Domingo, 5 Agosto, 2012 - 09:06

Luces y sombras

El debate imprescindible: de los grandes grupos hegemónicos al interés comunitario.

Faltan apenas cuatro meses, concretamente el viernes 7 de diciembre, para que el Grupo Clarín inicie una nueva etapa. Será la del Grupo a secas, y la principal ventaja es que nadie podrá decirles "el monopolio Clarín". Eso fue merced a que la Corte Suprema de Justicia decidió ponerle fecha de vencimiento a la medida cautelar que le permitía burlar el artículo 161 de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (26.522). Hasta ese viernes, Héctor Magnetto y sus gerentes tienen tiempo para decidir cuáles de las 225 licencias de cableoperador mantendrá y de cuáles se desprenderá. El dilema es que el tope es de 24. A su vez, tiene nueve licencias de señales de cable y, a partir de ese viernes, sólo podrá quedarse con una. También posee nueve licencias de radios y cuatro de televisión abierta y sólo podrá sumar 10. Los problemas no terminan allí, porque el Grupo Clarín tiene muchas probabilidades de que no prospere en sede judicial la fusión de Cablevisión y Multicanal, con lo cual para Magnetto tampoco es sencillo poner en marcha una estrategia que descanse en mantener las autopistas de la televisión paga que le permiten tener más de la mitad de los abonados de la Argentina.



Es cierto que buena parte de la sociedad comprendió la importancia de la manipulación mediática desde posiciones privilegiadas. Algo que no estaba para nada en la agenda de la mayoría de la dirigencia política, incluida buena parte del peronismo y sus aliados en el Frente para la Victoria. Ni siquiera en países como Brasil y Uruguay –con gobiernos comprometidos en premisas ideológicas similares a las del kirchnerismo– sus presidentes querían avanzar en identificar las responsabilidades directas de los sectores concentrados y conservadores de los medios. Sin embargo, las presiones son tales que tanto Dilma Rousseff como José Mujica tomaron en los últimos meses muy en cuenta la estrategia argentina de cambiar el mapa de los medios. Es decir, democratizar, abrir el abanico a nuevas voces, arriesgarse a dar micrófono y cámara a quienes nunca participaron del jet-set ni del mundillo de los empresarios multimediáticos.



¿Lo nuevo? Los avances en esta materia sacudieron muchas conciencias y, pese a que la Ley 26.522 es joven, es novedosa, toca demasiados intereses, no todo fueron avances en materia de cambiar el mapa audiovisual argentino. Quien escribe estas líneas publicó hace 10 años Grandes Hermanos - Alianzas y negocios de los dueños de la información. Como si fuera un gualicho, el libro salió a principios de diciembre de 2002. Ni quien escribe ni los mencionados como "grandes hermanos" hubieran soñado que una década después llegaría la obligación de terminar con los privilegios de tener excesos de licencias. Pero lo negativo es que aquellos grandes hermanos siguen siendo los mismos. Los nombres, salvo el de Fernando Sokolowicz –que salió de la titularidad visible de Página/12 y se afirmó como "productor de cine"–, son los mismos. Alberto Pierri, Daniel Vila y José Luis Manzano, por ejemplo, son interlocutores del oficialismo. Daniel Hadad, ídem. En cuanto a Sergio Szpolski –titular del Grupo 23, del cual Miradas al Sur forma parte– tenía una incidencia mucho menor hace una década, aunque también había incursionado en diversos emprendimientos de medios. No todos estos empresarios deben adecuarse a la cantidad de licencias, aunque varios de ellos –especialmente Vila-Manzano– sí están en proceso de desprenderse de algunas licencias. Sí la mayoría de ellos, tanto por medios audiovisuales como gráficos, cuentan con ventajas a la hora de acceder a la publicidad oficial. Desde el punto de vista de un proceso de cambio, en el cual la virulencia de Clarín es y seguirá siendo feroz, es comprensible. Sin embargo, si se analiza la pulcritud del espíritu de la Ley 26.522, esas ventajas deberían ir en un proceso "de adecuación".



