Lunes, 25 Junio, 2012 - 20:22

Señalar posturas ¿o palos en la rueda?

Los análisis que olvidan el contexto naufragan. Ahora bien, cuando esos “razonamientos” implican decisiones de quienes representan a trabajadores, las declaraciones altisonantes se transforman en motores de lo que dicen atacar.





Los análisis que olvidan el contexto naufragan. Ahora bien, cuando esos “razonamientos” implican decisiones de quienes representan a trabajadores, las declaraciones altisonantes se transforman en motores de lo que dicen atacar, en funcionales a la opresión que creen combatir y resultan funcionales a quienes conspiraron y conspiran constantemente contra la clase trabajadora de nuestro país.



Las variables macroeconómicas no son “excusas”. Es indiscutible que el mundo se encuentra en el contexto de una crisis financiera que involucra a los países desarrollados. Históricamente, el costo de esos cimbronazos de las economías centrales lo pagaron los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.



Y no había límites. Desde propiciar, sino instalar, dictaduras en los ’70 a prohijar gobiernos satélites (léase, bobos) que tomaran endeudamientos leoninos que confiscaban las posibilidades no sólo de desarrollo, sino también de planificar mecanismos para combatir el hambre, la miseria y de favorecer políticas de inclusión.



Desde hace unos años, los países más poderosos del mundo capitalista se están literalmente hundiendo en una crisis financiera profunda. Y las “recetas” que aplican son las que siempre utilizaron: ajuste, descompromiso del Estado, desfinanciamiento de políticas educativas, culturales y sociales, desindustrialización, empeoramiento de las condiciones laborales, en síntesis: el desfinanciamiento del Estado como vehículo de la despolitización de la sociedad. Es decir: el umbral de nuevos mecanismos de opresión.



Desde 2003, se vienen encarando, no sin dificultades, medidas diametralmente opuestas a las de los noventa. Son las que desde hace tiempo se encarnan en la construcción del Proyecto Nacional y Popular. Son las medidas que, entre otras cosas, evitaron que los terremotos del mundo desarrollado no convirtieran a nuestra sociedad en el epicentro de la catástrofe. Hay que decirlo claramente: si no se hubiera tenido estas políticas macroeconómicas, estaríamos hoy reviviendo en carne propia la hecatombe de 2001.



Un elemento no menor es que las políticas implementadas en nuestro país se construyen en consonancia con los países de la región. El fortalecimiento del Mercosur y la creación de la Unasur son las pruebas más evidentes e irrefutables.



Pero, no hablemos sólo de los males evitados.



El Proyecto Nacional y Popular liderado por la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, han permitido el desarrollo en nuestra sociedad de políticas económicas, sociales y culturales de inclusión. La reestatización de las jubilaciones, la renacionalización de YPF, la asignación universal por hijo, la conversión de planes sociales en proyectos productivos, la repatriación de científicos e intelectuales, la Ley de Servicios Audiovisuales, la reindustrialización son sólo algunos de los mojones de este camino que está en las antípodas del que nos hicieron recorrer los apólogos del neoliberalismo salvaje de los noventa.



Tampoco pueden dejarse fuera del análisis la derogación de la Ley Federal de Educación, la construcción colectiva de la Ley de Educación Nacional y sus concomitantes en muchas provincias, la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, entre otras, que constituyen los rasgos distintivos de un nuevo paradigma de la cultura nacional.



Y, como basamento de este Proyecto Nacional y Popular, no podemos dejar de mencionar una política de derechos humanos que incluyó no sólo la derogación de las Leyes de la Impunidad (Obediencia Debida, Punto Final e Indultos), sino el juzgamiento de represores que estaban ya confiados en que sus delitos permanecerían impunes, el desarrollo científico en el área de la antropología forense, la continuidad de la búsqueda de los niños nacidos en cautiverio y que siguen en manos de sus captores o sus cómplices, es decir: la construcción de una conciencia construida sobre los pilares de la memoria, la verdad y la justicia.



Siempre insistimos con que no nos encontramos ante épocas de cambio, sino de un cambio de época.



Éstas son sólo algunas de las variables que creemos deben considerarse a la hora de revisar complejas decisiones en un mundo cada vez más complejo.



Ratificamos: los análisis de las políticas de Estado sin fundamentos de contexto devienen en sólo chicanas y fenecerán más temprano que tarde acordes con su esencia de fuegos de artificio.





(*) Subsecretario de Educación del Chaco