Sábado, 21 Julio, 2012 - 18:44

La crisis energética se llevó puesto el modelo

En 2008, el Gobierno Nacional alcanzó un superávit fiscal primario de 8.700 millones de dólares. En 2011 cerró con un déficit de -4.700 millones de dólares y este año culminará con uno cercano a los -7.700 millones de dólares.

En porcentaje del PBI el resultado fiscal pasó de +2,6% en 2008 a -1,6% en 2012, una variación de 4,2%.



El deterioro fiscal fue el puntapié del deterioro macroeconómico. Hasta 2008, ese superávit fiscal permitía no sólo afrontar el pago de la deuda pública con suma holgura e independencia de los mercados, sino que también disponía de recursos para ayudar al Banco Central en la tarea de sostener el tipo de cambio en valores competitivos.



Es decir, el Banco Central disponía de un "aliado" en la tarea de comprar dólares para sostener el tipo de cambio, sin riesgo de expandir por demás los agregados monetarios.



El Banco Central era expansivo al comprar dólares y emitir pesos, y el Tesoro contractivo al recaudar pesos y comprar dólares. La esencia del llamado modelo que operó hasta el 2008.



Con la aparición del déficit fiscal, el "aliado" se transformó en un factor más de expansión de dinero. El Banco Central comenzó a emitir para comprar dólares comerciales y también emitir para financiar al Tesoro. El creciente déficit fiscal desbordó de "tareas" al Banco Central, y finalmente dejó de sostener la "bandera" de tipo de cambio alto, y se abocó a la tarea de financiar el déficit fiscal. De la virtuosa dominancia cambiaria, se pasó a la viciosa dominancia fiscal.



El responsable del deterioro fiscal se encuentra casi exclusivamente en los subsidios energéticos, y principalmente de gas. La pérdida del superávit energético no hizo más que acelerar el deterioro fiscal. Simple, el Gobierno compra energía a precio internacional, para volcar el producto a pérdida el mercado local.



De exportar gas, pasamos a una fila de 80 barcos anuales que se reparten entre los puertos Bahía Blanca y Escobar, inyectando gas a la red local a un costo cercano a los u$s3.500 millones. Se suman otros u$s1.000 millones que llegan desde Bolivia. Pero al mismo tiempo, la importación de fuel-oil y gasoil por un total de u$s6.000 millones tiene como principal objetivo que las centrales térmicas reemplacen el gas y lo dejen para la industria y consumo residencial.



Los números advierten que el déficit en gas llega a u$s9.000 millones este año y la mayor parte lo paga el Gobierno Nacional. Los subsidios el año pasado sumaron u$s17.000 millones o 4% del PBI, similar al deterioro fiscal acumulado desde 2008.



Este año el déficit energético se duplica de u$s3.200 millones en 2011 a u$s6.400 millones en 2012, con el agravante de una economía estancada. En los primeros cinco meses de este año, la importación de energía creció al 21% respecto a igual periodo del año pasado, y 39% interanual en mayo.



En suma, el cuadro energético se llevó puesto el superávit fiscal, y consigo el modelo. Ya no hay superávit fiscal, ni externo, ni energético, ni tipo de cambio competitivo. El deterioro macroeconómico pasó factura en la tasa de crecimiento y ahora también en el tipo de cambio. Cuando una economía se debilita, también lo hace su moneda, con o sin restricciones en el mercado cambiario.



Desde hace años es imperiosa la necesidad de pasar de subsidios generalizados, a subsidios focalizados, utilizando para ello la importante base de datos del ANSES, que dispone de nombre y apellido de cada jubilado, de cada trabajador registrado y de cada ciudadano con asistencia de planes sociales, todos bancarizados.



La soja en u$s635, el rebote de Brasil, el palpable desendeudamiento público y Vaca Muerta, otorgan la oportunidad para cambiar expectativas de cara a 2013. Ya no sobran dólares y, menos, tiempo.



(*) RAMIRO CASTIÑEIRA es economista en Jefe de Econométrica.



Fuente: Agencia DyN