Sábado, 7 Julio, 2012 - 17:17

La Soja en US$ 600 y Argentina estancada

Mediante restricciones, el Gobierno quiere hacer lo que antes hacía por sí solo el tipo de cambio: que el BCRA pueda comprar dólares.

La pérdida del competitividad quedó en evidencia en 2011 cuando la economía agotó el superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, y entró de lleno en el atraso cambiario este año, ante la devaluación del real brasileño del 25% y la inflación local de similar magnitud, potenciando el efecto.



Cuando se disponía de un tipo de cambio competitivo, aun con una soja en US$ 400 la tonelada, el total de exportaciones permitían financiar el pago de importaciones, el pago de intereses, el pago de utilidades, el sector privado se dolarizaba a su criterio y el Gobierno pagaba la deuda externa, e incluso así el BCRA incrementaba reservas.



Actualmente, el atraso es de tal magnitud que ni con una soja orillando los US$ 600 la tonelada, generaría las condiciones para que la economía tenga exceso de dólares y de esa manera el BCRA logre acumular reservas en un mercado único y libre de cambios. Sólo las restricciones evitan que el tipo de cambio atrasado también afecte al BCRA, como ya afecta al resto de la economía real.



La Argentina de los noventa tampoco generaba dólares y el Gobierno tomaba deuda externa y vendía empresas para sostener la convertibilidad. Tras el colapso de aquel irrisorio modelo, la Argentina de los 2000 tomó cordura y generó dólares comerciales y con ellos pagó buena parte de la deuda del modelo previo, hasta que se agotó el tipo de cambio competitivo. Esta década arrancó viviendo de los dólares ahorrados en los 2000, pero como esta receta agotaba rápidamente las reservas, impusieron restricciones para "administrarlas".



Sin dólares comerciales ni financieros y restringido el uso de reservas sólo al pago de la deuda externa, la argentina chocó con la restricción externa ante la falta de dólares que financie el crecimiento del consumo. Ante este escenario, no habrá más crecimiento hasta que no sucedan dos cosas: 1) vuelva algún flujo importante de dólares a la economía; 2) se salga del atraso cambiario.

En efecto, si se da 1) pero no 2), como un shock de dólares vía soja a US$ 600 la tonelada, igualmente no se traducirá en un mayor nivel de actividad dado que el atraso cambiario posterga decisiones de inversión, ante amplios sectores de la economía que dejan de ser competitivos, o que es lo mismo, rentables.



Con las restricciones en el mercado de cambio el BCRA busca quitar jugadores del mercado con el objetivo de que la demanda privada no compita con el sector público ante la necesidad de pagar la deuda externa y no perder reservas. Por supuesto, con ello no sólo desdobla en los hechos el mercado cambiario, sino que desvincula el tipo de cambio de las necesidades de los sectores productivos en momentos que se transitan aguas de creciente atraso cambiario.



Se agotaron todos los pilares que permitieron aprovechar el contexto externo. Ya no hay superávit fiscal, ni externo, ni energético, ni tipo de cambio competitivo. El deterioro macroeconómico se llevó puesto el crecimiento económico e hizo al Gobierno perder el control de una variable clave como es el tipo de cambio.



La soja tocó el viernes los US$ 600 la tonelada ante la fuerte sequía de EE.UU. Lo paradójico es que los otros dos grandes productores como Argentina y Brasil los encuentra con las economías estancadas por coquetear con el atraso cambiario. Pero mientras Brasil toma medidas para salir de la trampa y aprovechar el contexto, Argentina toma medidas para consolidarla.



Ramiro Castiñeira: Economista en Jefe de Econométrica.
Fuente: 
Agencia DyN