Sábado, 21 Julio, 2012 - 19:16

Caballo

Atomizado, dominado, domesticado, desangelado, pusilánime. Así pretende el Gobierno que esté el sindicalismo, y para lograr ese objetivo no escatima gastos.

Las fotografías del gremialismo dividido y la acción de la administración cristinista para consolidar ese cisma aparecen a diario ya sin ningún pudor, ni prudencia, ni vergüenza alguna de los protagonistas.



Y así se suceden las chicanas, los gestos, las acciones y reacciones de unos y otros, ya sea en sus trincheras opositoras o en los cálidos despachos oficiales.



De tal manera, finalmente apareció la imagen en la que hubiera querido estar muchos meses atrás Hugo Moyano, pero que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le negó sistemáticamente, empujándolo así cada vez más a la vereda de enfrente.



Los antimoyanistas -"Gordos", autodenominados "independientes" y varios que abandonaron recientemente el camión que los transportó durante una pila de años y les reportó beneficios inalcanzables si hubieran andado solos- se pasearon orondos por las alfombras de la Casa Rosada, donde recibieron el bautizo presidencial a partir del cual llevarán oficialmente colgada la denominación con la cual empezaron a ser mencionados en los últimos tiempos: la CGT Balcarce.



Sin embargo, la cosecha fue hasta ahora magra. Se sabía que la Presidenta no iba a efectuar ningún anuncio espectacular o que por lo menos satisficiera el apetito sindical, como los bocados del Impuesto a las Ganancias, las asignaciones familiares o el reintegro de miles de millones de pesos que los dirigentes reclaman para sus obras sociales. Por supuesto que todos salieron con sonrisas anchas y derramando miel sobre la Presidenta, aunque por dentro mascullaron -y siguen haciéndolo- sus dudas acerca de si recibirán un resarcimiento acorde con la tarea que están haciendo.



Dato importante del encuentro fue la ausencia del metalúrgico Antonio Caló. Se dejaron trascender varias causas sobre las razones de su faltazo, pero cualquiera sea la excusa, lo cierto es que el sucesor de Lorenzo Miguel en la UOM -no así en el firmamento político nacional, donde el caudillo metalúrgico hizo y deshizo durante décadas- quedó excesivamente expuesto y a merced de algún traspié al evaluar que ya era número puesto para comandar la CGT.



Justamente, desde el sector gremial donde milita se aclaró que aún es temprano para que empiece a lucir la preciada cucarda. Y otro "detalle" fue que muy cerca de la Presidenta estuvieron sentados Gerardo Martínez (UOCRA) y Ricardo Pignanelli (SMATA) -a quien la mandataria llama amistosamente "Pigna"-, dos aspirantes al sillón que hoy ocupa Moyano. Tras el encuentro -foto superpoblada, manos vacías- algunos dirigentes no tuvieron más remedio que admitir la cara menos luminosa de la realidad y reconocer que la inflación puede hacer estragos y que hay actividades que están siendo afectadas por los problemas de la economía. Uno de esos dirigentes fue precisamente Martínez, quien además protagonizó un raid declarativo por medios de comunicación donde destacó la necesidad de intentar un diálogo que permita recobrar la unidad sindical.



El jefe de la UOCRA reconoció que habla con Moyano. Es así porque tiene asignada la tarea de acercar posturas, ya sea por su espíritu dialoguista como por su posición dentro del tablero gremial, ya que sigue moviéndose en el segmento del sector que se autoproclamó "independiente", aunque sus miembros no hagan honor cabalmente al único sentido que tiene el término.



Pero en definitiva, las situaciones -incluida la asunción formal del consejo directivo conducido por Moyano- no iban a pasar de una ratificación del divorcio de los sindicalistas. Salvo por una medida que venía pergeñando el Gobierno y que sacó de la manga apenas se fueron sus nuevos socios gremiales de la Casa Rosada: la virtual disolución de la codiciada Administración de Programas Especiales (APE) como ente autárquico y su absorción por parte de la poderosa Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). Así, en síntesis, la Presidenta concentra el control absoluto de un organismo estratégico que fue botín político permanentemente, a través de su delegada directa, la ex diputada Liliana Korenfeld.



Ahora sí puede decirse que no quedó ningún vestigio del moyanismo en un bunker donde se manejan carradas de millones de pesos de las arcas de las obras sociales. Es posible que alguno de los dirigentes más conspicuos del grupo que estuvo en la Casa de Gobierno haya estado enterado de este plan, pero la mayoría se mostró sorprendida por la decisión, máxime cuando todavía está congelada la inmensa masa de dinero que los gremios reclaman que les reintegren por las prestaciones de alta complejidad.



Además, esta resolución podría formar parte de un plan oficial más ambicioso, tendiente a establecer un esquema que podría bautizarse inicialmente como "sistema nacional de salud", similar al de Gran Bretaña u otros países con asistencia sanitaria ampliamente estatal, lo que podría decretar la defunción de las obras sociales, un emblema del peronismo. Claro que en caso de que se pretenda imponer ese régimen, habrá que trabajar mucho y sin mezquindades para que haya eficiencia y cobertura sin fisuras.



Algunos privilegiados funcionarios -sobre todo del área de prestación de salud estatal- ya tendrían varios borradores en sus oficinas para ir avanzando con los cambios, que, no obstante, también dejarían heridos a varios otros funcionarios que verían avasallados sus territorios. La Cámpora, trascendió de algunas usinas políticas, no sería ajena a este proyecto. En tanto, mientras Moyano se relame diciendo "yo les avisé", la mayoría de los sindicalistas, del signo que fueren, comienzan a sentirse atormentados por los fantasmas de otras cajas oficiales cuyos fondos fueron derivados a fines que no coinciden con su objetivo fundacional y también, entonces, con la posibilidad de que haya fuego a discreción contra la caja de los gremios y base de su poder, que son las obras sociales.



En lo inmediato, hay promesas oficiales de búsqueda de mecanismos para cumplir el compromiso de remisión de esas cuantiosas sumas, pero todos los gremialistas son conscientes de que la asistencia a las obras sociales fue siempre una rienda que se aflojó cuando trotaron al compás de los intereses políticos gubernamentales pero se puso tirante cuando quisieron galopar o corcovear. Y esta no será la excepción. Claro que el jinete en este caso no tiene asegurado un sendero plácido, y aunque maneje las riendas a su antojo y hasta use el rebenque a menudo, tampoco cuenta con garantías de que el caballo no apure el paso o no se desboque. Y los gremialistas saben bien que, como dice sabiamente Horacio Guarany, "caballo que no galopa va derecho al pisadero".





(*) Periodista DyN

Fuente: Agencia DyN