Domingo, 24 Junio, 2012 - 13:12

Correo de nuestros lectores
Mucho más que 121 años de la UCR

Este 26 de junio conmemoramos los 121 años de la Unión Cívica Radical, un partido que nació en épocas difíciles de una Argentina naciente. Es el partido político mas antiguo de latinoamérica.

Nació como una necesidad de lucha contra el fraude, la corrupción y en defensa de los excluidos por un sistema político elitista que gobernaba, altanero y soberbio, una nación rica, opulenta, pero llena de pobres e inmigrantes excluidos, ignorados e indefensos.

Debió luchar fuertemente, con valor y compromiso contra el régimen de entonces. Fue una época donde todo estaba por hacer.



Con la palabra, cuando era posible, con las armas, cuando era necesario, la Unión Cívica radical fue conquistando los espacios necesarios para defender la libertad y los derechos de los excluidos por aquel régimen de entonces. El radicalismo nace para luchar contra la opresión, contra el fraude, defendiendo la instalación de un sistema de instituciones fuertes, verdaderamente republicanas y democráticas. Sus luchas son por las libertades, por la igualdad, por el sufragio libre y secreto, por el federalismo, por la inclusión y el desarrollo de posibilidades que permitan el asenso social de las clases mayoritarias oprimidas. Es el partido moderno que nace para defender al ser humano en toda su dimensión, para garantizar sus derechos.



Y son sus principios, fuertemente arraigados en cada uno de sus dirigentes de entonces, los que lo consagraron como el partido de la libertad y de las grandes transformaciones sociales, con profundo sentido ético, nacional.y popular. Siempre supo diferenciarse muy bien de los demagógicos populismos.



Muchos fueron los logros y las conquistas que surgieron a partir de aquellos jóvenes disconformes y luchadores, que prefirieron pelear por sus ideales o morir con dignidad.

Sus luchas fueron para que cada uno se sintiera parte de esta nación; que cada uno se sienta ciudadano de primera y no un simple convidado de piedra al banquete que se daban los poderosos.



Y así le arrancó al régimen el voto secreto y obligatorio; así luchó por el voto femenino, siendo de un radical el primero de los proyectos presentados con ese fin, en 1919;

En 1918 implementa un sistema revolucionario para ese entonces y que aún hoy es modelo para el mundo, la Reforma Universitaria que permite una universidad para todos, laica y gratuita, con profesores designados por concurso, así como la autonomía universitaria y el gobierno tripartito de las mismas.



Es el radicalismo un permanente defensor de los derechos sociales. A su impulso se deben leyes fundamentales como el descanso dominical, la jornada de ocho horas, el salario mínimo, vital y móvil o el artículo 14 bis de la Constitución Nacional que entre otras cosas establece el derecho a la huelga.



Sus luchas, no siempre comprendidas, han sido las luchas por la dignidad del ser humano. El humanismo es la base de su doctrina.



Por sus filas pasaron grandes hombres, íntegros, que honraron la política: Alem, Irigoyen, Alvear, Moisés Lebhenson, Amadeo Sabattini, Crisólogo Larralde, Ricardo Balbín, Oscar Alende, Arturo Frondizi, Arturo Illia; Luis León, Raúl Alfonsín y tantos otros que ocupan, con sus más y con sus menos, un sitial de privilegio en la historia política de estos 121 años transcurridos. Y no debemos olvidar a millones de personas anónimas, que pusieron su pasión y su entusiasmo en hacerla posible.



Pero la UCR debe ser mucho más que su propia historia. Lamentablemente, en los últimos años, algunas ambiciones desmedidas han hecho que pierda el rumbo y el respeto que la sociedad sentía por nuestro partido. Algunos se adueñaron de sus estructuras sólo para sacar beneficios personales, nos atomizaron y excluyeron a los militantes y a la sociedad; denigraron su historia impecable y ética; olvidaron hasta la democracia interna que pregonábamos. Utilizaron las estructuras y la historia partidaria para asegurarse, de cualquier manera, incluso con el fraude, sus propias desvergonzadas permanencias.



La inmensa mayoría de los radicales seguimos con nuestros principios, pero hasta nuestros comités estaban cerrados para expresar nuestras opiniones. El amiguismo y la obsecuencia los reemplazaron. La defensa del interés general fue reemplazada por la pequeña defensa de intereses personales.



