Sábado, 28 Julio, 2012 - 18:00

Si Evita viviera...

Los homenajes a Juan Domingo Perón y a Eva Duarte deberían servir para unir, aunque sea por un rato, a los numerosos habitantes del mundo justicialista.

Pero hace largo tiempo que en cada aniversario de alguna conmemoración peronista los distintos sectores modelados con esa matriz, sobre todo los que tienen poder, vienen realizando sus actos por separado.



Y más aún, desde cada escenario, enancados en la memoria de los homenajeados, los protagonistas se encargan de lanzar flechas envenenadas a sus circunstanciales rivales, empañando y hasta tirando por la borda así la esencia de la celebración.



Los principales actos por el sexagésimo aniversario de la muerte de Evita no fueron la excepción. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de los camioneros y de la CGT, Hugo Moyano, se arrojaron ponzoña con diferencia de horas, nada más.



Envalentonada por una multitud que asistió a la convocatoria y con el prólogo encendido del ex intendente de José C. Paz Mario Ishii -quien también se sumó a los castigadores de Moyano-, la Presidenta volvió a "atender" al líder gremial, esta vez englobándolo en una categoría prácticamente sediciosa: la de los "saboteadores".



Moyano no se quedó atrás y le reclamó a la mandataria que imite la "humildad" de Eva Perón, tras lo cual podría incluso leerse algo a lo que el dirigente no aludió explícitamente: el renunciamiento.



La esposa de Perón renunció a ser candidata a vicepresidenta de la Nación, y quizás Moyano haya reclamado implícitamente que la jefa de Estado se despoje de cualquier intento de re-reelección, por la que están bregando en usinas ultracristinistas.



Pero también decidió definirse él mismo como "opositor" -"si defender a los trabajadores es ser opositor, yo soy opositor", fue la frase completa que lanzó- y calificó a sus rivales sindicales como una "bolsa de gatos".



El mandamás camionero sigue aparentemente tranquilo, mirando las idas y vueltas del gremialismo antimoyanista, aunque siempre mantiene encendidas las luces amarillas, pues sigue sospechando que muchos de sus detractores -sobre todo los del poder político- quisieran verlo bien complicado en alguna de las causas judiciales en las que quedó involucrado.



Por el lado de los dirigentes de la ya denominada "CGT Balcarce" las cosas no están mejores, ya que siguen los roces internos, a los que se sumó en los últimos días la incertidumbre en torno al metalúrgico Antonio Caló como candidato de ese sector y la aparición de nuevos aspirantes.



Caló reapareció, explicó las razones de su ausencia y volvió a ubicarse como candidato. Pero en el ánimo del sucesor de Lorenzo Miguel en la UOM, un hombre de bajo perfil y expresiones habitualmente moderadas, seguramente anidan dudas acerca del desafío que dice querer asumir, máxime cuando los tiempos vienen mostrando lo que por ahora son unos nubarrones.



Indudablemente en ese marco de ir poniendo equilibrio y tratar, aunque infructuosamente, de no quedar absolutamente soldado a la Casa Rosada, Caló lanzó diatribas contra el INDEC, y en una visión absolutamente calcada de la de Moyano admitió que la inflación es la que se observa diariamente en el llano y no en las estadísticas amañadas.



Así las cosas, los antimoyanistas andan en su propio laberinto, tratando de encontrar los caminos para destronar al camionero y, al mismo tiempo, conseguir beneficios concretos del Gobierno, que hasta ahora solamente les ha dado tareas con sinsabores y ninguna satisfacción contante y sonante.



Entretanto, Moyano avanza con los suyos en el diagrama de una gira por el interior del país, apuntando sobre todo a los distritos donde hay malestar con la administración nacional.



Estos viajes indudablemente políticos del líder gremial empezarían en Córdoba, donde manda José Manuel De la Sota, que anda a los manotazos con la Casa Rosada por millonarios fondos que deberían girarle desde Buenos Aires. Además, en la provincia mediterránea habita una importante cantidad de filiales sindicales que, al menos hasta los últimos tiempos, seguían siendo fieles al moyanismo.



En la agenda figura un broche de oro que tiene que cincelarse lentamente, paso a paso, por el significado político -y hasta las consecuencias- para uno y otro: la provincia de Buenos Aires.



Moyano quiere juntarse nuevamente en público con el gobernador Daniel Scioli, pero el mandatario provincial, llegado el momento, deberá evaluar con paciencia oriental la conveniencia de una reunión de tal envergadura, más allá de que puedan argumentarse razones estrictamente institucionales.



En este duelo de esgrima que en estos momentos tiene como protagonistas principales a los sindicalistas, pero en el cual el Gobierno ya eligió a su favorito y lo hace saber sin disimulo, evidentemente no hay paz.



Ni siquiera los actos por Eva Perón sirvieron para amainar las pasiones y recordar como se merece a la ex primera dama, al menos de parte de los peronistas (y los que dicen serlo).



Las hipótesis sobre todo aquello "qué pudo haber sido o sucedido si…" no son válidas para sacar conclusiones concretas; a lo sumo, son interrogantes para especular y generar debates habitualmente estériles. Pero siempre, con algunas cuestiones, es tentador hacerse alguna pregunta en ese sentido. Por ejemplo, qué hubiera pasado "si Evita viviera".



Seguramente muchos están pensando cómo hubiera hecho tronar el escarmiento en la propia tropa. Y hasta pueden imaginar que muchas de las cosas que ocurren no hubieran ocurrido. O que muchos de los que hoy dicen ser sus herederos no hubieran llegado a donde llegaron. Pero, como se ha dicho, todo es pura especulación y fantasía. Evita ya no vive. Y tras su vida -pruebas al canto- también parece haberse ido gran parte de su legado.



(*) Periodista DyN
Fuente: 
Agencia DyN