Domingo, 5 Agosto, 2012 - 08:28

Piedad

Los discursos presidenciales, últimamente, son tan ricos que ni da tiempo para analizarlos. Uno se queda pensando en lo que dijo un día y, de repente, viene la Presi y te chanta otro.

 Y entonces pasamos del abuelito amarrete, al martillero evasor, a la reivindicación de las barras, el odio a Clarín, la vaca lechera, el chancho afrodisíaco, la donación de dólares, la reivindicación del Servicio Penitenciario Federal donde cada año muere más gente, Evita capitana, a la inauguración de un aeropuerto que está ahí nomás de otros dos o el “che, corré la cámara”.



Piedad.



Que no damos abasto.



En medio de tanto dime y tanto direte, hay un hecho que quizá pasó desapercibido. Es un detalle menor, por eso se registra aquí, donde sólo nos ocupamos de pavadas.



A saber: el martes, durante su colorida exposición acerca de la manera en que Néstor Kirchner se defendía a patadas en la cancha, la Presidenta se peleó otra vez con una tapa de Clarín. Estaba enojada por la difusión de la salida a un acto con clara iconografía kirchnerista, de un señor detenido por haber quemado viva a su mujer.



Debe ser que me cuesta entender las cosas, pero la verdad es que la historia me resulta llamativa y creo que merece ser publicada, en lugar destacado de cualquier publicación que acceda a ella. Mucho más, luego del debate que disparó sobre quién debe salir de la cárcel y quién no, y –sobre todo– del deplorable estado de las cárceles en la Argentina.



Pero la Presidenta estaba enojada.



Entonces, en medio de su discurso, empezó a mostrar gigantografías con distintas tapas de Clarín, para demostrar no sólo que miente sino que usa distinta vara y que encubre. Entonces, recordó la fuga de Marcelo Segovia del penal de Florencio Varela, ocurrida la semana pasada, diez días después de ser condenado por un asesinato brutal, en complicidad con guardias del Servicio Penitenciario Bonaerense. La Presidenta se manifestó irritada por el pequeño lugar que le había dado Clarín en su tapa a este asunto.



Y he aquí el detalle menor.



Dijo CFK: “Y yo pensaba: no vi ninguna figura política teniendo que dar explicaciones por esto. Por eso hablo también de la cadena nacional del miedo, del desánimo y del encubrimiento”.



Es decir, las acusaciones eran contra Clarín. Pero no sólo por haber publicado esa nota molesta, no sólo por haber difundido en menor espacio aquella fuga, sino por haber encubierto a las figuras políticas responsables del hecho. En este caso, el responsable es Daniel Scioli.



O sea: para CFK, Scioli debe responder, y no lo hace porque Clarín lo encubre.



Ya forma parte, indiscutible, Scioli, del eje del Mal.



Esto quiere decir que sigue el despelote.



Que el pago del aguinaldo por parte del gobierno bonaerense no fue el final con un conflicto que en estos segundos –faltan aún largas horas para que se publique esta nota– aparece como más larvado. En ese conflicto anidan justamente los misterios del diseño de la política futura en la Argentina.



Cristina quiere ser re-reelecta, quién puede dudarlo a estas alturas. Scioli pretende sucederla. Sólo renunciaría a su objetivo si la Presidenta logra la reforma constitucional, dijo. Pero el kirchnerismo pretende que él no sea presidente ni siquiera en ese caso, porque le han confiado todo –la vicepresidencia, dos veces la gobernación, el servicio penitenciario que le critican– pero nunca la Casa Rosada. Entonces –es el estilo de la casa– empieza la batalla pública. Que es De la Rúa, que hay un vacío en la provincia, que no sabe gestionar, que es un cero a la izquierda, que no paga el aguinaldo porque no está a las alturas, que es un títere de Magnetto, que no maneja la seguridad y así.



Scioli establece una estrategia distinta al de otros blancos anteriores: no responde. Hace como si no pasara nada. Pero deja sus señales. Se reúne con Macri. O con Moyano. O con José Manuel de la Sota –dos veces ya lo hizo–. O con Lavagna. Todo con perfecto conocimiento de cómo caen estas cosas en el alma de la Presidenta. O anuncia que vuelve a funcionar la Juan Domingo. Mientras él, lo que se dice él, sigue con cara de que no pasa nada, de que está todo bien. En el medio, se difunden encuestas donde Karina Rabolini superaría por mucho a la presunta candidata oficialista, Alicia Kirchner, en las encuestas bonaerenses.



