Domingo, 8 Julio, 2012 - 09:41

Aseguran que el país está mejor preparado para la crisis que durante el 1 a 1

El incremento en consumo de servicios públicos, la actividad económica en el mercado interno y las estimaciones de un mayor PBI que el de 2011 serían la pauta.

La menor actividad económica que se registra como consecuencia de la actual situación internacional poco tiene que ver con los efectos sufridos durante la Convertibilidad cuando se deterioró sensiblemente el tejido social y productivo.



Algunos indicadores recientes revelan una menor expansión de la economía. Sin embargo, frente un pasado como el de nuestro país, marcado a fuego por décadas de neoliberalismo –con tragedias hiperinflacionarias, años de apreciación cambiaria y venta de activos públicos– resulta conveniente ubicar en esa perspectiva los efectos de la crisis internacional vigente sobre la economía doméstica.



A diferencia de los noventa, hoy las condiciones para enfrentar los embates de la inestabilidad de los mercados son radicalmente opuestas. Un informe reciente del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP) releva algunos datos que dan cuenta de lo alejado que se presenta el escenario recesivo previsto desde algunos sectores para los próximos meses, aun en el complejo contexto actual.



En mayo, el consumo de servicios públicos creció un 7,5%, las ventas en supermercados subieron el 22,2%, un 19,5% en shoppings, mientras que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró un incremento del 7% en el acumulado de los últimos 12 meses. Además, la estimación provisoria del PBI del primer trimestre de 2012 presentó un crecimiento del 5,2% con respecto a igual período del año anterior.



“Durante la Convertibilidad, hubiera sido imposible pensar siquiera en una mínima atenuación de la crisis. Recordemos que cualquiera de ellas, como en su momento fue la rusa o la mexicana, tenían altos niveles de impacto doméstico haciendo tambalear todos los indicadores económicos, lo que revelaba la fragilidad de la economía de los noventa”, afirma a Tiempo Argentino Sergio Chodos, director del BCRA. Chodos asegura que, con los índices de riesgo país de entonces, era poco el margen de maniobra que se tenía para estar a resguardo de los efectos de la volatilidad de los mercados globales, “hoy la situación es radicalmente diferente. Sólo por mencionar el tema de la deuda, con los niveles casi inexistentes como los actuales es posible diseñar cualquier política contracíclica por disponer, precisamente, de la soberanía económica que no se tenía en aquel momento”, asegura.



En el mismo sentido, Federico Pastrana, docente de la UBA y miembro de AEDA, sostiene que el régimen macroeconómico argentino posee una fortaleza mucho mayor, en términos externos y fiscales, en comparación con la de la Convertibilidad: “La posibilidad de modificar el tipo de cambio, con el esquema de tipo de cambio administrado que poseemos hoy, da una flexibilidad que no era posible en los noventa, con la oportunidad de dejar apreciar o depreciar la moneda en función del propio interés”, afirma Pastrana.

“Es imposible imaginar hoy un escenario como el de la Convertibilidad, ni siquiera es lo que reclama la derecha, que apuesta por una devaluación”, advierte Claudio Katz, investigador del CONICET e integrante del grupo de Economistas de Izquierda (EDI). Para Katz, por lo tanto, discutir en estos términos es hacerlo con “un fantasma”, plantear un escenario que está absolutamente fuera de agenda, incluso para los sectores más concentrados y conservadores.



LOS DESAFÍOS

Parece claro entonces que, a diferencia de la Convertibilidad, donde las crisis externas impactaban en la Argentina por vía financiera, para los países emergentes hoy se presentan con fuerza a nivel comercial, con una importante caída en la demanda de los principales socios de la Argentina. “La demanda se compone esencialmente de dos partes: la externa y la interna. Si la demanda externa presenta una brusca caída, como se observa actualmente por la crisis, lo lógico sería trabajar sobre la doméstica, donde gasto público y medidas para fomentarla y apuntalarla resultan fundamentales”, afirma Alejandro Fiorito, economista, investigador y docente de del Grupo Luján, UNLU y UBA. Fiorito sostiene que, quizás, se esté sobre reaccionando ante una situación que, por el momento, se ha manejado correctamente. “Es central no perder de vista la importancia en el presente contexto de los gastos autónomos, como la AUH o las jubilaciones, y también los subisidios. Y por querer despejar los fantasmas de la restricción externa no descuidar el nivel de actividad”, apunta.



Fausto Spotorno, economista integrante del Estudio Orlando Ferreres & Asociados, considera que la crisis actual plantea interrogantes sobre la competitividad de la industria. “Argentina debería sincerar su tipo de cambio para enfrentar de mejor manera la crisis actual. Estamos hablando de una coyuntura donde los países más comprometidos, Estados Unidos y la Unión Europea, son grandes consumidores de productos industriales, no de productos primarios. Tan es así que la cotización de los productos agropecuarios no se ha modificado”, sostiene. Además, Spotorno advierte sobre el riesgo de las exportaciones, llamando a no confundir superávit con cantidad de ventas externas: “Es cierto que el país ha sostenido su superávit comercial, pero habría que ver qué tipo de exportaciones se realizan, y en qué cantidad. Me parece que en situaciones como la actual, no trabar importaciones que fomentan las exportaciones es fundamental y, además, deben priorizarse aquellas que permitan el sostenimiento de la actividad económica, sobre todo las que promuevan la competividad industrial.”



Sin embargo, Katz cree que pedir por un “sinceramiento” del tipo de cambio es, lisa y llanamente, hacer
que el costo de la presunta mayor competitividad que traería una devaluación termine recayendo sobre los asalariados: “El problema es que se adelantó la inflación, no que el tipo de cambio esté atrasado. Y, entre otros factores, los niveles de inflación actuales se explican por la baja tasa de inversión privada. El gobierno plantea el escenario internacional como justificación de la merma en la actividad, cuando existen factores endógenos, como el escaso disciplinamiento oficial a los empresarios”, explica.



“Políticas expansivas que permitan proteger al mercado interno y amortigüen el efecto de la crisis internacional sobre nuestro país y en especial, sobre los sectores más desprotegidos, resultan indispensables entre las políticas a priorizar a futuro”, agrega Pastrana.



MIRANDO LA ‘VERDEAMARELHA’


“A la Argentina deben preocuparle dos cosas: la cotización de la soja y la evolución de Brasil, de cuyo crecimiento dependemos para mantener un flujo comercial como el de los últimos años”, sostiene Claudio Katz. Para este año las proyecciones de crecimiento en el país vecino se ubican en un 2%, cuando en 2010 habían crecido al 7,5 por ciento. Brasil, en los últimos meses, pasó de un esquema de atraso cambiario, altas tasas de interés y expansión fiscal, a un aumento de su tipo de cambio, reducción de tasas y ajuste. La fortaleza del real frente al dólar tenía que ver, precisamente, con las altas tasas de interés establecidas por el Banco Central, que promovían el ingreso de capitales especulativos y presionaban al dólar a la baja. Si bien esta política logró contener los precios, el PBI brasileño se vio notablemente afectado y disminuyó su comportamiento exportador industrial, reprimarizando su economía.



Por Arturo Trinelli y Federico Schmalen.
Fuente: 
Tiempo Argentino.