Domingo, 22 Julio, 2012 - 08:40

Una dolarización de película

La fotografía muestra que la Argentina es, fuera de los Estados Unidos, el país con más cantidad de dólares per cápita.

La película cuenta que la tenencia de dólares viene en ascenso vertiginoso desde hace por lo menos dos décadas. Según datos que el Indec publicó días atrás, la cartera de activos externos (básicamente moneda extranjera escondida o depositada en el país o afuera) que personas poseían en 1991 ascendía a 44.884 millones de dólares, mientras que a fines del año pasado ese monto era casi el cuádruple, 160.003 millones.



La información oficial también revela que en 2011 el incremento de lo que podría denominarse “dolarización” fue de 17.739 millones, una cifra descomunal que en gran parte constituye fuga de capitales porque son activos que salen del circuito económico doméstico. En palabras del Indec: “Los activos externos totales se incrementaron en el año en 14.098 millones de dólares, debido principalmente a que la cuenta activos externos del sector privado no financiero mostró un crecimiento del 12 por ciento (17.739 millones)”.



Los datos surgen del informe titulado “La posición de inversión internacional de 2011”, que resume el balance de activos y pasivos foráneos del país, cuya diferencia origina una “posición” acreedora o deudora. Entre los activos externos del país predomina abrumadoramente la cartera de activos de las personas (ya exhibida), y también se destacan las reservas del Banco Central y la propiedad de inmuebles de argentinos en el exterior (que para fines de 2011 se calcula en 8.512 millones de dólares a valores de mercado). Los principales componentes de los pasivos externos son el stock de inversión directa (el capital de las multinacionales) por 89.815 millones, y la deuda pública por 43.026 millones.



Desde el año 2004 la “posición” es acreedora, y a fin del año pasado alcanzó los 51.784 millones de dólares, con un crecimiento de 5.051 millones de dólares respecto de diciembre de 2010.



Eso no es una buena noticia. Como ya se vio, la razón fundamental de que los argentinos tengan más activos externos fue la tremenda dolarización de la cartera de inversión de las personas. Aunque no es un fenómeno nuevo ni mucho menos, nunca antes había alcanzado esa magnitud. Este es el factor clave para entender por qué a fines del año pasado el Gobierno comenzó a aplicar medidas para restringir el atesoramiento de dólares, primero de manera parcial, hasta que a partir de mayo comenzó a regir una prohibición total. Lo que vino acompañado de diversas barreras para contener el crecimiento de las importaciones y, de esa manera, aumentar los dólares que deja el superávit comercial.



Volviendo a la película de la dolarización, es interesante observar que si bien la tendencia es claramente ascendente, el ritmo no siempre es el mismo. Ya se dijo que no hay antecedentes de un incremento en la cartera de activos que se acerquen a los 17.739 millones del año pasado; lo que más se aproxima es el 2009, año de la crisis internacional, con un aumento de 12.500 millones.



Resulta aún más interesante notar que incluso hubo años en que los que se registró una disminución en la cartera de activos de los privados. El ejemplo más reciente es el año 2005, cuando ese rubro bajó de 102.046 a 100.129 millones de dólares. Y si se toman los primeros tres años del kirchnerismo se advierte que, si bien la dolarización o fuga no desciende, ocurre de manera muy tenue: entre 2003 y 2006 los activos financieros externos en manos de privados pasan de 98.228 a 109.114 millones de dólares; es decir “sólo” 11.000 millones en tres años.



Hay que remontarse a comienzos de la Convertibilidad para encontrar un año (1992) en que hubo desdolarización, o un trienio en que la cartera creció en el orden del 10 por ciento: pasó de 44.884 millones dólares en 1991 a 49.817 millones en 1994.



No es casual que los dos momentos históricos de menos atesoramiento de dólares (que incluyeron un año de desatesoramiento) hayan sido períodos de muy baja inflación, con perspectiva de que eso continuara, y sin que hubiera expectativas devaluatorias. Es lo que sucedió en los primeros años de la Convertibilidad y del kirchnerismo.



En el primer informe que acaba de publicar el Observatorio de Coyuntura Económica de la Universidad de Tres de Febrero que dirige el diputado Roberto Feletti, hay un claro apoyo a la estrategia global de regular el movimiento de divisas “para impedir una devaluación abrupta, no abrir la cuenta capital a flujos de corto plazo y especulativos y manejar niveles de reserva internacional adecuados frente a los volúmenes de importación y servicios de deudas”. Pero se destacan dos observaciones. Por un lado el informe reconoce que “las restricciones instaladas por la AFIP para el acceso a la compra de dólares para ahorro renovaron con virulencia ese deseo sistémico por cubrir nuestros activos frente a cualquier eventualidad”. ¿Está sugiriendo que fue una medida contraproducente? Parece. Y ciertamente no faltan evidencias para pensarlo: el dólar negro se disparó; los depósitos en dólares cayeron abruptamente; eso resintió las reservas y el crédito en dólares para financiar exportaciones; el mercado inmobiliario se derrumbó…



Pero más relevante es la siguiente observación del informe, porque apunta al fondo de la cuestión. Sostiene que para que la Argentina pueda desandar la bimonetización hay “una tarea pendiente, fundamental y pesada, que es eliminar el arbitraje entre los diferentes precios de la economía buscando su convergencia: tasa de inflación, tasa de interés y tasa de devaluación esperada deben fluctuar muy próximas entre sí, durante mucho tiempo, para que nuestra moneda cobre vigor como reserva de valor”.



Es, precisamente, lo que ocurrió al comienzo de la Convertibilidad y del kirchnerismo. Y en nada se parece a esa deseada convergencia lo que sucedió de 2007 en adelante, con la inflación muy por encima de la tasa de interés, y mucho más aún del aumento del dólar. La aceleración del ritmo de atesoramiento de activos externos que se verificó desde entonces no fue, como señalan varios, “a pesar” de que su cotización subió menos que la de cualquier otro activo nacional, sino precisamente porque esa divergencia fue agitando la expectativa de devaluación.



Desde la antropología, el decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín, Alejandro Grimson, escribió en el último número de Le Monde Diplomatique que para “una verdadera política integral orientada a que los argentinos pensemos en pesos… es importante que la sociedad perciba que puede adquirir dólares en relación con sus ingresos declarados y, a la vez, que perciba que no le conviene hacerlo”.



Lo que sucedió en los primeros años de la Convertibilidad y del kirchnerismo.
Fuente: 
InfoNews.