Cosas muy parecidas fueron pasando en los otros partidos, los egoísmos remplazaron a las ideas. La política fue perdiendo su valor, se fue transformando en vergüenza. La sociedad se fue alejando, facilitando así la permanencia de los delincuentes que se robaron nuestra historia, sin importarles el futuro. Para los radicales, especialmente, fue muy duro, veniamos de visionarios, de idealistas, de apasionados lideres luchadores, no estábamos acostumbrados a tener inútiles sinvergüenzas en nuestro seno. En nombre de un radicalismo vaciado de ideologia y de principios, no aportaron más que humillación, desunión y vergüenza, alejándonos cada vez más de una sociedad que hoy está reclamando, con cada vez mayor fuerza, el ser escuchada.



Y hoy estamos intentando volver a honrar aquellos principios que le dieran origen y que nos enorgullecieron a lo largo de su historia. Lo estamos haciendo en nuestra provincia del Chaco, y lo están haciendo en todo el país. Algunos nos critican porque entre quienes pretendemos recuperar ese radicalismo ético, principista, laborioso y capaz de convertirse en una alternativa, hay quienes tienen historia política. Algunas historias se confunden con lo que combatimos. Muchos de ellos, pudiendo permanecer al amparo de aquellos privilegios, comprendieron la necesidad de cambios. Seguramente algunos se suman porque les gusta subirse al carro de los que van triunfando. Este radicalismo que pretendemos no va a echar a nadie de sus filas, convoca a todos. Convoca a los jóvenes y a los ancianos; convoca a los que tienen historias políticas y a quienes no la tienen; convoca a los profesionales, a los trabajadores, a los estudiantes, a los desocupados. Necesitamos que entre todos le demos nuevamente ese sentido ético y democrático que perdimos.



Pretendemos que cada uno se sienta parte de un proyecto que lo necesita como actor protagónico de los cambios que la sociedad reclama. Entre todos iremos haciendo la selección de los mejores, de los mas capaces, de los mas representativos. Entre todos iremos marcando los rumbos, corrigiendo nuestros propios errores, que posiblemente cometeremos. Lo haremos con el acompañamiento de las estructuras partidarias, o contra las estructuras partidarias. Con los que se sienten lideres, o contra los que se sienten lideres. Los liderazgos se ganan, no se imponen.



Hoy somos muchos los que estamos luchando por esos cambios indispensables. No venimos a pedir nada, venimos a ofrecer nuestros aportes. Consideramos válidas las aspiraciones de todos los que sientan, honradamente, que pueden ayudar y tienen la capacidad necesaria para hacerlo.



Y seguimos creciendo. No queremos más egocéntricos ni obsecuentes, queremos un país eficiente y mejor, mas justo, menos violento. Estamos reclamando por nuestro derecho a ser protagonistas. Queremos que la UCR sea el lugar común que nos aglutine a todos los que deseamos vivir con dignidad y con esperanzas en un futuro, sin inseguridad y con progreso cierto para todos. Un progreso basado en el esfuerzo individual y colectivo, no en las dádivas, que generan rehenes. Queremos, en este 121 aniversario, que el radicalismo vuelva a ser la fuerza que lucha por la dignidad de todos los seres humanos y por todos aquellos principios que le dieran origen.



Este radicalismo de 121 años, necesita de su participación, de su valor, de su compromiso. No importan sus anteriores pertenencias o si fue independiente hasta ahora. Lo necesitamos comprometido con cambiar el desastroso estado de nuestra sociedad. Necesitamos gente vigorosa, tenaz, gente que no se rinda antes de empezar, lo necesitamos afiliado, si fuera posible. Los que digitan todo desde hace años, cometen fraudes, alteran padrones, no quieren ni hablar de la boleta única, no permiten elecciones libres, abiertas y simultáneas, ni nada que haga peligrar sus privilegios o transparente una democracia languideciente.



En este aniversario queremos honrar la historia de nuestro radicalismo, convocando a todos, para que asi, todos juntos, podamos cambiar el rumbo de la historia.

Estamos cansados de la queja inútil solitaria, sentimos que nos quejamos pero no hacemos nada para cambiar este estado de cosas, por brindar a la república, de la que todos somos parte, una alternativa ética, renovada y capaz.



121 años son mucha historia, mucho orgullo, pero hoy vamos por mas, hoy vamos, desde esta historia de la UCR, con ímpetus renovados, marchando hacia un futuro mejor. Un futuro con paz, progreso y dignidad. Y lo hacemos pateando las puertas que estaban cerradas, abriéndolas para todos los que quieran participar, para todos los que quieran sentirse parte de esta gesta de cambios.



Es un cambio que nace de abajo hacia arriba, nace del reclamo de las bases, de la gente común, donde todos somos iguales, no admitimos dedos ni capangas. Respetaremos la capacidad y el esfuerzo.



Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura, decía Raúl Alfonsín. Así deberia ser. Es una deuda pendiente de la política, que debemos conquistar. De todos nosotros depende.



(*) [email protected]