No faltarán quienes sostengan que este cronista no tiene necesidad de meterse en un camino de cornisa de acuerdo a ese viejo concepto de que los periodistas no se entremezclan en cuestiones de empresarios de medios. Pero, precisamente, la ley cambia los viejos y ambiguos conceptos que les permiten a muchos periodistas opositores sostener –en ámbitos privados– que escriben las barbaridades que escriben "porque tienen que llevar la comida a la casa". Una versión vergonzante de la obediencia debida.



Pero, ¿por qué Miradas al Sur no puede estar ajeno a este debate? Porque fue una nueva voz hace cuatro años y medio cuando muchos creían que no había lugar en los kioscos de diarios para un semanario que se considerara –como decía Néstor Kirchner– "parte de lo nuevo". ¿Y qué es lo nuevo en materia audiovisual y debe cobrar más entidad? Lo nuevo, sin duda, son las organizaciones sin fines de lucro. Es decir, las voces que pueden contribuir a consolidar sujetos sociales, culturales y políticos desde abajo. No sólo los vulnerados. No alcanza con que los medios populares puedan hacer que una ambulancia llegue más rápido a la villa. Se precisa una presencia más fuerte de los sujetos populares reales. Es un desafío. Gran desafío y los medios son un terreno importante para su crecimiento y consolidación. Y eso toca muchos intereses.



220 licencias, no voltios. Cuando empezaba el invierno del año pasado, Cristina Fernández de Kirchner hacía un doble anuncio. Su candidatura a la reelección presidencial opacaba una de las convocatorias más trascendentales en materia de comunicación: el llamado a concurso para la concesión de 220 nuevas licencias para operar televisión digital abierta y radios en todo el país. El proceso se realizaría en 64 concursos. Ese 21 de junio, la Presidenta inauguraba dos antenas de la televisión digital y declaraba de interés público el Banco de Contenidos Universales Audiovisuales (Bacua). La mitad de las señales era para las provincias, las universidades públicas y las organizaciones sin fines de lucro. A las provincias y a las universidades se les asignarán directamente las frecuencias. La otra mitad, para el sector privado.



Conviene aclarar que entonces estaba Gabriel Mariotto al frente del Afsca y que la Televisión Digital Abierta está en la órbita del Ministerio de Planificación Federal, mientras que el Bacua funciona en esa órbita con participación de universidades y otros organismos como el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (Incaa). Hay muchos organismos públicos involucrados con la comunicación.



Sin ánimo de desmerecer todo lo hecho, aquella trascendente convocatoria a las 220 licencias quedó sin efecto. Por resoluciones 929 y 930, el pasado 17 de julio así se informó. Sin mayores explicaciones. Uno de los fundamentos fue que no hubo plan técnico. Otro, que los pliegos resultaban demasiado caros para las personas jurídicas sin fines de lucro. Parecen asuntos menores frente a lo que está en juego. Es decir, frente a la posibilidad de abrir la comunicación a muchas voces. Hubo muchas sensaciones a lo largo de los últimos meses de que es hora de los llamados de atención en la materia. En una entrevista de Martín Granovsky a Gabriel Mariotto, publicada el 9 de octubre de 2011 en Página/12, el periodista le preguntó al todavía titular del Afsca: "¿La ley de medios está congelada o en movimiento?"; ante lo cual el funcionario respondía: "¿Congelada? Está en plena vigencia y avanzando. Por ejemplo, hay 220 licencias de televisión en concurso con plazo de presentación el mes que viene, 110 para el sector privado comercial y 110 para organizaciones sin fines de lucro. Esto significa una inyección de nuevas ventanas de comunicación como jamás tuvo la Patria. En el 51 la televisión empezó con Canal 7. Apareció Evita el 17 de octubre delante del famoso micrófono Shure. Son casi sesenta años. Desde esa fecha hasta este día la oferta de televisión se amplió muy poco. Hay 29 canales privados, 10 provinciales, dos de obispados y dos de universidades. Esa es la oferta de televisión. ¡Cinco canales de televisión en la Capital Federal!"



Tal como afirma Santiago Aragón, actual titular de la Afsca, una de las prioridades del organismo es volver a organizar ese concurso y con centro casi exclusivo en las organizaciones sin fines de lucro. En buena hora, muchísimas de las radios y canales comunitarios, que trabajan en condiciones precarias e insertas en comunidades vulneradas y de sectores trabajadores, así lo esperan.
Fuente: 
InfoNews.