Y, a medida que pasan los días, la tensión sube, se desinfla, vuelve a subir, pero nunca desaparece.



De la escaramuza por el aguinaldo bonaerense, hay que decirlo, el gobernador pudo zafar. El gobierno nacional lo puso al borde del abismo, pero en algún momento percibió que corría serios riesgos de caer con él, o solo. Y frenó.



Ahora queda un largo trecho. Hay otro aguinaldo que pagar a fin de año. La economía nacional no está funcionando bien. La imagen de Cristina cae aunque ya más moderadamente. Se supone que la situación general va a mejorar un poco en los próximos meses. Quizá CFK esté un poco más fuerte por entonces.



Nadie sabe lo que va a pasar.



Un hombre de Scioli explica así lo que cree que ocurrirá. “Por ahora no pudieron destruirnos. Pero la guerra sigue por mil lugares distintos. Un momento de definición ocurrirá a mediados del año que viene, cuando se armen las listas de diputados nacionales y provinciales. Daniel sabe que si entrega la Legislatura provincial, se pone al borde del juicio político. No puede hacerlo. Si el kirchnerismo quiere imponer eso, lo obliga a ir en una lista aparte. No tenemos dudas de que la lista encabezada por Karina Rabolini, con Daniel al lado, es imbatible. Y eso termina con cualquier sueño del kirchnerismo. Por eso, el principio de realidad los obliga a acordar e ir con lista única. El problema que tiene Daniel es que si luego de todas las escaramuzas, acuerda, es posible que esté aportando los números para la re-reelección. Entonces, tendrá que decidir él, si toma el riesgo de romper o no, utilizando las excusas que todos los días le da el kirchnerismo. Es como decidir si quiere pelear por ser presidente o no”.



Un intendente kirchnerista –pero muy moderado en su kirchnerismo– lo resume de esta forma: “A nadie le conviene la pelea. Ni a nosotros los intendentes, ni a Cristina, ni a Scioli. Van a arreglar las listas del año que viene y luego se verá. Si la economía rebota fuerte, no va a haber manera de frenar la re-reelección. Si, en cambio, hay que remarla, Scioli es el único, dentro del peronismo, que va a retener votos. El único imponderable es el nivel de virulencia verbal del kirchnerismo. Eso puede terminar en una ruptura. Pero apostaría que, a último momento, Cristina va a entender que necesita de Scioli, que una ruptura la expone a una derrota y a un final más complicado. Demasiada gente está interesada en que no se produzca la ruptura”.



Del lado del kirchnerismo puro, no hay duda: en esta etapa, hay guerra, luego se verá: basta ver el tratamiento que le da la televisión pública a Scioli para percibir la virulencia. Si el tipo se sostiene, como parece, en julio verán si lo enfrentan a todo o nada o si hay acuerdo.



Lo curioso del asunto –y no es un detalle menor– es el tenor de algunas acusaciones. CFK describió al Servicio Penitenciario Federal como un ejemplo de respeto a los derechos humanos, en contraste con lo que ocurre en las provincias. Basta leer los informes del CELS para saber que eso no es así. En 2011 hubo más muertes que el año anterior. Nadie las explica como corresponde. La tortura es un hecho habitual. Ni comida digna tienen los reclusos. Todo eso, nueve años después de llegar el kirchnerismo al poder. Además, el Frente para la Victoria gobierna la provincia de Buenos Aires desde el 2003, y el peronismo desde 1987. No es un tema en el que los unos y los otros puedan revolear acusaciones. Son del mismo proyecto político, del mismo partido, de la misma familia.



Por momentos, no lo parecen.



Pero lo son.



Y hay vidas en juego, que no son precisamente las de Cristina Kirchner y Daniel Scioli, tan ocupados como están en el jueguito del poder.



O sea.



Nuevamente.



Piedad.
Fuente: 
InfoNews.