Sábado, 28 Julio, 2012 - 21:15

Cadena nacional del miedo y desanimo como pantalla

"La Presidenta comunica a través de sus discursos". Esta es la muletilla en la Casa Rosada cada vez que se pregunta sobre la marcha del gobierno.

En la última semana, la Presidenta habló en cinco oportunidades. En ellas no tuvo ni una mención a la "inflación" o la "seguridad". Pero sí encontró una nueva figura en la que desviar la atención para justificar la falta de políticas para encararlos: La Cadena Nacional del Miedo y el Desánimo.

También sacó a la luz la figura del "saboteador" para calificar a los dirigentes que se alejan de ella.



La necesidad de buscar protagonistas a los cuales responsabilizar o hacia quienes desviar la atención para eludir la falta de políticas en temas sensibles llevó a machacar, primero, contra ex presidentes del Banco Central en la gestión kirchnerista, y luego -una vez más-, contra los medios de comunicación.



La cruzada contra las corporaciones, sin embargo, parece querer dejar en segundo plano una ineficiente administración del Estado en los temas sensibles que afectan a toda la sociedad, en especial a los más carenciados. De ellos, la inflación es el más acuciante. La inseguridad, en cambio, no respeta clases sociales y ataca a todos por igual.



Sólo esta semana, sin mencionar las decenas de casos anónimos, los hechos de inseguridad afectaron a jubilados, a un militar, a un diputado bonaerense, a un funcionario del conurbano y a un sacerdote.



En el gobierno se dilapida materia gris en buscar un discurso que oculte esta realidad en lugar de aplicar políticas concretas. Así, cuando la filosofía de la "sensación de inseguridad" cayó en desuso se instrumentó una nueva teoría, eso sí, con profusión de elementos conspirativos. "Es un poco la cadena del miedo, un mismo hecho que se repite una y otra vez, entonces la gente tiene miedo porque cree que si sale a la calle prácticamente la van a matar". "Es una estrategia muy aplicada por la derecha en el mundo, en general para pegarle a gobiernos nacionales y populares que buscan la inclusión y el desarrollo".



Quien la utilizó no fue el senador Aníbal Fernández, que se cansó de salir por los medios de comunicación explicando lo difícil que le fue sacarse de encima las consecuencias de haber hablado de la "sensación de inseguridad", sino el jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina.



Tras nueve años de gobierno, cada vez es más difícil elaborar un discurso consistente que abarque la problemática cotidiana.



La disociación entre lo real y lo ideal se sigue profundizando.

La obsesión que se manifiesta por lo que se publica en los medios de comunicación y la elección de éstos como blanco, busca acallar las críticas pero también sirve para eludir conflictos como el suscitado con Uruguay, el aumento encubierto de tarifas, los inconvenientes derivados de las restricciones a las importaciones, los desajustes producidos por el cepo al dólar o los crujidos en las relaciones con las provincias.



Cristina Fernández no deja pasar un discurso sin dedicarle desde algunos párrafos, hasta casi su totalidad, a los medios.



Llegó a reconocer que ella "lee todo". Siempre se pregunta, ante cada comentario, "cómo titularán los diarios mañana". Con el lanzamiento de la "cadena nacional del miedo y el desánimo", se llegó casi al absurdo. La Presidenta utilizó esa muletilla nueve veces el lunes, dos el martes y cinco el miércoles. Y aclaró que los integrantes de esa cadena son los que no transmiten los actos que ella encabeza o las obras que ella inaugura. Hasta se preocupó en mencionar los noticieros que "cada media hora" dan títulos de "catástrofes y horror".



Según el discurso oficial, los integrantes de esa Cadena "ocultan prolijamente" las "buenas noticias". Del prolijo ocultamiento de la inflación, ni una mención.

Pero mientras se alimenta la batalla discursiva, la delicada situación económica provoca cada vez más roces con las provincias y los municipios.



Superada la crisis bonaerense, con fondos de la ANSES, ahora surge fortísimo el reclamo de Córdoba. José Manuel de la Sota exige el pago de más de dos mil millones de pesos que le debe la Nación. El planteo es diferente al de la provincia de Buenos Aires. En el caso de Scioli, la ayuda "extraordinaria" era para completar los fondos que necesitaba para pagar sueldos. En Córdoba, los dineros son una deuda de la Nación.



De la Sota, con una estrategia distinta a la de Scioli, confirmó que irá a la Corte Suprema y recordó que "no hay Nación fuerte sin Provincias fuertes. Y no hay provincias fuertes sin administraciones serias y comprometidas con un verdadero federalismo". "No se trata de ganar o perder", dijo en un intento de eludir la dicotomía nacional.



Nuevamente el reclamo de federalismo sale a la luz, ante un poder central cada vez más concentrado que se queda con el 70 por ciento de los recursos nacionales, mientras las provincias deben hacer frente a todos los servicios como seguridad, salud o educación. Algunos gobernadores, como Scioli y De la Sota, comenzaron a dialogar sobre estrategias conjuntas a la hora de formalizar los reclamos.



Otros, analizan pedir ayuda financiera extraordinaria, como la recibida por Buenos Aires, para llegar a fin de año.



Es en esa necesidad en donde el gobierno nacional se hace fuerte y "disciplina".



Los que sacan los pies del plato, pasan a ser "traidores" y "saboteadores". Cada vez son más los que entran en esa categoría.



Es la estrategia de generar divisiones y antinomias para construir poder. Una estrategia que, a la luz de lo que la Casa Rosada tiene enfrente, está dando buenos resultados.



(*) Para Agencia de Noticias DYN.