Sábado, 28 Julio, 2012 - 08:36

Pasado silenciado

El más estricto silencio primó entre las autoridades eclesiásticas frente a las afirmaciones del ex dictador Videla que insinúan complicidad de la Iglesia Católica.

"No hay nada que decir. La mayoría (de los obispos citados por Videla) está muerto y no tienen como defenderse, si debiera hacerlo. Y casi todos nosotros éramos curitas que ni idea teníamos de los manejos o desmanejos de aquella cúpula eclesiástica". Tal la respuesta que recibió DyN en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina al consultar sobre los dichos del ex jerarca militar que cumple condenas por crímenes de lesa humanidad.



Este nuevo silencio de la cúpula episcopal fue criticado por el Departamento de Justicia y Paz del obispado de Quilmes, al definirlo como "un silencio dañino" y contrario a las enseñanzas del primer obispo de esa diócesis bonaerense, monseñor Jorge Novak, quien "señaló el camino del compromiso en medio de la dictadura, jugándose y gastándose la vida en defensa de los derechos humanos avasallados, violados, de tantos hermanos".

"Nos duele como laicos cristianos comprometidos que después de tantos años, ese silencio de parte de pastores y otros miembros de la Iglesia que acompañaron el genocidio siga vigente en nuestros días", cuestionaron en una comunicación interna a la que DyN tuvo acceso.

El organismo diocesano reconoció que por una lógica cuestión de decantación biológica ya no sean los mismos nombres en los cargos jerárquicos del Episcopado, pero dijo saber que "la Iglesia, una institución de dos mil años, registra su vida, casi desde los inicios".

Por esto, el Departamento de Justicia y Paz quilmeño urgió a las máximas autoridades episcopales de hoy a abrir los archivos eclesiásticos y poner a disposición "toda información documental o testimonial que posean sobre aquellos años aberrantes y que sirva para atribuir o esclarecer responsabilidades penales, para conocer y encontrar el destino de los desaparecidos y para recuperar a los 400 niños, víctimas del plan sistemático de apropiación de menores".



Videla aseveró en una entrevista a la revista Sur, que reprodujo hace una semana el diario Página 12, que las máximas autoridades de la Iglesia estaban al tanto de las desapariciones y hasta se ofrecieron a informar a los familiares de las víctimas sobre los asesinatos.

Pocos obispos hablan de aquel pasado oscuro, doloroso.



El más reciente fue en febrero de 2011, durante un juicio por la verdad en Mendoza. Allí el obispo jubilado y ex capellán castrense, monseñor Rafael Rey, reconoció -aunque sin dar nombres- que existió "amistad" entre representantes del clero y las Fuerzas Armadas.



Pero quien más claro se refirió a los silencios u omisiones de sus pares en los años considerados de plomo fue el arzobispo Carmelo Giaquinta, hoy también fallecido.



Fue en marzo de 2006, cuando aseveró que fue "harto insuficiente" lo hecho por la Iglesia para "frenar el terror de Estado" en la dictadura militar, época que consideró "terrible", y de la cual, opinó: "No se cuenta toda la verdad".



"Época de miedo, que empeoró brutalmente en 1976, pero que empezó mucho antes", precisó.

Giaquinta supo lamentar que la jerarquía haya "creído demasiado" en las negociaciones con el gobierno militar, en vez de instituir "un hecho público de otro tipo, como podría haber sido organizar una mesa oficial donde ir a denunciar las desapariciones". 



DyN