Lunes, 23 Julio, 2012 - 14:40

Pesan las sospechas sobre el accionar policial de la Décima
Joven muerto en la laguna del barrio Toba: revelan que "en una oportunidad la Policía lo arrojó al Río Negro atado de manos"

Miguel Fernández desapareció tras una persecución policial y seis días después fue hallado muerto en la laguna atrás de su casa. La familia da detalles del caso.

Irene Fernández, hermana mayor del joven de 23 años que fue encontrado muerto en la laguna del barrio Toba, en una entrevista con Diario Chaco expuso sus sospechas en torno a policías de la Comisaría Décima.



La mayor duda pesa en un hecho que relató Miguel tiempo antes de su muerte. "Él una vez nos había contado lo que le hacía la Policía, nosotros
le decíamos que se calme, que se deje de molestar, que un día lo ibamos a encontrar muerto", y entre esas historias una es perturbadora: "Él tuvo que luchar por su vida, una vez efectivos lo tiraron en el Río Negro, le ataron las muñecas y le pusieron una bolsa, peleó y se pudo soltar, a un amigo de él le pasó lo mismo", la idea de los policías "sólo era divertirse".



Según la autopsia, el cuerpo de Miguel Fernández no presentaba heridas de fuego ni arma blanca y la causa de muerte habría sido un paro cardiorrespiratorio.



"Creo que si ellos (los policías) no hubieran reaccionado, no lo hubieran corrido a los tiros, tal vez estaría acá. No era la primera vez que iba a ir detenido; con un vecino vivía peleando, a veces venía la Policía y lo llevaban detenido". La familia sospecha de ninguna persona cercana al grupo de Miguel Fernández.



CRÓNICA DE UNA MUERTE DUDOSA

El joven, integrante de la comunidad toba de Resistencia, desapareció el viernes
8 de junio y fue encontrado sin vida en la laguna detrás de su casilla seis días después.



La noche del viernes 8,
Fernández mantenía una acalorada discusión con su novia, Gabriela Galloso. Minutos más tarde llegó un patrullero de la Comisaría Décima –la familia desconoce quién hizo el llamado dando aviso en la dependencia policial-. Tras la irrupción de los uniformados,
empiezan a correr a Fernández
y dispararle balas de gomas. El joven huyó por entre los matorrales de la laguna lindera
, esa escena fue vista por Irene Fernández, quien luego fue a la casa de otro de sus hermanos para alertar sobre de lo ocurrido. La mujer no sabía que esa persecución sería el último episodio en que vería con vida a su hermano menor.



"Él discutió con su pareja, pero siempre lo hacían, y
no era de irse o escaparse; uno siempre no sabía donde estaba, acá o en le barrio Don Santiago donde tiene amigos, por eso era muy raro en un principio" comentó la mujer.



Al día siguiente los familiares fueron a la Comisaría Décima, la misma que realizó el operativo de persecución a Miguel, a radicar la denuncia, pero no la aceptaron.



"Lo primero que nos dijeron fue no, no está acá, debe andar de joda".



Quien inició la búsqueda desde un principio fue la madre que alcanzó a entrar a los matorrales  gritándo a su hijo despararecido, esperando que él la escuchara. "Pensaba que tal vez él estaba metido ahí y no podía salir" cuenta Irene.



Horas más tarde, uno de los hermanos encontró en la orilla de la laguna las zapatillas de Miguel, su documento mojado y el comprobante de la pensión que había cobrado un día antes. Ambas zapatillas estaban prolijamente juntas, lo que resultó raro para la familia.




Mientras tanto en la Décima seguían respondiendo que Miguel debía estar "vagando por ahí". "Nos dijeron que lo habían visto por acá, por allá, por un montón de lados", cuenta su hermana. Los familiares empezaron a buscar en la casa de los amigos pero nadie sabía sobre su paradero.



Al mismo tiempo, la familia insistía en realizar la denuncia y no se conformaba con el protocolo que fija 48 horas de espera para la búsqueda de desaparecidos, dado que atestiguaban haber visto a su hermano huyendo de los uniformados y adentrándose en la laguna dónde pedían que lo busquen.



