Viernes, 13 Julio, 2012 - 13:57

"Efecto Ford Falcon"
Argentina se atrasa en tecnología y se pagan como nuevos equipos que ya no se venden afuera

En otros países, el recambio tecnológico hace que los modelos bajen de precio. En Argentina sucede algo "extraño": hay pocas marcas, ofrecen lo mismo que hace un año y más caro.

La Argentina decidió, desde hace ya un buen tiempo, amurallar sus fronteras para evitar el ingreso de tecnología importada y -de esta manera- fomentar la industria nacional.



Buena parte de la sociedad está muy de acuerdo con la idea de que el país fortalezca su industria.



No obstante, tal convencimiento comienza a tornarse un tanto difuso cuando se les pregunta a los argentinos cuánto estarían dispuestos a pagar de más por un producto, en relación a los precios de otros países. También, por cuántos meses o años aceptarían un sobreprecio en pos de contribuir al fomento de la industria nacional.



Posiblemente algunos validen abonar un 10% o un 20% más, un grupo más reducido un 30% o un 40%, y una minoría el 100 por ciento.



Y esta voluntad de acompañar la tecnología "Made in Argentina" divide aun más las aguas si ese sobreprecio debe abonarse por productos que ya se dejaron de vender en otras capitales, tras haber sido reemplazados hace tiempo por una serie de modelos que incorporaron mayores prestaciones.



Ahí es donde muchos que, en principio, se muestran a favor del desarrollo de la industria local, comienzan a verse invadidos por la duda.



Es que resulta todo un desafío querer competir con países que abastecen de patentes e innovaciones tecnológicas al mundo entero, y que cuentan con líneas de producción pensadas para fabricar cientos de miles de productos en un solo día.



En este sentido, Marcelo San Pedro, presidente de Epson, señaló en una entrevista con iProfesional.com algo que es un secreto a voces en la industria, si bien pocos se animan a decir: "Por un tema de escala es imposible competir con la producción del sudeste asiático. Ni siquiera Japón ha podido, con toda su capacidad tecnológica y robótica".



"Traer cuatro piezas y poner tres tornillos no es ´fabricación nacional´", recalcó el CEO de la firma.



Lo cierto es que el Gobierno decidió, hace tiempo, cerrar las puertas a las marcas y modelos que se exhiben en otras capitales del mundo para que, en cambio, los argentinos compren equipos locales.



Positivo BGH, Admiral, Philco o Ken Brown, son las etiquetas que hoy concentran casi toda la oferta de notebook y netbook.



Cada una de las firmas que las ensamblan produce, a su vez, un número muy limitado de modelos, lo que hace que los argentinos dispongan de poca variedad a precios más caros (ver detalles en nota:"Es lo que hay": en Argentina se imponen modelos únicos en productos electrónicos ante la falta de competencia importada).



TECNOLOGÍA ATRASADA


Precios de hasta el doble en comparación con los que se exhiben en otros países y reducida oferta de marcas y modelos describen el panorama de hoy día.



A esto se suma otro dato llamativo. Es sabido que el recambio tecnológico, que cada vez se acelera más, derrumba los precios de los modelos que van quedando viejos tras la irrupción de los nuevos.



Lo normal es que al año de ser lanzados ya cuesten entre un 30% y 50% menos. Eso no ocurre en el país. La falta de variedad y una "rueda poco aceitada" en cuanto a rotación de productos hace que los valores se mantengan.



Al mantenerse, ocurre lo previsible: los modelos "atrasados" en Argentina resultan ser sustancialmente más caros que los equipos "nuevos" que irrumpen en el mundo, claro está, sustentados en mayores prestaciones.



"La decisión del Gobierno de frenar la importación dio paso a lo que se dijo mil veces: una oferta chica de marcas poco conocidas globalmente y alejadas de lo que se ofrece en el mundo. Encima caras, al no haber competencia", asegura un reconocido analista del sector tecnológico.



"Otro aspecto a considerar es que las cadenas desarrollaron sus propios modelos, básicamente para el mercado interno. Entonces, centran sus esfuerzos en vender lo que ellos desarrollan", agrega.



Pero más allá del faltante y la estrategia de cada retail, lo que despierta polémica es la antigüedad de la tecnología que se ofrece, por la que debe pagarse más.



"Si uno repasa lo que muestran cadenas como Frávega o Garbarino encuentra, por ejemplo, equipos con procesadores Pentium o Atom siendo que en el exterior ya van dos generaciones adelantados", detalló a iProfesional.com el titular de Green Computers, un punto de venta y asesoramiento técnico de Caballito.



Y agrega: "Mientras que en Estados Unidos comprás una portátil con procesador i5 o i7, acá ‘renegás´ con un Pentium o un i3. Y el equipo de acá es más caro".



