Domingo, 22 Julio, 2012 - 10:00

Cristina tiene un plan

Ante la caída de su imagen, suspendió las hostilidades con Scioli, cambió voceros y prepara nuevos relatos. ¿Alcanzará?

Por cada punto que bajó Daniel Scioli, la Presidenta perdió dos. Así fue la crueldad de las encuestas. Cuesta abajo, Cristina demostró que no come vidrio e hizo sonar todas las alarmas. Exhibió una vez más su extraordinaria capacidad de refundación y, en una semana, con un par de colaboradores, diseñó un plan para recuperar la iniciativa y frenar la caída de su imagen. PERFIL reconstruyó ese rompecabezas:



Armisticio urgente. Cristina decretó el cese de las hostilidades porque fue derrotada en su intento de asaltar el poder de Buenos Aires. Le resulta indescifrable el comportamiento de un Scioli que pone la otra mejilla. La inmensa mayoría identificó a CFK como la que disparaba los misiles, y eso potenció el lugar de Scioli como víctima. Gabriel Mariotto, (a) Craviotto al decir de Maradona, bajó su perfil porque fue asociado a la figura del conspirador, algo que en democracia nadie valora. El sentido común de Diego fue la gota que llenó el vaso. “Mátense si quieren, pero no perjudiquen al laburante, que quiere cobrar el aguinaldo. Yo banco a Cristina, pero Scioli es un amigo”. Fue suficiente: Cristina llamó a Hernán Lorenzino, lo resucitó y le ordenó que arrugara a paso redoblado.



Scioli: el mal ejemplo. De la Sota respaldó a Scioli, Gioja se negó a criticarlo y hubo un sonoro silencio del resto de los gobernadores. El cristinismo comprendió que se había metido en una trampa cazabobos: si derrocaba a Scioli, le abría la puerta al vale todo institucional y, al no matarlo, lo fortalecía. Le servía en bandeja un candidato taquillero al peronismo no K. Scioli estuvo a punto de pagar los aguinaldos con recursos provinciales. Era la confirmación de que es posible gobernar con autonomía y que hay vida después de Cristina. Fue tan sorpresivo el volantazo de la Presidenta que dejó colgados del pincel a los gurkas que ya habían satanizado a Scioli. Hasta Mariotto tuvo que desmentir que lo comparó con De la Rúa. La batalla contra Scioli seguirá más adelante. Mejor confrontar con quienes no se presentan a elecciones: los medios, por ejemplo.



Lavar la cara con ¿‘mani pulite’? Se resolvió cambiar los comunicadores. Sacar del medio a los más desprestigiados: Boudou, Aníbal Fernández, Julio De Vido y Nilda Garré, y colocar en su lugar a Florencio Randazzo, Lorenzino, Sergio Berni y Axel Kicillof. Hasta la propia Cristina dio un paso al costado para no fatigar. Simultáneamente, se estudia un esquema para quebrar el sello de corrupción que se instaló en el oficialismo. Carlos Zannini explora el mejor atajo para sacar a Boudou del chiquero en el que cada día se entierra más. La opción menos cruenta sería “estatizar” la ex Ciccone y tratar de enviar la causa a un agujero negro. Dos ministros piensan que es hora de entregar la cabeza de los que manchan al Gobierno. Una especie de mani pulite (manos limpias, el proceso que encabezó en Italia en 1992 el fiscal Antonio Di Pietro) en línea con lo que hizo Dilma Rousseff. En dos palabras: arrojar lastre. No son los únicos, pero casi todos los números del talonario los tienen Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi. El siniestro accidente de Once, el olor nauseabundo que despiden los manejos corruptos del transporte y la confirmación de una estafa en el control de la tarjeta SUBE justifican la movida. Randazzo dio una clara señal. Utilizó el eufemismo de “anomalías” pero congeló todo. Cristina le ordenó ir a fondo contra “los delincuentes”. ¿Hasta dónde? ¿Logrará ella recuperar una imagen de transparencia cortando negocios que vienen desde la época de Néstor? Lo mismo hizo con el APE en el campo sindical. ¿Son cajas que se clausuran para siempre o sólo les cambian la cerradura? ¿Se quedarán callados los perjudicados o prenderán el ventilador para repartir la mugre? La Presidenta no salió favorecida después de su encuentro con el tren fantasma de los 90, tripulado por Oscar Lescano, Armando Cavalieri y otros menemistas millonarios y propatronales.



Más oscuro que Moreno. El “príncipe” Guillermo Moreno perdió la impunidad de su blindaje. Sus enemigos del gabinete contaron que la Presidenta lo retó. Toda una señal. Es que los peores dramas económicos fueron agravados por la primitiva actuación de Moreno. La inflación es el cáncer que contamina todo y, ahora que bajan las aguas y la actividad económica retrocede, impacta con más fuerza en el malhumor social entre los más pobres. Por algo se destruyeron 360 mil puestos de trabajo. Y la variable del dólar sigue el mismo camino. Los remedios de Moreno fueron peores que la enfermedad. Nadie hizo tanto para que se fugaran a tanta velocidad tantos millones de dólares. Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad, fue muy didáctico para explicar la desconfianza: “A Néstor no le dolarizaban”. Argumenta que el ex presidente mantuvo los tres pilares que su esposa destruyó: superávit fiscal, inflación baja y tipo de cambio competitivo. Y con una anécdota dinamitó la excusa oficial de que se trata de un mercado marginal que no afecta la economía real. El Ciudad está construyendo la primera sucursal en una villa miseria de toda la Argentina. Es en Los Piletones, frente a la cancha de San Lorenzo. Mientras Sturzenegger les comentaba a los vecinos que iban a tener cajas de ahorro gratis y otros beneficios, uno de ellos, que es paraguayo y cartonero, le preguntó: “¿Vamos a poder ahorrar en dólares? Yo le mando 50 por mes a mi familia en Asunción”. Eso demuestra que el dólar es un escudo simbólico que se utiliza para protegerse del impuesto inflacionario. No se puede modificar con cuchillos de carnicero ni de la noche a la mañana. Como contrapartida, apuestan a los planes de vivienda y obras públicas en el Conurbano, con demanda intensiva de trabajo, la tercerización hacia las provincias del ajuste y el aumento al salario mínimo que se viene. Y la puesta en escena de una especie de segunda independencia económica para el 3 de agosto, cuando cancelen los Boden 2012. El fin del corralito será traducido como “nosotros pagamos lo que la oposición rompió cuando fue gobierno”. ¿Le alcanzará a Cristina para recuperar el doble de puntos que perdió Scioli?
Fuente: 
Perfil.