Miércoles, 18 Julio, 2012 - 18:22

Correo de nuestros lectores
La escuela pública y su rol de inculcar ciudadanía

Desde su génesis, la escuela fue portadora de un mandato de inclusión. Nació con el mandato político de inculcar los saberes para la participación ciudadana.







La escuela pública de fines del siglo XVIII nace con un mandato político de los Estados Modernos en constitución. Esto es, inculcar en los individuos la conciencia de ciudadanía (nueva categoría política de la época). Este proceso tuvo carácter homogeneizador y buscó fomentar la idea de una sola identidad nacional que se expresaría por la opción de un solo idioma y de una serie de dispositivo que servirían para constituir el “ser nacional” (prueba de ello es la generación de una serie de rituales y prácticas escolares que
ayudarían a ese noble fin y que aún hoy perduran).



La escuela pública nace con ese mandato político que se expresará en competencias que los niños y niñas tendrán que adquirir en el tiempo de su escolarización. Nace para enseñar a leer y escribir junto con otros saberes considerados necesarios para la participación de los futuros ciudadanos. Es decir, desde su génesis, ha sido portadora de este mandato de inclusión.



Al decir de Emilia Ferreiro "la escritura es importante en la escuela porque es importante fuera de la escuela, y no al revés”. De esto se deduce el fuerte valor social de estos conocimientos como habilitantes para un desarrollo activo y autónomo de los sujetos en la sociedad. El conocimiento escolar pretende ofrecer las herramientas para “empoderar” a estos sujetos.




De aquí el alto valor del trabajo docente, sobre todo en los primeros años de escolarización, ya que su rol se constituye en un andamiaje fundamental para que los niños y las niñas puedan iniciar su trayectoria escolar en vistas a ese empoderamiento que los lleve a constituirse como miembros plenos de las comunidades de las que formarán parte.



Todo esto nos lleva a pensar cómo percibimos nuestra tarea docente en esos primeros años de escolaridad: ¿a quiénes y cómo los miramos cuando llegan a la escuela?; ¿serán sujetos que desde temprana edad tendrán que demostrar a toda costa que merecen estar y los que no lo logren “repetirán”?; o más bien ¿sujetos con tiempos y ritmos tan personales en sus aprendizajes que desafiarán los saberes de los docentes para estar a la altura de lo que
necesitan?



Andando por las escuelas muchas veces escuchamos “estos niños tienen dificultades de aprendizaje”, sin embargo pocas veces se escucha “estos docentes tienen dificultades de enseñanza”. ¿Cuánto necesita saber un docente o una docente para guiar esos procesos de adquisición de las competencias que la lectoescritura requiere? La empresa es de tal complejidad que las más de las veces resulta desalentadora cuando no se cuenta con un buen acompañamiento pedagógico.



Por
todo esto bienvenida sea la posibilidad de acompañar a los niños y las niñas en sus procesos de aprendizajes sin estigmatizarlos con el ” debe recursar primer grado”. Y digo acompañar en el sentido pedagógico más profundo, entendiendo que cada uno de nosotros somos únicos en los caminos de la construcción de los saberes que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida. Y en este marco bienvenida sea la decisión política de la Res. CFE
Nº 174 /12
de favorecer una trayectoria escolar más inclusora y que mira más a los niños y a las niñas en sus propias necesidades del proceso formativo. Solo los bendecidos que hemos visto como unas manitas comienzan ha realizar sus primeras letras y números, sabemos del
milagro y del tremendo esfuerzo que esto implica para cada pibe y piba.



(*) profesor. DNI 20.090.607