Sábado, 30 Junio, 2012 - 21:22

Análisis
De domingo a domingo
Siempre la conspiración como explicación

El kirchnerismo utilizó, ante cada adversidad que tuvo que enfrentar desde el 2003, la misma estrategia: escapar hacia adelante, ir por más. O, en palabras de la propia Presidenta, "ir por todo".



En los últimos días se apreció al máximo esta forma de hacer política. Pero al igual que el cuerpo humano que comienza a consumir su propio cuerpo ante la falta de alimento, el kirchnerismo empezó a deglutir a sus propios aliados.



Parecen haberse acabado los enemigos a enfrentar, sean estos corporaciones mediáticas, empresarias, eclesiásticas, judiciales, políticas, agropecuarias u opositoras. Y la necesidad de un enemigo permanente obliga a crear adversarios donde no los debería haber.



Así podría explicarse la vorágine de los últimos días en los que, casi en paralelo, la presidenta Cristina Fernández salió a enfrentar a dos de los aliados más importantes con los que contó desde el principio de su gestión: Daniel Scioli y Hugo Moyano. A esto hay que sumarle un nuevo contexto discursivo, que consiste en el intento de instalar la existencia de una conspiración o complot destituyente contra Cristina.



Los fundamentos: un cóctel compuesto por la destitución de Lugo, las protestas camioneras, los incidentes en Chubut, los infaltables titulares de la prensa no oficialista y la muerte de gendarmes en un accidente de tránsito.



Como perlas de un collar, el kirchnerismo hilvanó cada hecho en una construcción de la realidad digna de ser analizada por especialistas, que intenta ocultar el deterioro económico y la falta de políticas para enfrentar la crisis. En definitiva, se trata de la búsqueda de enemigos que pongan al gobierno en el papel de víctima y justifiquen sus acciones o inacciones.



En ese marco, la culpa siempre la tienen los "otros".



Lo nuevo, quizás, sea que esta metodología se intensificó en los últimos días con dos aliados.



Daniel Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner, gobernador de Buenos Aires y principal reclutador de voluntades en su distrito, que sumó una parte importante del 54 por ciento de Cristina. Pero desde que anunció que buscaría la presidencia en 2015, siempre y cuando no se reforme la Constitución para habilitar una re reelección K, se terminó la ficción y la embestida contra el bonaerense se desató.



A las críticas y los pedidos de informes promovidos por el vicegobernador Gabriel Mariotto, se sumaron ahora reprimendas públicas de la propia Presidenta y las "medidas disciplinarias" de la billetera.



El martes la propia jefa del Estado envió un claro mensaje a Scioli: que cesen las "operaciones" y que aprenda a "gestionar con responsabilidad".



Dos días después, y mientras recibía todo tipo de críticas de funcionarios nacionales, incluyendo al vicepresidente Amado Boudou, la Nación accedió a enviarle mil millones de pesos. Pero como una excepción. En cualquier caso, un tercio de lo reclamado.



Ante esto, Scioli anunció el pago en cuatro cuotas del aguinaldo a los estatales provinciales y se prepara para hacer frente a las medidas de fuerza que realizarán los sindicatos.

Pese a todo, y como siempre, la actitud pública del gobernador se acercó a la de un genuflexo. Ordenó -y lo cumplió el mismo- no polemizar con la Nación y pidió "comprensión" a los trabajadores.



En el entorno de Scioli existen halcones y palomas. Los unos descreen de la efectividad de la sumisión y quieren romper ya. Incluso, se animan a pensar en dejar la provincia para pelear la Presidencia desde el llano. Los otros, evitan la confrontación y esperan la conformación de listas del año próximo para ver dónde están parados.



En cualquier caso, está claro que sin 2013 no hay 2015. Nadie más que los habitantes de la Casa Rosada lo saben y por ello actúan en consecuencia.



Pero es un juego peligroso, ya que una descomposición de la paz social en la provincia no afectaría sólo a Scioli, sino que impactaría también en Cristina.



Moyano fue otro aliado estratégico y se pasó a la vereda de enfrente donde, ahora, lo ven rubio y de ojos azules.



Con él, las contradicciones del oficialismo fueron muy evidentes. El camionero fue la cabeza de la fuerza de choque del kirchnerismo en su "lucha contra las corporaciones". Los métodos de bloquear empresas o enemigos del gobierno, al igual que las medidas de fuerza, nunca merecieron objeciones oficiales sino mas bien suculentos premios. Pero hoy, con esos mecanismos apuntando a su antiguo benefactor, son condenados con denuncias penales y castigos económicos. Pasaron de ser movimientos populares a actos de extorsión.



Está claro que el concepto de aliados que maneja el kirchnerismo es efímero y que no se trepida en denostar hoy a quien se apañó ayer. Lo saben muy bien quienes arrimaron el nombre de Néstor Kirchner a Eduardo Duhalde cuando De la Sota no movía el amperímetro.



También fue claro el mensaje de que no se ahorrarán herramientas a utilizar: desde fondos nacionales manejados al antojo, pasando por la Justicia o la utilización de las fuerzas de seguridad como variable de negociación. La teoría del complot desestabilizador fue abonada por la propia Presidenta, en Cadena Nacional y, ante el mundo, por el canciller Héctor Timerman.



Pero en ese discurso, en el que defendió el impuesto a las Ganancias para los trabajadores, criticó a Scioli y a Moyano y abonó la teoría conspirativa, Cristina reconoció varios aspectos de la realidad que contradicen las habituales buenas noticias:



- Que el 81 por ciento de los asalariados argentinos cobra bajos salarios.



- Que podrá llegar a desconocer órdenes judiciales que reclamen gendarmes. ("Les digo también a los jueces, porque estos gendarmes fueron convocados por la jueza federal de Comodoro Rivadavia, que van a tener que procesarme a mí porque no voy a permitir que ningún gendarme salga más a cuidar (...) las fuerzas federales están para cuidar y custodiar los bienes que son federales)



- La desigualdad existente en el reparto de los ingresos de los asalariados. (Dijo que sólo el 19 por ciento se queda con el 41 por ciento de la masa salarial)



- Que está convencida de la existencia de complots y conspiraciones. ("Quieren evidentemente que haya violencia, hay algún sector político o gremial, eso está claro, no tengo ninguna duda. Los veo actuar, amenazar, extorsionar y no me queda ninguna duda")



- Que los gendarmes cobran sueldos paupérrimos (mencionó los casos de los oficiales fallecidos con sueldos de entre 2.800 y 4.100 pesos)



- Que no existe aliado que mañana no pueda convertirse en enemigo. (Mensajes a Scioli y Moyano) - Que existe -o que se aparenta tener- una visión sesgada de la realidad económica interna. (Su comentario de que en Europa "no podían creer" los acuerdos salariales en Argentina por encima del 20 por ciento) Este último punto encierra el disparador de la mayor parte de los problemas internos: la inflación.



Esa palabra no existe en el lenguaje oficial y es la causa de la mayor parte de los males.



Como en medicina, el primero paso para hacer frente a una dolencia es detectar el mal. Un diagnóstico equivocado provoca un tratamiento que no resuelve el problema.
Fuente: 
(*) Agencia DyN