Martes, 17 Julio, 2012 - 08:00

A cuatro años del voto "no positivo" de Cobos

El 17 de julio de 2008, el entonces vicepresidente de la Nación desempataba en contra del oficialismo la votación en el Senado por las retenciones móviles.

Crónica de una dura pelea que jaqueó los primeros meses de Cristina Kirchner en el Gobierno



Fue una larga y extenuante jornada, que tuvo al país en vilo y que terminó de una forma tan inesperada como casi nunca antes había ocurrido en la política argentina. A las 4:25 de la mañana, y después de balbucear justificaciones frente al micrófono, el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, anunciaba su "voto no positivo" en el desempate en el Senado de la votación sobre el proyecto de retenciones móviles, y le asestaba al kirchnerismo el primer gran golpe desde su llegada al poder en 2003.



Con esa sorpresiva definición se ponía punto final a 126 días de conflicto entre el Ejecutivo y el denominado "campo", que terminó por dividir a la sociedad toda y que significó un antes y un después para el gobierno nacional y para la política argentina del siglo XXI.



Casi siete meses antes, Cristina Kirchner había llegado a la Presidencia con más del 46% de los votos, y había tomado la posta de su marido, Néstor Kirchner, que dejaba el gobierno con altos porcentajes de popularidad, y con un Congreso en el que contaba con mayoría en ambas Cámaras, y la casi garantía de gobernar sin obstáculos. Algo que iba a cambiar a partir de aquella madrugada.



El anuncio de Lousteau dispara las protestas

Las relaciones entre el kirchnerismo y el campo nunca habían sido las mejores, más allá de una luna de miel en los primeros meses de gestión de Néstor Kirchner, cuando tuvo un fuerte acercamiento con la Federación Agraria, fundamentalmente. Pero el aumento de los precios de los commodities y las buenas cosechas evitaba cualquier tipo de fractura.



Sin embargo, el viernes 11 de marzo de 2008, todo cambió. Luego de dos días de bloqueos a los puertos por parte de productores agropecuarios, en protesta por la prohibición de exportar trigo, el entonces ministro de Economía, el joven Martín Lousteau, anunciaba un nuevo esquema de impuestos para la venta al exterior de soja, girasol, trigo y maíz, cuya tasa variaría de acuerdo al precio internacional de esos granos.



La reacción de las entidades agrarias no se hizo esperar. "Nuevamente no se les dio a los productores la posibilidad de opinar ni de consensuar, es decir que esta decisión es inconsulta y unilateral. Además, bajo el pretexto de atenuar la sojización se recurre a medidas fiscalistas y recaudatorias", declara Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria, minutos después del anuncio del Gobierno.



Dos días después, el 13 de marzo, las cuatro entidades del campo que integran la incipiente Mesa de Enlace agropecuaria lanzan una huelga comercial que incluye bloqueos a puertos y rutas en varios puntos del país.



Las aguas comenzaban a agitarse: el Gobierno y el campo se lanzaban acusaciones mutuas que tensaban aún más la relación. El 20 de marzo, el sindicato de Camioneros que lideraba Hugo Moyano, por entonces aliado del kirchnerismo, envía representantes a los bloqueos para forzar a los productores a permitir el tránsito del transporte.



Los "piquetes de la abundancia"



La persistencia de los cortes comienza a sentirse en los comercios del país, donde empieza a notarse la falta de carnes, verduras y lácteos, fundamentalmente. Mientras tanto, el sector agropecuario anuncia que la medida es "por tiempo indeterminado".



El 25 de marzo se produce la primera reacción política fuerte del Gobierno. La presidente Cristina Kirchner da un duro discurso, en el que asegura: "No me voy someter a ninguna extorsión". Califica la protesta como "los piquetes de la abundancia". "Son sectores que no piensan ni cambiar ni entender", afirma.



Las palabras presidenciales generan una fuerte reacción de sectores no vinculados directamente con el agro: se producen en la Capital Federal una serie de cacerolazos que, pese a no ser demasiado numerosos, tienen un fuerte contenido político.



Con el correr de los días, el conflicto ya involucra a toda la dirigencia política. Gobernadores e intendentes toman partido, y se comienzan a producir las primeras fracturas. Hermes Binner, mandatario de Santa Fe, pide anular la suba a las retenciones. Plantea el pedido en un documento que firma junto a intendentes santafesinos. Sergio Uribarri, desde Entre Ríos, defiende a Cristina Kirchner y José Alperovich en Tucumán llama al diálogo; Alberto Rodríguez Saá pide a la Presidente que "deje la soberbia de lado".



