Domingo, 22 Julio, 2012 - 09:01

Proteger el trabajo, la misión del segundo trimestre

En el primer semestre el objetivo era sostener las paritarias, llegar a acuerdos razonables que defendieran el poder adquisitivo del salario sin generar un aumento de precios por presión sobre los costos empresarios.

En este segundo semestre, “la pelea va a ser por defender el empleo, proteger cada puesto de trabajo frente al embate que se viene por la crisis mundial”. Este es el mandato que pesa sobre las espaldas de los funcionarios del Gobierno con algún involucramiento con el mercado laboral. Una tarea que ya no sólo abarca a las carteras de Trabajo y de Economía, sino también a las de Planificación Federal y de Interior y Transporte. Otras áreas como el Banco Central o Anses también son parte de esta contraofensiva para evitar que “los trabajadores paguen el costo” de una crisis que ya se define, en expresiones oficiales, como “una catástrofe económica mundial”.



El diagnóstico que recorre los despachos del Gobierno da cuenta de que el impacto de la crisis sobre la actividad económica local será esta vez inevitable, con una correa de transmisión mucho más directa de la que operó durante el episodio de “las hipotecas subprime” de 2008/2009. “Se desacelera la economía mundial, pero el comercio desciende más rápido. Habrá una repercusión directa sobre nuestras exportaciones, que son una fuente de demanda importante de nuestra producción, por lo que la crisis involucraría en sus efectos al nivel de empleo”, explican los analistas del Ministerio de Economía. Axel Kicillof, secretario de Política Económica, ofreció un panorama semejante en su exposición del viernes, en el lanzamiento de la primera adjudicación de créditos para la vivienda del Programa Pro.Cre.Ar. Fue una manera de darle contexto a una de las principales políticas expansivas que ofrece el gobierno nacional frente a esta coyuntura, según él mismo explicó.



Con respecto a las repercusiones que tuvo para la economía argentina la crisis de 2008/2009, se destacan los siguientes factores agravantes:



- El grado de profundización en la etapa actual. Estados Unidos, tras un amago de recuperación entre 2010 y 2011, vuelve a transitar por el estancamiento. La Eurozona ya circula “en terreno negativo” y con proyecciones “nada prometedoras”. China comienza a desacelerar su crecimiento, por lo que ya no funcionaría a pleno como motor alternativo para traccionar a la economía mundial.



- Brasil, que había mostrado una fuerte desaceleración en 2011, este año entró en franco estancamiento. En el primer trimestre la economía registró un crecimiento anual de apenas 0,6 por ciento, pero ya se anticipa que los datos del segundo trimestre mostrarán una tasa cero de variación anual. La industria, en el mismo período, habría registrado una caída del 1,8 por ciento (datos informados por Ricardo Summa, de la Universidad de Río de Janeiro, en el seminario sobre Crisis Internacional de esta última semana en Buenos Aires, organizado por Cefid.Ar).



¿Cómo se hace para contrarrestar un impacto que pareciera, a todas luces, inevitable?



Está prevista una “intervención activa”, puntualmente en algunos sectores, dirigida a alguna empresa en otros casos, para hacer valer los instrumentos que eviten la pérdida de un puesto de trabajo. Pero también habrá una apuesta fuerte a lograr los mejores resultados de tres políticas macroeconómicas “contracíclicas” sobre las que se hará un seguimiento estricto para ajustar su efectividad. Una es el programa de construcción de viviendas Pro.Cre.Ar., en el que ya se sortearon 11.700 créditos y tiene programado para el 24 de agosto un segundo llamado. La intención es poner en marcha “cuanto antes” las obras. El sector de la construcción es uno de los más sensibles por nivel de ocupación, pero también es el más significativo por su efecto multiplicador. Esto es, por cómo impacta la reactivación del mismo sobre otros sectores. No es un sector “exportador”, pero interactúa con el resto de la economía como ningún otro. Por eso es clave en la estrategia de defensa del empleo en los próximos meses, y no se le escatimarán esfuerzos. Ni recursos.



La segunda política “macro” de la estrategia es el plan de créditos a la inversión productiva, que obliga a los bancos a destinar el 5 por ciento de los depósitos a préstamos con ese destino, el 50 por ciento al menos a favor de pymes. El monto a prestar es de casi 14.900 millones de pesos, y hay una convicción firme en las autoridades oficiales en que si se logra que los bancos cumplan con su parte, el impulso se hará sentir sobre la actividad económica.



Un tercer elemento de esta política, sin la dimensión de las dos anteriores pero con un efecto demostrativo importante, es el plan de obras para el Ferrocarril Sarmiento. Es un plan de sólo 800 millones de pesos, pero recae sobre un sector muy relegado, por lo que se confía en que promueva un cambio de expectativas importante en sectores pyme ligados al sector.



Un cuarto factor, que no es un programa lanzado por el Gobierno, pero sí es parte de su política global, es el cambio de paradigma incorporado en el traspaso del control de YPF a manos del Estado. Tras la resolución de la asamblea de accionistas de volcar la mayor parte de las utilidades a un fondo para inversiones, su presidente, Miguel Galuccio, ratificó el plan de inversiones por 3500 millones de dólares para el corriente año. Gran parte de su ejecución estará volcada al pago a proveedores de servicios, equipos, materiales e insumos de origen local. En buena medida recaerá en áreas con capacidad de atender una actividad que Repsol, a través del manejo de YPF, tenía absolutamente descuidada.



Los últimos datos sobre la economía brasileña han encendido alarmas que no figuraban en las primeras previsiones del año. Gran parte de la caída del indicador industrial de junio obedece a la merma en la venta de autos a ese país. Las medidas que aplicó el gobierno de Dilma en las últimas semanas para reactivar el mercado automotor despertaron alguna ilusión de que el impacto sobre las terminales argentinas no se prolongue. Sin embargo, la aplicación de una política restrictiva de gastos para “impedir un rebrote inflacionario” (enfriamiento recomendado por los sectores “neodesarrollistas” del gobierno brasileño) está teniendo consecuencias nefastas para la economía de ese país, con consecuencias para sus vecinos. Entre las políticas macro (plan de viviendas, créditos pyme e inversiones en transporte) y algunas “micro” de alto impacto (YPF) se espera un “contraefecto” en la economía que venza la inercia recesiva de la crisis mundial. Pero en los despachos oficiales hay conciencia de que habrá que atender los quiebres puntuales. Al escritorio de Carlos Tomada le llegó en estos días una ilustración que muestra una caricatura suya caracterizado como un bombero en acción: apagando incendios. Quizá sea la imagen que mejor le calce al ministro de Trabajo en los próximos meses. En la cartera que conduce buscan poner en sintonía todos los instrumentos que permitan operar rápidamente con mecanismos compensatorios, como el Repro –subsidio al empleo para empresas en crisis, por la cual recibían en 2008/2009 una parte del sueldo a condición de mantener el puesto de trabajo– y otros que posibilite intervenir en cuanto se lo necesite. En la instancia anterior de la crisis, llegaron a atenderse hasta 150 mil “repros” en forma simultánea. En las estimaciones, esa es “una cifra de mínima” para la etapa que se avecina.



No será ese el único instrumento, ya que en otras oficinas oficiales se diseñan modelos de políticas sectoriales para atender, con un impulso a una demanda adicional, posibles situaciones de capacidad ociosa o stocks excedentes por caída de mercados externos. “El Gobierno va a ser el mayor colocador de ofertas”, señalan en términos metafóricos. O no tanto.
Fuente: 
Página|12.