El domingo la madre de Fernández empezó a buscarlo en el hospital: la familia ya empezaba a perder las esperanzas de encontrarlo con vida.
Esa misma noche, ante  la impotencia por la falta de respuestas, un familiar solicitó ayuda al diputado por el Frente Grande, Fabricio Bolatti, quien el lunes a primera hora le transmitió el caso al Secretario de Seguridad, Javier Oteo.



Veinte minutos después la
Policía estaba en la casa de Miguel Fernández pidiendo una foto y empezaron una búsqueda que no arrojaría resultados.
Según Irene, la respuesta del comisario Marcelino Blanco, titular de la Décima era la misma: "Bueno señora ya revisamos todo, ¿Qué más quiere que hagamos?".



Pasaron los días y no había novedades. El miércoles, en un nuevo pedido de colaboración, los familiares se encuentran con el fiscal de Derechos Humanos, Daniel Turraca, quien a su vez los derivó al titular de la Dirección de Defensa de la Democracia y el Ciudadano, Julio García. Él fue quien ordenó la intervención del COE y el rastrillaje aéreo.



Finalmente el jueves, desde un helicóptero, efectivos pudieron visualizar el cuerpo, en calzoncillos, en medio de la laguna donde su familia desde un principio pidió que busquen. El pantalón y la remerea que llevaba el joven la última vez que se lo vio con vida, nunca fueron hallados.



Del caso se encargó la Fiscalía de Investigación Nº 10. Según cuenta Irene, la fiscal a cargo, Lilián Irala, "nunca se acercó al barrio". A los Fernández les respondía que "había que esperar".



La gente del barrio se solidarizó con ellos y ahora esperan con paciencia
los resultados del la investigación, pero dudan de la Justicia: "Soy sincera, confiar... confiar no, pero ojalá que sí descubran que pasó", concluye Irene.



OTROS CASOS

Casi un mes después de la muerte de Miguel Fernández, en el Río Negro hallaron el cuerpo Néstor Patricio, otro joven de la comunuidad Qom que era del mismo barrio y también estuvo desaparecido por alrededor de cinco días. La familia Fernández quiso contactarse con parientes de este hombre pero no hubo respuestas.



A raíz de las muertes, aunque el miedo se encuentra latente, empezaron a salir a la luz muchas historias de vecinos que, cansados del accionar policial de la Comisaría Décima, comenzaron a reunirse para buscar alguna solución. "Uno piensa que por cualquier cosa que le pase llama al 911, pero ahora dudo y no se a quien llamar para pedir ayudan", expresan.



Para ejemplificar la situación que se da en el barrio,
Irene cuenta una historia en la que fue testigo directo: una
noche, ella se encontraba con su hermana charlando en la vereda de la casa. En frente hay una canchita de fútbol donde jugaban seis chicos de entre 10 y 12 años. "En un momento pasa por la calle un patrullero de la Décima y los nenes empiezan a silbar. Inmediatamente el auto frena,
bajan tres policías y les empiezan a tirar balas de gomas a los chicos que empezaron a correr para escapar de los disparos. Inclusive había un nene, que le falta una pierna y usa muletas y con dificultad intentaba correr para escapar de allí".

Irene Fernández resalta que ese es "sólo uno" de los episodios que ocurren en el barrio e involucran a los uniformados.



Valeria Romero, una abogada que los asesora, indica que estos abusos policiales son frecuentes y, al mismo tiempo, en Resistencia el índice de delitos se mantiene igual, por ello cuestiona la tarea policial.



Por último remarcan la discriminación y la falta de seguridad y garantías que padecen por parte de las fuerzas de seguridad y los estamentos judiciales.  "Suponiendo que se vayan algunos de la décima, ¿Qué va a pasar? ¿Yo cómo sé que los nuevos que vengan van a hacer bien su trabajo?", refexiona la hermana del joven muerto.