Jueves, 28 Junio, 2012 - 08:03

México
Elecciones: candidatos para la Presidencia cerraron campaña

El candidato del PRI se encuentra primero en las encuestas, seguido por el representante del PRD, Andrés Manuel López Obrador. La candidata de Calderón, en el tercer puesto

Cuando en el 2000 el PAN, con Vicente Fox a la cabeza, acabó con la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional tras 70 años en el poder, muchos se apuraron a firmar el certificado de defunción del “Partido-Estado”, sinónimo del México del siglo XX. Pero apenas dos mandatos del derechista Partido de Acción Nacional bastaron para que aquel viejo movimiento surgido al calor de la Revolución Mexicana de Emiliano Zapata y Pancho Villa esté otra vez este domingo, a las puertas de Los Pinos, la sede del gobierno.



En estos 12 años, México pasó de “la dictadura perfecta” –como definió Mario Vargas Llosa a las siete décadas priístas– a esta democracia imperfecta, lejos del ideal, pero también lejos de aquellos años en los que el presidente aglutinaba todo el poder, incluso el de decidir quién sería su sucesor para el próximo sexenio.



La pregunta que todos se hacen es qué está pasando en este país de más de 112 millones de habitantes, para que el PRI se encuentre a pocos días de un nuevo triunfo electoral, según todas las encuestas que se han difundido en los últimos días: una diferencia que va de los 9 a los 15 puntos, según cuál se elija.



“Hay varios factores a tener en cuenta para explicar un posible triunfo del PRI. Por un lado, la manifiesta ineficiencia que ha demostrado el PAN para gobernar, sobre todo para hacer frente al tema de la violencia narcotraficante. Además, hay millones de nuevos votantes que no tienen memoria de lo que fueron los años del PRI y que creen que es el único partido que puede poner orden. Por último, un buen candidato como Enrique Peña Nieto, joven y carismático, que ha logrado aglutinar a su alrededor a todo el partido”, explica a Clarín Enrique Krauze, escritor, analista y ensayista, una de las voces más críticas de los años en los que mandaban los viejos “dinosaurios” priístas.



Fundado en 1929 para darle un espacio a los militares vencedores en la revolución, gobernó con un poder ilimitado. El presidente Plutarco Elías Calles vislumbró, ese año, la necesidad de pasar de un sistema de gobierno de caudillos a un más franco régimen de instituciones, idea que materializó al crear el Partido Nacional Revolucionario. Calles sentó las bases del sistema político mexicano, que a la sombra del general y presidente Lázaro Cárdenas, a mediados de la década del 30, se fortaleció con el surgimiento de las corporaciones obreras, campesinas y rurales. Cárdenas, que nacionalizó el petróleo y que para muchos es el último prócer de México y el último presidente de la Revolución, cambió el nombre del PNR y lo llamó Partido de la Revolución Mexicana. Siempre desde el poder, en 1946 adopta su actual nombre.



El sexenio de Raúl Salinas de Gortari, que comenzó en 1988, es, quizás, el último quiebre del poder absolutista del PRI.



Un gobierno que pasó a la historia por dos crímenes de Estado y uno de dudoso origen que conmovieron al país. Los asesinatos de su sucesor designado, Luis Donaldo Colosio, en marzo de 1994, del secretario general del PRI, Francisco Ruiz Massieu, en setiembre, y también del cardenal Juan Jesús Posadas, en mayo del 93, dejaron al descubierto la guerra entre sectores del partido. Con Ernesto Zedillo en el poder –producidos ya el alzamiento zapatista, el ingreso al NAFTA y la devaluación de 1994– el PRI ya daba muestras de agotamiento. El triunfo de Fox en 2000 fue sólo la confirmación.



“El mundo cambió y el país con él. Pero muchas de las viejas estructuras del PRI siguen vigentes en manos de gobernadores”, dice Krauze. Peña Nieto no es un improvisado. Sus críticos lo llaman el “Luis Miguel de la política” y otros dicen que su único mérito es ser más parecido a un actor de telenovela que a un hombre de Estado. Pero para lidiar en un partido con 83 años de vida como el PRI no es suficiente con una cara bonita. Hay que hacerlo con el cuchillo entre los dientes. “Habrá que ver si Peña Nieto representa la renovación del partido de la mano, enfrentando a los viejos dinosaurios, o si él no acabará convirtiéndose en el nuevo dinosaurio”, concluye Krauze.
Fuente: 
Clarín