Sábado, 21 Julio, 2012 - 08:12

Fractura expuesta

La Iglesia sigue con preocupación el proceso de quiebre en la Confederación General del Trabajo, al estimar que la pelea política entre la presidente Cristina Fernández y el camionero Hugo Moyano por la influencia estratégica en la central obrera será de largo aliento.

Los obispos apelaron de momento al silencio, pero fuentes eclesiásticas reconocieron a DyN que el Episcopado no pierde detalle de la evolución de los acontecimientos sindicales, al advertir la fractura de la CGT terminará perjudicando a los trabajadores en su conjunto.



"No suma hablar en esta situación, hay que apostar a la prudencia. Puede que haya una nueva constitución molecular de la central obrera, que sabe de divisiones, pero su ADN es y será peronista", se justificó un vocero habitual.



Casi ningún obispo quiso opinar sobre la crisis en la central obrera, pero recordaron que semanas atrás el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, reclamó a las partes "magnanimidad" y "ejemplaridad" para evitar que se profundice el enfrentamiento.



"Hay que achicar las cosas que nos separan porque está en juego el país", advirtió el prelado santafesino en el momento de mayor tensión Gobierno-Moyano.



Los referentes eclesiásticos consultados por DyN lamentaron por estas horas que la pelea persista y se agrave.



Tal la lectura que hacen los obispos tras la decisión gubernamental de disolver el organismo que distribuye los fondos a las obras sociales sindicales, el desconocimiento del congreso cegetista alentado por el moyanismo y la probable proclamación en octubre del metalúrgico Antonio Caló al frente de la CGT.



Para la Iglesia nada de esto contribuye al bien común y olvida lo "esencial", que son los problemas de la gente: desempleo, pobreza estructural, inflación, informalidad laboral, primer empleo.



Datos de la realidad que acaba de constatar el último informe del Observatorio de la Deuda Social elaborado por la Universidad Católica Argentina, que subrayó además que la confianza de la población en los sindicatos no logra despegar del 12 por ciento en la última década y que el 56 por ciento de los trabajadores no se encontraba afiliado a ningún gremio en el último trimestre de 2011.



Una debilidad de representación que también quedó demostrada con la aparición de organizaciones gremiales fuertes de extracción de izquierda, y ajenas a las tradicionales, en sectores de la alimentación o el subte, entre otros.



El estudio revela que la problemática del empleo es "acuciante" en el país, donde el 23,5 por ciento de la población activa estuvo al menos una vez desocupado entre 2007 y 2011, y un 45,9 por ciento de los trabajadores no realizó aportes jubilatorios en el mismo período.

También demostró que la población económicamente activa que realiza changas, trabajos temporarios o no remunerados, o es beneficiario de programas de empleo con contraprestación se incrementó por las crisis nacional e internacional. Entre 2007 y 2010, pasó de 7,3 a 9 por ciento de la población económicamente activa.



Este escenario se acentuó en 2011, consecuencia de las políticas laborales que convirtieron a desocupados en beneficiarios de planes de empleo, alcanzando el 11,2 por ciento.





DyN