"¿Cuánto hace que una marca de vanguardia internacional no comunica el lanzamiento de una novedad, tal como se ve en otras ciudades? Los únicos anuncios el último año han sido de firmas instaladas en el sur. Y de modelos que sólo se ofrecen en Argentina. Fuera de eso, ningún gigante tecnológico retomó su antiguo ritmo de lanzamientos a nivel local", añade.



LA "NOVEDAD" DEL MODELO VIEJO

En un intensivo trabajo de relevamiento, este medio indagó sobre las características de los pocos modelos que hoy por hoy componen la oferta argentina.



En esa dirección, este medio dio en Frávega con un equipo portátil de Lenovo (G470), dotado con un procesador Intel i3 (que ya no se usa más en el mundo) y con 4GB de memoria RAM y un disco rígido de 500 GB. Se comercializa a un valor de 4.700 pesos.



En Compumundo también se encuentran "curiosidades".

La notebook Asus K53E en la Argentina se vende con un procesador que ya no se usa más en el mundo (Pentium B950) comparado con el incluido en las versiones que vieron la luz en las góndolas europeas y estadounidenses (Core i5).



Pero, además de esta diferencia de hardware, lo que vuelve a sorprender es el precio del equipo.



En Europa fue presentado hace un año (julio 2011) a un precio que llevado a moneda nacional era de $2.700.



Al igual que en los otros casos citados, la lógica indica que debería haber bajado de valor. Pero no fue así.



Lo cierto es que hasta hace un mes costaba un 40% más ($3.800). La "oferta":



PAGAR MÁS POR MENOS


Pero los precios tan elevados que se pagan en Argentina -que para revertir esta realidad deberá pelearle nada menos que a la escala que ofrecen otros países a nivel global- toma mayor dimensión si se amplía un poco la mirada.



Por ejemplo, si se compara con lo que ofrecen portales de compra como Best Buy, que publican minuto a minuto lo último en lanzamientos en el primer mundo.



En ese sentido, dieron con equipos como la Samsung NP (550P5C) que incorpora procesadores como el nuevo Core i7 de tercera generación, memoria RAM de 8 GB, y 750 GB de disco rígido.



¿El precio? con impuestos incluidos resulta ser de casi 4.300 pesos. Es decir, el equipo dispone de mayores prestaciones y es más económico:



También es posible ubicar un dispositivo Toshiba (P755-S5120), que incluye el procesador Core i7 pero de segunda generación, 8 GB de RAM, disco de 750 GB, y pantalla de 15,6 pulgadas.



El valor de venta, con impuestos: poco más de 3.200 pesos.



UN ESCENARIO PREVISIBLE

Al momento de analizar estas diferencias, analistas como Enrique Carrier, director de Carrier & Asociados, apelan a una expresión ya común entre los expertos: "Es lo que se veía venir".



"No tiene que ser una sorpresa. En la Argentina ya vivimos algo así hace unas décadas y pasó exactamente lo mismo. Tenés poca variedad, te vas alejando del mundo y los valores suben", señala el experto.



Al igual que el presidente de Epson deja abierto un par de interrogantes: "¿Cómo va a hacer un fabricante local para competir en base a producir en escala con firmas que están presentes en todo el mundo?. En consecuencia, ¿cómo va a poder bajar los precios?".



El analista asegura a este medio que "lo que se visualiza, más allá del faltante, es la comodidad para los que producen acá. Les cerraron el mercado para ellos, les entregaron beneficios impositivos. Pero claro, luego entraron en juego otras variables que impiden que los nuevos productos que se hacen en Tierra del Fuego sean más baratos".



También hace referencia a lo insólito que resulta haber elegido como polo tecnológico justamente a la provincia más alejada de los centro de consumo, lo que implica trasladar todo a esa isla para luego volverlo a transportar.



"Lo que sucedió es que aumentaron mucho los costos de fletes como así también la mano de obra. Encima, se concentra la fabricación en el extremo más austral del país. Deben pagarse altos salarios para que la gente elija ese destino para trabajar y la escala es muy baja comparada con la de otros países. Todo esto hace que la tecnología no pueda ser barata", afirma Carrier.



Y sostiene que los resultados que se ven no son más que los buscados por los intereses nacionales del sector tecnológico.



"No había intenciones de hacer una industria competitiva, si no todo lo contrario, más bien cerrada. Y es lo que se logró. A partir de ello y con las medidas implementadas no se hizo otra cosa que alimentar el mercado microimportador", argumenta.



Y concluye: "Ahora es cada vez más común ver a los argentinos volviendo al país con una iPad, una notebook o un smartphone. Escenarios como el actual no harán más que consolidar todavía más este tipo de prácticas".





Por ahora y hasta que ello ocurra -si alguna vez sucede- habrá que resignarse a pagar de más por muchos equipos que ya dejaron de ofrecerse en el mundo.
Fuente: 
Iprofesional