Sábado, 21 Julio, 2012 - 20:33

Imagen y necesidad

La presidenta Cristina Fernández pareció haber tomado finalmente la decisión de hacer frente a una serie de cuestiones que su gestión había dejando pendientes.

Y que, en algunos casos, fueron provocadas por ella misma. En los últimos días, el gobierno resolvió aflojarle el lazo a Daniel Scioli y aceleró la resolución del conflicto con la provincia de Buenos Aires, encaró -tras el intento trunco de principios de año- la engorrosa cuestión de los subsidios al transporte de pasajeros, suspendió el contrato con la empresa que controla la tarjeta SUBE, anunció -una vez más- obras en el ferrocarril Sarmiento y flexibilizó -sólo un poco- la burocracia impuesta para importar.



El denominador común, en todos los casos, es la intención de mostrar un "gobierno en acción", que domina las riendas, y pagar el menor costo posible por las medidas que, necesariamente, son de impacto negativo.



En la Casa Rosada existe una firme convicción de que no hay más margen y de que hay que encarar y resolver las cuestiones pendientes. Y también está la inocultable estrategia de que los costos de esas decisiones los paguen otros. Que las buenas noticias sean propias (como los 800 millones de pesos para el Sarmiento) y las malas, ajenas (tal el anuncio que los futuros aumentos de tarifas quedarán a cargo de las provincias y municipios).



En ese marco, la obsesión en la comunicación llevó esta semana a varios funcionarios a abusar de los eufemismos.



Un caso fue el del ministro del Interior y Transportes, Florencio Randazzo.

El nuevo hombre fuerte del gobierno se debate entre sus ambiciones políticas y el equilibrio que debe realizar para no dejar mal parados a sus colegas y no poner en evidencia sus yerros.



Ocurrió cuando anunció la suspensión del contrato con la empresa que controla a las tarjetas SUBE. Se cuidó muy bien de mencionar las causas de esa medida; cuando lo hizo, habló de "anomalías" y aclaró que no actuaba porque el tema estuviera en los medios.



También recurrió a los sinónimos cuando mencionó los "topes a las compensaciones" en lugar de decir congelamiento de subsidios.



Pero el ministro fue más allá y habló de la puesta en marcha de "un cambio profundo y transformador" y de la necesidad de aplicar "un manejo eficiente de los recursos".

En su entorno están convencidos de que con la llegada del hombre de Chivilcoy se "está cambiando el paradigma" de la política de transportes.



El problema es que Randazzo integra un gobierno cuyo proyecto está en el poder hace nueve años y no uno que asumió hace siete meses. Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi, desde afuera, o el ministro Julio de Vido, desde adentro, son protagonistas de ese "paradigma" anterior e integran o formaron parte de la gestión que se inició en 2003.



El kirchnerismo fue el que alimentó la política de subsidios multimillonarios y sin controles que ahora resulta insostenible. En materia de transportes públicos destinó, en 2011, 21.991 millones de pesos y en energía 41.973 millones de pesos. Su administración también fue la se negó a pagar el costo de desarmarlo y aumentar en forma paulatina las tarifas. Lo mismo ocurrió al comienzo de la "sintonía fina" con los subsidios energéticos. Al empuje inicial le siguió un abrupto freno ante lo negativo de las repercusiones que generó.



Hoy, preocupados por los efectos negativos, sobre todo por el impacto que demuestran las encuestas, y acuciados por la necesidad de dinero, se resolvió avanzar nuevamente, pero dejando el lastre en manos de otros. Gobernadores e intendentes, aliados y opositores serán los que deban afrontar las decisiones que la Nación se niega a asumir.

Los indicadores económicos medidos por el propio INDEC, más allá del malhumor que genere en la Presidenta o en el viceministro Axel Kicillof, siguen marcando una desaceleración. La Industria cayó otro 4,4 por ciento en forma interanual, y sumó el tercer mes consecutivo de reducción, y el PBI bajó, por primera vez en 33 meses, un 0,5 por ciento en mayo respecto a igual mes del año pasado.



Lo ocurrido con la provincia de Buenos Aires es otra muestra de la forma de actuar en la Casa Rosada. Se provocó una crisis al no enviar el dinero solicitado para pagar sueldos y aguinaldos, se lo acusó de mal administrador, se le pidió imaginación para recaudar más y se lo dejó en soledad a la hora de hacer frente a las protestas generadas por el desdoblamiento del aguinaldo. Y cuando el agua pasó del cuello, mágicamente apareció la mano salvadora de la Nación.



La duda que quedó es por qué ahora sí y antes no. ¿Hubo negociaciones, arrepentimientos o la morbosidad de demostrar, a costa de la angustia de 500 mil familias, quién es el que tiene el poder y qué pasa si se lo desafía? ¿O quizás existió el reconocimiento de que ese castigo no sólo restaba capital político a Scioli sino que fue entendido por la sociedad como una disputa de poder y ambiciones que también arrastraba a la Nación? Scioli parece hacer entendido el mensaje y el jueves concurrió a la Casa Rosada para sellar la tregua. El gobernador sabe que la escena podría repetirse en cualquier momento.



Con Hugo Moyano, la Presidenta actuó en dos tiempos. En primer lugar legitimó a sus opositores al recibirlos en la Casa de Gobierno con un claro llamado a la "unidad" y lamentándose, con un alto grado de cinismo, de que no estuvieran "todos" los sindicalistas. Los denominados "gordos" o "independientes", se llevaron de allí la promesa de la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Del Impuesto a las Ganancias, la deuda a las obras sociales o las asignaciones familiares (reclamos principales de Moyano) ni una mención.



Pero la Presidenta fue más allá y resolvió terminar con la Administración de Programas Especiales (APE), el organismo que manejaba un fondo millonario a repartir entre las obras sociales sindicales. Este era otro de los reclamos de Moyano, quien además supo manejar ese ente a través de sus allegados.



Con una economía en problemas y la vista firme en el calendario electoral, la Casa Rosada va despejando, lenta pero firmemente, el camino de potenciales rivales mientras cuida su imagen y atiende sus necesidades.



(*) Agencia DyN