Sábado, 23 Junio, 2012 - 20:06

Rey de la calle y de la oposición

Y llegó el día en el que Hugo Moyano decidió pasar de los dichos a los hechos concretos y a gran escala en su pelea con el Gobierno de Cristina Fernández.

En sólo una jornada tomó cuerpo lo que ningún argentino ignora: que el líder de la CGT, a través de su gremio, el de los camioneros, puede paralizar el país. En apenas algunas horas, una huelga en el sector del abastecimiento de combustibles amenazó con provocar una psicosis general y, como se preveía, lo primero que ocurrió es que se secaron los tanques de las estaciones de servicio. Y enseguida comenzaron a aparecer las preocupaciones por los inconvenientes en otros sectores, como el transporte de pasajeros, el reparto de comestibles y la recolección de residuos.



Ante ello, y con la Presidenta en el exterior, el Gobierno tomó medidas como la aplicación de la ley de abastecimiento -sancionada hace casi 40 años, en momentos en que la Argentina vivía momentos de zozobra y de conflictos intestinos, agobiada por serios dramas económicos y el creciente derramamiento de sangre-, la conducción de camiones cisterna a cargo de gendarmes (con los riesgos que ello entraña, habida cuenta de la necesidad de portar una serie de conocimientos específicos, además del manejo) y las denuncias contra Hugo y Pablo Moyano en los tribunales por posibles delitos (como amenazas y coacción agravada y entorpecimiento del transporte) para los que se prevé cárcel efectiva, y contra el sector empresarial. Pero finalmente, cuando el conflicto parecía entrar en un desfiladero con salida incierta, desde el sector patronal surgió el anuncio de un acuerdo salarial algunos puntos menor a lo pretendido por Camioneros: 25,5 por ciento de aumento contra el 30 reclamado por el sindicato, y ni una mención a la suma de tres mil o cuatro mil pesos solicitada para recuperar la pérdida por el Impuesto a las Ganancias. Con el correr de las horas se sabrá puntillosamente si el porcentaje establecido será aplicable a todos los rubros salariales, manteniendo la tradición en ese aspecto, pero seguramente habrá detrás de bambalinas conversaciones para arrimar los números a las exigencias sindicales, posiblemente a través de alguna compensación adicional.



Otrosí: ¿será homologado el acuerdo o el Gobierno opondrá objeciones? Si no se aclara rápido, hay otro conflicto en puerta. Hasta aquí, lo estrictamente relacionado con el tema de los camioneros, pero sabido es también el componente político que tiñe todos los movimientos de Moyano, tanto en lo referido a su gremio como a la CGT. Lo que hizo el líder sindical fue tomar la iniciativa política y generar desconcierto en el Gobierno. "Moyano le alteró el esquema de decisiones" al oficialismo, evaluaban en diversos círculos ante el aquelarre de medidas y la aparición de determinados y cuestionados voceros que mezclaron hechos, situaciones y hasta internas partidarias. Un dato notorio fue que, si bien siempre tuvieron una afinada sintonía, los empresarios del transporte y el gremio camionero se mostraron esta vez absolutamente soldados, situación a la que contribuyó el Gobierno al medirlos con la misma vara y, por ejemplo en esta instancia, acusarlos ante los estrados judiciales. No obstante, aquí hay otro elemento que los une: hay que recordar que la Presidenta le quitó al sector un suculento subsidio que beneficiaba tanto a los empleadores como a los trabajadores. Pero quizás lo más importante en este tramo de la vida sindical y política de Moyano fue el haberse convertido en virtual líder emergente de la oposición y abanderado de lo que ya parece una causa nacional: el descontento generalizado por la voracidad del Impuesto a las Ganancias, tributo al que el jefe gremial ha bautizado como "maldito", a lo que se suma la drástica reducción de trabajadores que perciben asignaciones familiares. Su efecto nocivo en los salarios se expande como una mancha de aceite por toda la geografía del país y las actividades más diversas, e incluso ya se está ensañando con sectores modestos, pues su aplicación comienza a partir de sueldos que ya no son abultados. Ni hablar si a ello se le suma el efecto de la constante inflación. Y dentro de pocos días, cuando los asalariados vean sus recibos con el aguinaldo de mitad de año y la poda de Ganancias, sin dudas se intensificará el malestar. Ya se ha dicho hasta el hartazgo que el sueldo no es una ganancia como la de un comercio, pero desde el poder se resisten a aceptarlo, aun cuando se esté lesionando la letra de la Constitución. Por ello esta vez no hubo insultos destemplados contra Moyano desde sectores sociales -aunque no sean oficialistas- que habitualmente lo denuestan, por ideología, metodología y hasta por razones de piel. Pero Moyano sabía en su fuero íntimo que si se extendía, en espacio y tiempo, su conflicto particular podía convertirse en un boomerang.



La solución al tema de los camioneros apareció entonces en el momento justo. Y Moyano se sintió con las manos liberadas para atrapar exclusivamente el tema de Ganancias, eje del paro y movilización a Plaza de Mayo convocados para este miércoles. Será la primera protesta antigubernamental concreta en la calle del líder gremial durante la era que nació con la Presidencia de Néstor Kirchner.



Ante esto, el Gobierno está empeñado en vaciar y descalificar la manifestación. Incluso convocando a los gremios amigos que militan en el antimoyanismo. Pero estos sindicatos están también en la encrucijada que les plantea Moyano con su jugada a varias bandas. No pueden rebatir las consignas del moyanismo, porque sería como escupir al cielo, pues muchas de esas organizaciones tienen miles de representados que tienen sus sueldos menguados por el letal impuesto y también les hacen sentir su reclamo. Ahora sí, la fidelidad y el "trabajo sucio" ante la protesta de Moyano tienen más precio que nunca, ya que hasta ahora, pese a que venían cumpliendo con los deberes, no han recibido beneficios como, por ejemplo, fondos generosos para sus también alicaídas obras sociales.



También surgieron rumores de posibles anuncios gubernamentales sobre el filo del paro y la marcha, aunque no está a la cabeza de la lista de posibilidades el aumento del mínimo no imponible, ya que sería otorgarle el triunfo a Moyano. Pero el dirigente de la central sindical aumentó la apuesta y volvió a "chucear" a la administración "cristinista" con un desafío tentador: propuso que si se da respuesta positiva a las demandas por Ganancias y asignaciones familiares, no se presentará a la reelección en la CGT. Y así la pelota sigue en el campo del Gobierno. Pero hay otra cuestión que está en algunas mentes del oficialismo y en la de Moyano: la cárcel. La denuncia que hizo el Gobierno contra el gremialista contempla sanciones duras y que podrían ser no excarcelables por los montos de las penas previstos por el Código Penal. Y el dirigente dijo que no teme ir preso. Más aun, políticamente sería una ventaja impardable, ya que podría significar su conversión en mártir.



Tan convencido se siente Moyano de que quieren verlo tras las rejas, que estaría diseñando algunos planes para resguardar a su familia en caso de que se concrete esa posibilidad. Y ya dijo con todas las letras que él se hace cargo de todo y que sudará hasta la última gota para que no corra eventualmente la misma suerte su hijo Pablo, su socio en la lucha de los camioneros. Es que el desafío de Moyano, transformado en hechos, es muy fuerte. Y ha demostrado, con apenas una acción de pocas horas, que puede quedarse con un territorio tradicional del peronismo que el Gobierno tiene en sus manos desde que llegó al poder. Ni más ni menos, Moyano apunta a ser el rey de la calle. Y de la oposición.



(*) Periodista Agencia DyN