Domingo, 22 Julio, 2012 - 22:25

España: ya hay tres muertos y al menos 24 heridos por incendios forestales

Las llamas se propagan por los bosques de Girona. Un padre y su hija murieron al arrojarse por un acantilado en Portbou para escapar del fuego.



Girona ha vivido este domingo por la tarde una situación límite, con dos fuegos ardiendo sin control, el cielo cubierto de una gigantesca nube de cenizas, la tramontana soplando con rachas de 90 kilómetros por hora y los equipos de emergencias desbordados, sin “capacidad de reacción, contención y extinción” ante la inmensidad de las bolas de fuego que se les venían encima, según el consejero de Interior catalán, Felip Puig.



Las consecuencias se dibujan en una dramática sucesión de cifras: tres muertos; al menos 24 heridos (15 de ellos graves); 140.000 vecinos -toda la comarca de Alt Empordà- confinados en sus casas, 13.000 hectáreas afectadas por las llamas, y casi todas las vías de comunicación con Francia cortadas. Tanto la autovía AP-7, como la N-II y el AVE.



Las escenas más dantescas se han vivido en la angosta carretera, colgada sobre el mar, que transita desde Portbou hacia la frontera con Francia. Una cincuentena de vehículos se vieron rodeados por las llamas. Sus ocupantes huyeron pie a través de la montaña. Casi todos lograron llegar al pueblo, pero una familia francesa de cuatro miembros quedó atrapada entre las llamas y un imponente acantilado. Saltaron. Dos de ellos, el padre y una hija, de 60 y 15 años, respectivamente, murieron ahogados tras sufrir múltiples fracturas en la caída por los golpes contra las rocas. La mujer y otros dos hijos de la pareja, heridos, sobrevivieron.



El fuego de Portbou, iniciado sobre las siete de la tarde, entró en fase de control tres horas más tarde tras arrasar unas 50 hectáreas. Todo lo contrario que el iniciado sobre la una de la tarde al norte de La Jonquera, justo en el límite entre Francia y España. Las llamas, empujadas por el fuerte viento, crecieron con fuerza hacia el sur, hacia Figueres. Este fuego ardía a las once de la noche sin control tras haber arrasado buena parte de un perímetro de unas 12.500 hectáreas.



“El incendio está totalmente fuera de control”, admitió el consejero de Interior catalán, Felip Puig, a las 19.30. Y agregó: “La catástrofe desborda las capacidades de reacción de los bomberos”. Las previsiones meteorológicas indicaban que el fuerte viento, que impidió actuar a los efectivos aéreos, seguirá soplando hasta el lunes al mediodía. El peor temor de la Generalitat es que las llamas se extiendan hacia la comarca de la Alta Garrotxa, una zona boscosa y montañosa, en la que 25.000 hectáreas estarían en riesgo.



Otro hombre, de 75 años, falleció de un infarto cuando vio que las llamas rodeaban el jardín de su casa. Entre los 24 heridos, el más grave es un ciudadano francés de 64 años que quedó atrapado por las llamas en una carretera local. Sufre quemaduras en el 80% del cuerpo.



El fuego de La Jonquera empezó sobre la una de la tarde muy cerca de la frontera y se expandió con rapidez hacia el sur espoleado por el viento. Obligó a cortar la autopista AP-7, la N-II, el servicio de AVE entre Figueres y Francia y media docena de carreteras locales y comarcales y a confinar en sus domicilios a los habitantes de nueve localidades. La Generalitat extendió a las nueve de la noche la petición de no salir de sus hogares a todos los habitantes del Alt Empordà y les recomendó tener a mano un kit de emergencia por si debían ser desalojados.



Los Mossos d’Esquadra desalojaron una casa de colonias, de donde 74 niños y 17 adultos fueron evacuados, y a los trabajadores de una empresa de la AP-7. La Jonquera habilitó desde primera hora de la tarde el pabellón municipal, que en algunos momentos llegó a acoger a 150 personas. En el lado francés de la frontera, el fuego quemó 10 hectáreas y obligó a cortar las autopistas A-9 y D-900.



Las escenas de pánico fueron constantes en la zona durante toda la tarde. “Hay mucho humo, no se ve nada”, decía Josep, responsable del restaurante El Corral de Llers, en Llers. “El fuego viene hacia el sur y los mossos nos dicen que tenemos que salir, supongo que hacia Figueres”, explicó el hostelero sobre las siete de la tarde.



Núria Peitaví, que reside en una masía a 500 metros del núcleo urbano de Capmany, apuntaba el domingo que “entre los vecinos” habían decidido quedarse en casa antes de que lo recomendara Interior. “Mis padres han regado los alrededores de la finca, y mi padre está fuera, vigilando”, relató por la tarde antes de que la situación se agravara y que toda su familia, excepto ella y su hijo de cuatro meses, fueran al pueblo a ayudar a extinguir las llamas. A esa misma hora, Marc Mates, de Agullana, trataba de llegar, sin éxito, a su masía en coche. “¡Está todo cerrado, me dicen que no puedo llegar!”, exclamó. Casi todas las carreteras locales y caminos quedaron cortados o colapsados.



Por Antía Castedo.
Fuente: 
El País.