Domingo, 15 Julio, 2012 - 09:36

Límites claros a la misión del FMI y el BM

En el tercer trimestre de este año llegará al país una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial con el propósito de desarrollar una evaluación conjunta del sistema financiero.

Aún no se conocen los detalles de la conformación de la delegación ni del tiempo que se quedarán pero sí existe una certeza dentro del gobierno argentino: su tarea será de carácter estrictamente técnica y circunscribirán su trabajo a la revisión del sistema financiero como parte de un compromiso más general al que arribaron los países del G-20, entre los que se encuentra la Argentina.



El grupo de especialistas del FMI analizará junto a los funcionarios de Economía y el Banco Central la solidez del sector financiero y el "riesgo", es decir, la capacidad del sistema y de los bancos, en particular, de responder a una situación crítica. Para ello van a evaluar los números del Central y de la banca local, que en la jerga se conoce como un "control de estrés", para confirmar que exista una correlación entre los niveles de depósitos, los préstamos y los encajes que denuncia la autoridad monetaria.



Es importante destacar el carácter "técnico" de la misión del FMI porque la década larga de los 90, durante las gestiones de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, los controles del Fondo se transformaron en mecanismos solapados (y a veces no tanto) de coadministración de la política económica.



Para los desmemoriados basta recordar que por entonces los burócratas (en el sentido estricto de la palabra) del Fondo realizaban un monitoreo integral de los principales indicadores macroeconómicos; inflación, cuenta corriente, fiscales, entre otros tantos. Sin embargo, las visitas se convirtieron en verdaderos eventos circenses en los que los hombres de gris del FMI adquirieron un protagonismo político y mediático inusitado.



Además de revisar con lupa cada uno de los grandes indicadores, también recorrían los pasillo del Ministerio de Economía y opinaban de la situación socioeconómica del país como si se tratara del patio trasero de su casa al que debían limpiar. Los diarios de la época, en su doble condición de testigos y cómplices de ese triste época del país, relataban en sus crónicas los momentos de tensión que se vivieron a finales de noviembre de 1997 cuando el entonces director del FMI, el argentino Claudio Loser, desmintió públicamente al también ministro de Economía, Roque Fernández, quien había anunciado públicamente un preacuerdo con el organismo sobre el documento definitivo.



El Fondo no sólo hurgaba minuciosamente los números de la economía argentina sino que también se daba el lujo de burlarse de los funcionarios argentinos y guardarse para sí y resolver de forma unilateral la aprobación de un convenio.



En su edición del 30 de noviembre de 1997, el diario Clarín señalaba en un título: "Aun no hay acuerdo con el FMI", y aclaraba en su bajada que "falta que (el Fondo) apruebe el Presupuesto 98".



El gobierno argentino ni siquiera tenía el poder soberano de determinar de qué modo distribuía los recursos provenientes del pago de los impuestos que pagaban los propios argentinos. Sin embargo, el problema central no residía ni en el show mediático-político ni en la lectura de los números sino en las políticas que el gobierno argentino tomaba como resultado de las presiones que ejercía el FMI después de analizar los números.



La Argentina era, como dice el dicho popular, un convidado de piedra en una relación bilateral cuyos costos sociales y económicos los asumía de forma integral el pueblo argentino.



Los recortes del gasto público que redujeron al mínimo la participación del Estado en la economía y en la política social y terminaron destruyendo también el poder contralor del sector público sobre los grandes poderes económicos. Además, el proceso de privatización, que consolidó la entrega y transferencia de las empresas a grandes compañías trasnacionales europeas, siempre contó con el empuje y el aval de los grandes organismos financieros internacionales. El rol del Banco Mundial fue distinto. En lugar de hacer un seguimiento de los indicadores económicos se dedicaba fundamentalmente a establecer menús de inversiones en infraestructuras que estaban dirigidos a consolidar un modelo de desarrollo económico más apropiado a sus intereses que al diseño de un modelo de país de los argentinos. En 2003 se produce una ruptura de esta visión "fondodependiente" que se hace efectiva con la decisión que tomó a finales de diciembre de 2005, cuando saldó con reservas la totalidad de la deuda de U$S 9810 millones que la Argentina mantenía con el Fondo.



La liquidación de la deuda le dio a la Argentina la oportunidad histórica (este calificativo no es exagerado si se toma en consideración que el programa económico K recién empezaba a consolidarse) de distanciarse más del neoliberalismo y tomar una prudente distancia del propio Fondo Monetario.



Este breve marco de la historia reciente permiten entender también por qué en el gobierno se apresuraron ayer a formular dos aclaraciones: "No está previsto que la Argentina salga a tomar deuda en los mercados internacional (ver pág. 17) ni tampoco vamos a volver a un sistema de monitoreo como vivimos en la década de 1990. "Hoy nosotros no somos España que nos dicen que tenemos que hacer en materia de política macroeconómica", subraya el economista de la Universidad de San Martín Enrique Dentice.



De hecho, la idea del equipo de económico de Cristina Fernández de Kirchner es tratar avanzar en una política "inteligente" con los organismos financiero para evitar que exista sobre el país una cerrazón política que agrave más las consecuencias socioeconómicas de la crisis global.



"Se trata de una misión técnica especializada pero no tienen nada que ver con las visitas de supervisión de los 90 porque la Argentina no debe someterse a las supervisiones, porque el país no tiene un programa de crédito", puntualizó un alto funcionario del Palacio de Hacienda que conoce muy de cerca la situación.



Sin embargo, los funcionarios y algunos economistas argentinos están tranquilos porque consideran que el sistema financiero local va a pasar sin dificultades las pruebas de estrés del FMI y el Banco Mundial.



"El sistema financiero está sólido porque los bancos pueden cubrir todas las posiciones de créditos y cumple con los niveles de reservas (en torno a los U$S 47 mil millones) que establece el Banco de Basilea", puntualiza Dentice.



Juan Carlos Fábrega, presidente del Banco Nación, la entidad más importante de la Argentina, va incluso más allá. "No hay nada más sólido en América Latina que el sistema financiero argentino." Y acota: "La Argentina tiene un nivel de liquidez excelente, tiene un nivel de rentabilidad muy interesante y una colocación de crédito formidable con niveles de morosidad muy bajos, y todas las posibilidades de seguir creciendo". Más allá de las evaluaciones, la relación actual es una muestra clara de que la Argentina se puso los pantalones largos.
Fuente: 
InfoNews.