio es opinable, pero verlo agregar que la medida no merece siquiera ser un breve en los diarios es, como mínimo, ignorar la historia económica argentina de los últimos 36 años, de la cual él mismo fue protagonista y con aplazo. El gobierno paga a partir de hoy la última cuota de un "muerto" financiero que dejaron el menemismo, el delarruismo y el duhaldismo con sus políticas de sobrendeudamiento, que cobraron impulso en 1976 y se profundizaron en la década del noventa.



Los argentinos desembolsamos en la última década casi 19 mil millones de dólares, herencia de pésimas políticas económicas aplicadas por los mismos que hoy dicen que se las saben todas y piden pista en los sets televisivos de las empresas monopólicas para explicarle al kirchnerismo cómo se deben hacer las cosas. Si no fuera porque a la sociedad en su conjunto paga el corralito y el corralón que nos encajaron los sabelotodo de esta ortodoxia alegre e indolente, le costó sangre, sudor y lágrimas, hasta sería desopilante. Las varias caras opinativas que las viudas del Consenso de Washington en nuestro país asumen para criticar el pago de la última cuota de 2300 millones de dólares del Boden 2012, no es otra cosa que un tren fantasma de irresponsables que se escudan en una retórica eficientista para no admitir lo obvio: fue un gobierno populista el que logró desendeudar a la Argentina sin aplicar las recetas clásicas del ajuste, que nos llevaron a la debacle de 2001 con sus nefastas secuelas de desocupación, desindustrialización, destrucción de lo público y relaciones carnales.



Pero decir esto no es lo que importa. La sociedad ya lo sabe. La presencia de Prat Gay (Coalición Cívica), Martín Redrado (duhaldismo) y Carlos Melconian (macrismo) en los medios hegemónicos es inversamente proporcional a los votos que sacaron sus propuestas. Hace rato que están en default político. Como el ingeniero Julio Cobos, que abandonado a su suerte, ahora reapareció pero como simple escritor. Cobran vida solo bajo los reflectores de TN.



Quizá lo más relevante del anuncio de anoche es que nos obliga a todos a hacer un ejercicio de memoria histórica. Hoy la relación deuda-PBI es del 19%, casi como en la década del 70. Cuando Néstor Kirchner asumió era de más del 140%, es decir, la Argentina debía a los acreedores un PBI y medio. En términos relativos, nuestro país hoy debe menos que Brasil y menos que México. Y no fue por el viento de cola: fueron decisiones políticas las que se tomaron. La fundamental, quizá, la de vivir con lo nuestro. Que fue transformar un problema (después del default, es cierto, las fuentes de financiamiento estaban cerradas) en oportunidad. La renegociación con quita fue exitosa.



El pago de 10 mil millones de dólares al FMI, al unísono con el Brasil de Lula, nos permitió evitar la injerencia de los organismos de crédito y sus planes recesivos. Se pagó deuda externa y se pagó deuda social, al mismo tiempo. La descolonización de la subjetividad iniciada con la Ley de Medios hizo también su parte. El neoliberalismo, que era un mantra sagrado hace una década, defendido por los sectores concentrados como Biblia inmaculada, poco a poco fue cediendo terreno a una heterodoxia económica con eje en la soberanía nacional y la inclusión social, con apoyo electoral inédito. Recuperar las palabras ("monopolio", "distribución del ingreso", "renta nacional", "sectores concentrados", "desigualdad", "desarrollo", entre muchas otras que volvieron al diccionario de la política), permitió describir los problemas. Y comenzar a solucionarlos.



Diez años después del estallido, la Argentina presenta un escenario macroeconómico con algunas restricciones pero sin sensaciones abismales, más allá de los títulos catástrofe de los diarios opositores. En 2012, en el marco de un enfriamiento global sin precedentes, con Brasil ralentizado, y aún afrontando vencimientos por más de 10 mil millones de dólares, en nuestro país siguió habiendo paritarias y aumentos salariales, incrementos jubilatorios dos veces al año, inversión social, recaudación, consumo y actividad por encima de la media regional. La decisión de administrar el flujo de importaciones y pisar el atesoramiento en dólares generan malestar evidente en las capas medias y grupos empresarios, pero nadie seriamente puede comparar esta dificultad de coyuntura con un corralito o un desmadre generalizado. Había dólares que eran fugados del sistema y se necesitaban a su vez para hacer frente al pago de deudas que, justo es decirlo, no fueron contraídas por este gobierno. Las tapas de los diarios hegemónicos hasta hace unos meses instalaron que esta sangría se llevaba puesta la economía.



El problema pasó a ser ahora que el Estado no deja fugar esos dólares. ¿En qué quedamos? Aun con las formas heterodoxas, por no decir desprolijas, que se instrumentaron, el dato central es que las reservas quedaron blindadas frente a los ataques especulativos devaluacionistas y a la histeria de los ahorristas fogoneada por los consultores del establishment que siguen promocionando un dólar irreal a seis o siete pesos, tan irreal como un perro azul. Y tan ilegal, como la venta de paco. Se podrá discutir la manera drástica en que se hizo, la modalidad subrepticia, el claroscuro comunicativo, pero no ignorar que el Estado logró defender las reservas, que son de todos. Tanto de los que querían y podían ahorrar en dólares como también de los millones de argentinos que, aunque quisieran, jamás podrían hacerlo.



Se estima que hay 400 mil millones de dólares de argentinos fugados en paraísos fiscales. Un PBI completo. ¿Acaso el Estado, que somos todos, podía seguir financiado esta evasión? No, hubiera sido un suicidio colectivo. No hay que olvidar que lo que la derecha llama "clima de negocios", "certidumbre cambiaria" o "seguridad jurídica" son eufemismos recurrentes que se utilizan para enriquecer a algunos y empobrecer a la mayoría. Lo que hay que defender, entonces, son los negocios, la certidumbre y la seguridad de los 40 millones de argentinos que no desertan de un destino común, es decir, que actúan con sentido de comunidad. Los que hicieron el esfuerzo mayúsculo en todos estos años para que se pudieran pagar los miles de millones de dólares que nos dejaron como "muerto" Menem, Cavallo, De la Rúa y Duhalde. Los empresarios, trabajadores, profesionales, jubilados y estudiantes que se levantan cada mañana para construir este país, nuestro lugar en el mundo.



Se pudo, finalmente, cancelar el Boden 2012 con recursos propios, sin dañar el tejido social ni rematar el patrimonio público. Ojalá los bancos, que fueron cómplices del endeudamiento y de la monumental estafa a los ahorristas en 2001/2002, se anoticien de que ahora les toca pagar a ellos, que están tan líquidos, producto de un modelo que, aunque no quieran admitirlo, también funcionó para el agro, la industria y el sector financiero. Con la nueva normativa del Banco Central que los obliga a utilizar el 5% de los depósitos para dar créditos a la producción a tasas preferenciales (unos 15 mil millones de pesos) no tienen mucha escapatoria, en realidad. Para eso, entre otras cosas, sirvió la reforma de la Carta Orgánica del BCRA.



Milagros no hay. No fue el viento de cola. Fueron millones de argentinos soplando para el mismo lado.



Informe: Brian Ríos
Fuente: 
InfoNews.