Un diálogo de sordos



Los bloqueos se profundizan, y la Presidente pide al campo que levante las protestas como condición para establecer canales de diálogo. El 28 de marzo los cortes comienzan a suspenderse, se arma una mesa de negociación, pero fracasa rápidamente por la intransigencia oficial de modificar el esquema de retenciones. El campo vuelve a las rutas.



Mientras tanto, el Gobierno anuncia compensaciones para los pequeños productores, que quedan a partir de allí exentos del pago de retenciones. Sin embargo, las entidades del campo piden "cautela" y deciden continuar con las protestas.



El mes de abril comienza con una convocatoria de agrupaciones sociales y políticas afines al Gobierno para un acto en Plaza de Mayo, mientras que las entidades agrarias anuncian la suspensión de la huelga por 30 días. El Ejecutivo, en tanto, presenta una denuncia penal por los bloqueos de rutas.



Tras una reunión que se lleva a cabo el 17 de abril, las entidades agrarias se comprometen a garantizar la circulación para asegurar el abastecimiento y provocar una baja en los precios de los productos de primera necesidad, que habían aumentado durante el primer mes del conflicto.



Pese a una tregua, el 2 de mayo las entidades retoman las protestas, aunque sin bloqueo de rutas. Tras una nueva reunión, aseguran que el Ejecutivo admitió que hubo errores en la aplicación del nuevo esquema impositivo, lo cual es desmentido horas más tarde por las autoridades.



Un día después, el 7 de mayo, la Mesa de Enlace provoca un nuevo cese en la comercialización de granos para la exportación por una semana, que luego se extenderá hasta el 21 de mayo.



En medio del hastío generalizado por el conflicto, el Gobierno y el campo retoman el diálogo el 23 de mayo, que culmina como las anteriores reuniones: optimismo oficial y una clara disconformidad de la dirigencia agraria.



Dos días después, el campo da una contundente muestra de poder: en un acto en Rosario, unas 300 mil personas reclaman por la eliminación del nuevo sistema de retenciones móviles, encuentro del que participa buena parte de los dirigentes políticos de la oposición. Tras el acto, el Gobierno decide romper el diálogo con las entidades agropecuarias.



Dura derrota en el Congreso



Tras una serie de anuncios, el 17 de junio Cristina Kirchner da un golpe de efecto y cambia el eje de la discusión: anuncia el envío al Congreso del proyecto de suba de retenciones, tal como era uno de los reclamos del campo.



A partir de allí, comienzan las negociaciones con los diputados y senadores de cada sector político, aunque el augurio inicial era que el Gobierno obtendría un triunfo legislativo por la mayoría que detentaba en ambas cámaras.



El 5 de julio, el kirchnerismo logra media sanción en Diputados, con una votación que termina con 129 votos a favor y 122 en contra. La discusión se traslada al Senado.



Sólo 11 días separaron el triunfo en la Cámara baja del oficialismo con la madrugada del "voto no positivo" de Cobos. Aquel 16 de julio el Congreso amaneció cubierto de manifestantes, de uno y otro sector que, como todo el país, siguió por televisión el largo debate que se realizó en la Cámara alta.



Todo hacía prever un triunfo oficialista, y a las 10 de la noche, el kirchnerismo contaba con 37 votos a favor contra 35 de la oposición. Sin embargo, algo cambió en el medio, y el radical Emilio Rached anunció que votaría en contra, cuando el jefe del bloque kirchnerista lo tenía como un seguro aliado.



Tras 18 horas de debate, la votación marcó una igualdad en 36. Y la pelota quedó en los pies de Julio Cobos. Fueron 6 minutos y 12 segundos en los que Cobos argumentó su decisión, por momentos balbuceó palabras, pidió "perdón" si se equivocaba, y habló de la institucionalidad de lo que el corazón le marcaba. A las 4:25 de la madrugada del 17 de julio, anunció que su voto no era "positivo", y desató los festejos del sector agrario y de la oposición política.



Lo que vino después es historia conocida: Cobos se convirtió en un enemigo íntimo del Ejecutivo, que lo trató de traidor tantas veces como pudo; el Gobierno tambaleó durante varios meses, y hasta sufrió un duro revés electoral en los comicios legislativos de 2009. La oposición se reacomodó, entre acuerdos y alianzas que incluyeron a senadores y diputados que dejaron el kirchnerismo tras el conflicto.



Pero fundamentalmente, el conflicto del campo terminó por enfrentar al Gobierno con las entidades agrarias, en una disputa con diferencias insalvables, y con heridas que, a cuatro años del "voto no positivo" de Cobos, aún siguen sin cicatrizar.
Fuente: 
Infobae