Viernes, 13 Julio, 2012 - 13:25

Correo de nuestros lectores
Una agenda amplia

Tras su reelección al frente de la CGT, el discurso de Moyano comportó, al menos, tres novedades.

En efecto, nada de novedoso podía esperarse sobre su relación con el Gobierno, desde hace tiempo ya encaminada a una ruptura definitiva y así plasmada –más o menos emblemáticamente- con el paro de Camioneros para la distribución de combustibles primero; y con el paro y movilización a Plaza de Mayo del miércoles 27 de junio, después.



Desde esos días y a la fecha, oficialistas y opositores, dieron por descontado que, tras la presumible reelección del líder camionero al frente de la CGT, a pesar de la impugnación del Ministerio de Trabajo, era de esperar solamente un discurso similar al del mes pasado; esto es, la reiteración del reclamo por el mínimo no imponible, por el tope a la asignación familiar por hijos, por la deuda del gobierno para con las obras sociales y la crítica a la cerrazón del ejecutivo a escuchar y responder al mundo gremial.



De hecho, la prensa nacional insistió en ello al mismo tiempo que barajó diversas hipótesis sobre presuntos desenlaces posteriores; hipótesis que tenían más que ver con los pasos que seguirían los antimoyanistas que con la suerte del camionero. Moyano, en cierto modo, ya había perdido gran parte de su poder, y la gradual fuga de gremios a las filas opositoras lo debilitarían aún más. Este fue el análisis que se transmitió, de modo que no habría ninguna novedad sustancial por esperar tras su reelección.



Sin embargo, no fue así.

La primera novedad que introdujo Moyano en su discurso, fue la de denunciar abiertamente lo que entendió como una brutal injerencia del gobierno en el seno de las organizaciones gremiales; no lo hizo con la tibieza de algunos referentes de la oposición sino con la contundencia de lo que pareció ser una cruzada personal devenida luego en una postura colegiada.



"Hoy va a quedar, en las páginas de la historia del movimiento obrero organizado, como un día sumamente especial. Porque se ha hablado tanto de este día, se han intentado tantas cosas para impedirlo, se ha presionado tanto y se ha apretado tanto a las organizaciones gremiales, que algunas, que no aguantan el saco cuando hace calor, no pudieron venir. Jamás en la historia, ni con gobiernos militares o civiles, trató el gobierno de incidir en las organizaciones gremiales. Cada uno de los Ministros, desde el de Educación, desde el de Trabajo, de todos los ministerios, trataron de impedir que las organizaciones gremiales participen. Cada uno de los funcionarios, presionaron, apretaron, hicieron lo imposible para evitar que vengan y que no tengamos quórum. Hicieron lo imposible para evitar que este congreso se lleve adelante.”



Fue inteligente porque –sin mencionar su estrecha relación de antaño con el kirchnerismo- supo instalar una señal de alarma no tanto en los dirigentes opositores sino en la masa de afiliados de los distintos gremios, presentes o ausentes, porque -de última- fue como decirles que el gobierno no puede ser parte y contraparte, que los movimientos obreros, junto con sus líderes, tienen su propia identidad y que, por naturaleza, deben defender las banderas de siempre; y que eventuales gremialistas afines al gobierno no son un buen presagio para el asalariado; y –más grave aún- que un gobierno que prefiere a un sindicalista por sobre otro, lo que hace es confesar que busca su propio beneficio y no el del trabajador.



La segunda novedad que introdujo Moyano consistió en la incorporación de algunos temas sensibles para el Gobierno y -especialmente- para la sociedad argentina.

La marcada alusión, por ejemplo, a la inflación, fue uno de ellos.



Y es que, hasta ahora, el acento nunca lo había puesto en la caída del poder adquisitivo por efecto directo del creciente proceso inflacionario. Hablaba sí del mínimo no imponible como un impuesto injusto que privaba al asalariado de contar con más dinero para enfrentar el mes, y más de una vez criticó al Indec e insistió en que la verdadera inflación se manifestaba en las compras que se hacían en los supermercados. Pero nunca como en este discurso.



"Es insostenible ya el tema de la inflación, es insostenible; y se hace más aún insostenible porque hay que discutir los salarios; los salarios con los empresarios y los salarios con el Estado, que se queda con parte del salario del trabajador porque no aumenta el mínimo no imponible. Es un tema que el gobierno tiene que encontrar una solución en forma inmediata, porque los trabajadores ya no pueden soportar más."



De otro lado, con la mención de la inseguridad, aludió a otro tema por demás incómodo para el Gobierno y uno de los más significativos para la gente.



La inseguridad, "que ya ha atemorizado de tal forma a la sociedad que trata por todos los medios de encontrar la solución, una solución que el estado le debe dar y no le da. Es tema importantísimo que los trabajadores lo vamos a tener en nuestra agenda."





Recordar que el Estado es el primer garante de la seguridad ciudadana y que no tiene excusas para no dar respuestas efectivas, fue como echar por tierra todo relato político, orientado a disimular un mal que ha ido creciendo, hasta el punto de convertirse en una de las primeras preocupaciones vitales de la sociedad.



Y la tercera novedad, seguramente la que más impactó políticamente en el seno del Gobierno, la expresó diciendo que "si no hay respuesta del Gobierno tendremos que repensar los votos del año que viene. La respuesta de los trabajadores tiene que ser en las urnas. Vamos a ver qué ocurre sin el apoyo de los trabajadores".



Sobre esto, es una obviedad que buscó contestar dos argumentos esgrimidos a diario por el Gobierno. Por una parte, la calificación de “destituyente” aplicada a Moyano. Aquí, la respuesta del camionero buscó transmitir el mensaje de que no son golpistas sino que, en todo caso, será a través de las urnas un eventual recambio de legisladores, más dispuestos a oír los reclamos sociales y gremiales. Por otra, a la reiterada alusión del kirchnerismo de haber logrado el 54% de los votos, le recordó que una parte importante de esos sufragios provino del mundo laboral.



Es prematuro aventurar algún pronóstico sobre cómo devendrán los hechos de aquí en más. Por lo pronto, queda la sensación de que el discurso de Moyano ha interpelado cierta y duramente al gobierno central pero, fundamentalmente y no con menor fuerza, a todo el peronismo en general, al recordarle una de sus banderas fundacionales: la defensa de los derechos de los asalariados.



Y, de otro lado, es presumible que los gobernadores –de ahora en más- deberán prestar mayor atención al mundo gremial si es quieren evitar, ante alguna coyuntura, la escalada de conflictos sociales, porque si bien hoy se está ante una CGT notablemente menguada en el número de gremios que adhieren a ella, no es un dato menor que es más homogénea y, por lo tanto, seguramente más propensa para salir a avalar cualquier conflicto local que se pueda dar en las provincias.