Domingo, 15 Julio, 2012 - 09:58

A quién le habla Cristina

Viene sorprendiendo el tono coloquial con el que la Presidenta habla por cadena nacional. “El pelado ése...”, por el ministro de Economía español, esta semana.

“Hay Cristinitas y también hay uno de El, con alitas; es algo soñado...”, sobre los muñecos de ella y su marido, la semana anterior. O “me daba cosita”, con los cerdos que le recordaron a Babe, la semana previa a la pasada.



También la kinestesia de la Presidenta se percibe desatada. Llamó la atención cuando bailó ritmos tropicales en Angola, lo que repitió este jueves en la inauguración de Tecnópolis 2 con bailarines del Carnaval de Gualeguaychú. Y fue la propia Presidenta quien llamó a la comparsa para que se acercara y se sumara a ella mostrando una seguridad escénica típica de quienes cruzaron umbrales de autoestima a los que pocos acceden.



Ese desparpajo oral y gestual puede ser otra forma de expresar la misma sensación de fortaleza que la lleva a enfrentar sin miedo y simultáneamente la estatización de YPF, el cepo cambiario y el enfrentamiento con Moyano, o mandar a Scioli al infierno aunque tenga que enviar a la provincia de Buenos Aires al purgatorio.



Probablemente esta forma de hablar sea la que Cristina Kirchner tuvo siempre con sus íntimos y hoy se la permita en la esfera pública al sentir que ya no precisa más impostar una autoridad presidencial que le sobra. Con la misma lógica, quizá también siempre quiso que YFP fuera estatal, sacarse de encima a Moyano y a Scioli, o mandar al ostracismo a los Eskenazi y otros amigos del marido, pero recién ahora puede darse el gusto.



La intensidad expresiva no sólo se destaca cualitativamente por el tono coloquial de sus dichos y movimientos. También por lo cuantitativo: acaba de batir el récord de uso de la cadena nacional, con tres días en una semana.



Todo tendría que ser el producto de una sensación de infalibilidad que emane de tener de su lado las dos armas más poderosas: la de la razón y la del bien. La de la razón, por su convencimiento de que las medidas que toma vienen siendo las más acertadas. Y la del bien, por la seguridad de estar favoreciendo a los más pobres confiriendo a sus acciones atributos morales. Quizá la ayude releer lo que Wittgenstein escribió sobre la certeza y la diferencia entre saber y creencia.



¡Crisis ya! La verborragia expansiva sorprende más a quienes no aprueban la gestión de la Presidenta, no la votaron en el pasado ni piensan votarla nunca en el futuro, por el contraste entre la alegría gubernamental y la sensación de caos terminal que les producen las malas noticias que reciben de la economía y la inseguridad.



Para ellos, Cristina Kirchner perdió el sentido de la realidad, retroalimentando así su propia idea de que es inminente una hecatombe económica y social.



Con humor, la revista Barcelona tituló su tapa: “¡Crisis ya! Los argentinos reclaman que el país, si va a explotar, explote cuanto antes. Prefieren ‘que se pudra todo de una vez’ en lugar de ‘seguir esperando que en algún momento se vaya todo a la mierda’”.



En el discurso del miércoles, donde repartió palos para “el pelado ése” y para Scioli por “no trabajar ni gestionar y hacer operaciones”, la Presidenta cargó contra uno de los dueños de la inmobiliaria Toselli. El hombre se había quejado en el diario Clarín porque, debido a la pesificación de las operaciones con propiedades, a su inmobiliaria “ni siquiera los curiosos entran a preguntar”. Y la Presidenta lo castigó divulgando que esa inmobiliaria no presentaba las declaraciones juradas de impuestos en la AFIP.



Mucho ya se escribió sobre la utilización de la AFIP para perseguir a críticos y opositores y que la Presidenta cargó contra Toselli para amedrentar a futuros “quejosos”. Pero hay una crítica que faltó: ¿cómo una inmobiliaria de renombre, que publica avisos todos los días en los principales diarios, puede no presentar su declaración jurada de impuestos durante cinco años seguidos (desde 2007) sin que la AFIP la haya obligado a ponerse en regla y recién reaccione cuando la Presidenta investigó? Con sistemas tan frágiles resulta inimaginable que el Estado pueda hacer “sintonía fina” interviniendo en la economía de manera eficaz.



En los críticos al Gobierno hay tanta pasión que a veces se pierde de vista lo esencial. La misma pasión que hizo ver a Moyano bueno hace unas semanas y ahora a Scioli como un estratega genial.



Filosofía punk. ¿A quién le habla Cristina cuando habla? Por momentos parece que tanto como a Moyano, a Scioli o al presente, le habla a la gloria, a ella misma y a la historia.



En Tesis sobre la filosofía de la historia, Walter Benjamin se refiere a la falta de envidia general de todo lo presente respecto de su futuro: “La imagen de felicidad que cultivamos se encuentra teñida por completo por el tiempo al que el curso de nuestra propia existencia nos ha confinado”. Y recomendaba a todo aquel que quisiera revivir una época quitarse de la cabeza todo lo que supiese del curso posterior de la historia.



Es probable que Cristina Kirchner le hable al futuro y se sienta más allá de todo. Pero le será difícil alcanzar una reforma constitucional. El fracaso en la búsqueda de obtener los dos tercios necesarios para nombrar a Reposo como procurador fue una señal de esas dificultades.



Benjamin cuenta que “a los judíos les estaba prohibido investigar el futuro, la Torá y la plegaria los instruyen, en cambio, en la rememoración. Esto los liberaba del encantamiento del futuro al que sucumben aquellos que buscan información en adivinos”.



Cristina Kirchner no precisa esos consejos. Ella es devota de la filosofía punk: sólo existe el presente.
Fuente: 
Perfil.