Domingo, 8 Julio, 2012 - 08:48

"Vos confiá en la Jefa"

Le confieso, doctor, que últimamente ando como perdido. Una vez más. Quizá sea una condición crónica.

Me cuesta mucho encontrarles lógica a ciertas cosas. Y esta vez el problema quizá sea más grave, cada vez más grave. Porque miro la prensa oficialista –nuestra prensa–, los programas oficialistas –nuestros programas–, los políticos oficialistas –nuestros políticos–, me inyecto sus contenidos, pero sigo sin entender. Insisto. Estoy hablando mal de mí. El problema debo ser yo. Porque está clarito que el Gobierno tiene razón, y que todas sus políticas son excepcionales. O sea, algo que me está pasando. Necesito ayuda.



Que no se note.



Por Dios.



Que no se note que dudo.



Le voy a dar un ejemplo. Esto del dólar, que nos prohibieron a todos comprarlo, ¿usted lo entiende, doctor? Primero nos explicaron que era una medida contra los evasores. Era lógico que quien no tuviera la plata en blanco no pudiera comprar nada con ese dinero. No es que yo no tenga algo oculto, que lo tengo como todo el mundo. Pero primero la Patria, ¿no? Luego fueron cambiando las reglas hasta prohibir completamente el dólar. Yo me junto con los muchachos en el bar. Son todos re-K. Y se inflan el pecho. Es una batalla cultural, dijo la Jefa. Y todos repetimos orgullosos. Vamos a dejar atrás el dólar. Es una batalla cultural.



Y simulo.



Pero dudo, doctor.



Porque veo que nadie sigue el ejemplo de Víctor Hugo. Y mucho menos desde que el Gobierno –nuestros periodistas, nuestros medios, nuestro político por excelencia– nos prometió que había arreglado con los muchachos de las cuevas que el blue iba a estar a 5,10. Y nada. Pero dudo mucho más cuando veo que la construcción cayó como nunca. Ni siquiera en el 2009 había caído tanto. Y encima mis amigos anti K –me quedan uno o dos, perdón– me martillan la cabeza. Que esos son puestos de trabajo que se pierden, que todo por una medida demasiado brutal y a destiempo, que es todo un delirio, que la batalla cultural la estamos perdiendo por goleada. Parece lógico cuando dicen que si un sector muy dinámico de la economía se mueve en dólares, y se prohíbe el dólar de un día para el otro, ese sector se desplome. Pero como nosotros hemos sobrevivido a todo, seguramente lo que yo pienso está equivocado.



Igual no lo entiendo.



Eso es lo que me desespera.



No me animo a preguntar directamente. Porque puede ser que las otras personas tampoco tengan la respuesta. Y entonces se hagan unos silencios demasiado incómodos. O que simplemente me digan: “Vos confiá en la Jefa”. Sé que estoy un poco grande para, simplemente, confiar en la Jefa. Pero, últimamente, es la única certidumbre que nos dan. Porque, le juro doctor, miro nuestros programas, leo nuestra prensa, escucho a nuestros referentes, y me hablan de Scioli, de Macri, de Clarín, de Moyano, de Paraguay, del golpe de Estado.



Y de Lanata.



¡Se la pasan hablándome de Lanata!



¿Usted entiende eso?



Me hablan de todo, menos de mis dudas.



Le voy a dar otro ejemplo. Últimamente me tiene loco esto de los líos con Brasil. El enemigo –las corporaciones y los medios hegemónicos– nos repite todos los días el nombre de una fábrica que cierra porque Brasil resolvió trabar el ingreso de nuestros productos, como respuesta a que nosotros hicimos lo mismo. El último caso es el del aceitunero Nucete. Cuando los tipos patalearon, parece que el Gobierno les arregló el problema. Digo yo: ¿no podían arreglarlo antes del pataleo? Y más: ¿no habrá muchas pequeñas empresas que tienen el mismo problema pero nadie se entera? Se me ocurre que alguna gente está quedando sin trabajo. Cinco mil sólo en construcción en Capital, dijo nuestro aliado Gerardo Martínez –eso sí lo entiendo– el otro día. Y eso que todo se hacía para proteger el trabajo de nuestra gente.



Me imagino que usted no sabe mucho de economía, doctor. Yo tampoco. Pero estamos en la Argentina, ¿vio? Y cada tanto, todos volvemos a hablar de economía. Esta mañana vi los datos del comercio con Brasil. Es un desastre. Cayó un 32 por ciento. Y se supone que teníamos una apuesta estratégica ahí, a largo plazo. Y los anti K nos dicen que es porque se pusieron trabas unilaterales. Y los K me hablan de Scioli y de Moyano. El enemigo. Siempre, el enemigo. Para colmo es un enemigo que pierde todo el tiempo, que tiene referentes impresentables. O sea: a esta altura ni asusta, que era lo que nos cohesionaba antes.



¿Entiende mi problema?



Me la paso entrando a Internet buscando el dato salvador. Que se arregle lo de Europa. Que se ordene Brasil, Que suba la soja. Todo eso hago.



¿Por qué hace tanto silencio?



Usted, doctor, ¿es K o anti K?



¿De qué lado está?



Porque también los psicoanalistas pueden ser funcionales al enemigo.



Lo sabía, ¿no?



Sé que se me está acabando el tiempo. Pero, rapidito, déjeme contarle mi último problema. Jamás lo confesaría en público, pero usted tiene que guardar el secreto así que se lo digo: yo quiero que Cristina siga para siempre. Me encantó el eslogan “Cristina eterna”. Hacia afuera digo que no, que eso de la re-reelección es un verso de la derecha. Pero cada vez que veo a alguno que habla de la reforma constitucional, íntimamente, es como que me burbujea algo. Es que ella es brillante, como dijo Mempo Giardinelli.



¿Por qué no reelegirla para siempre?



Pero me estoy desviando.



Le quería decir que, aunque quiero que ella sea reelecta, lo de Scioli también me hace ruido. Hay palabras que resuenan demasiado a los que tenemos cierta edad. El otro día, por ejemplo, Amado Boudou dijo que en la provincia “hay un vacío”. Ahí me cayó la ficha. Esa palabrita se usaba para empezar con los golpes de Estado en otras épocas. Había un vacío con Illia, y otro con Isabelita. Le decimos que hay vacío de poder, que hay inseguridad y no la sabe manejar, lo vaciamos de fondos de un día para el otro –cuando es obvio que si hay un problema fiscal deberían resolverlo juntos–, decimos que es de Clarín, lo cargamos porque es manco. Y en cualquier momento empezamos a acusarlo de corrupción.



Yo no lo quiero nada. Es de derecha. Es noventista. Quiere la mano dura. Pero, ¿no era que nosotros no éramos golpistas? ¿No era que estábamos contra el golpe en Paraguay y en Honduras? Algo me empieza a incomodar en todo esto. Porque, cuando los nuestros hablan así, parecen darle la razón al enemigo. Y, vio cómo son las cosas, si mañana lo volteamos a Daniel, hay otros que van a usar la excusa para algún día voltear a otros gobiernos y así.

Y todo se transforma en irrespirable.







Irrespirable.







Disculpe, doctor, me quedé sin aire. Así. Como si nada.



Lo que es la fuerza de las metáforas.



Dije irrespirable y me quedé sin aire.







Digo yo: ¿no tiene una pastillita para que deje de dudar?



Esto me está matando.
Fuente: 
InfoNews.