Sábado, 23 Junio, 2012 - 18:01

Argentina chocó con la restricción externa

Por distintos motivos, Argentina y Brasil transformaron su desaceleración en recesión.

Argentina porque chocó con la restricción externa, y Brasil porque sufre los efectos del atraso cambiario con los que convivió tantos años. Todo esto en un contexto internacional donde los capitales buscan salir de los emergentes ante el pánico que genera la posibilidad del "Eurogedon", y se refugian en el que será el único ganador de desatarse dicho escenario: el dólar.



El tipo de cambio competitivo fuerza un superávit en las cuenta corriente del balance de pagos, independientemente del precio de la soja. En 2008 con presencia del tipo de cambio competitivo y soja a U$S450, Argentina tenía un superávit externo de 2,1% del PBI. En 2011 con récord en cosecha y en el precio de la soja (U$S490), Argentina pierde su superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, lo que deja fiel constancia que en 2011 se agotó el colchón cambiario.



En 2012, Argentina puso nuevamente los pies en el camino del atraso cambiario cuando el principal socio comercial arrancó el año devaluando un 25% y el euro bajando algunos peldaños, a lo que se suma una inflación local por arriba del 22%.



Atraso cambiario conduce al déficit en las cuentas externas. Simple, se consume más de lo que se produce. El déficit externo de los noventa se financió primero con deuda externa, luego vendiendo YPF, y por último con el stock de reservas hasta vaciar al BCRA que culminó con u$s10.000 millones de en sus arcas.



Todas esas formas de financiar el atraso cambiario por suerte no están disponibles.



Argentina no quiere tomar deuda externa, aunque tampoco hay quien quiera prestarle.



Mal vender empresas públicas es cosa del pasado, y el gobierno decidió no financiar la salida de capitales con las reservas del BCRA. Justamente las reservas (10% del PBI), junto al bajo nivel de endeudamiento público en dólares contra privados (8% del PBI), representan los últimos bastiones de la economía frente al vendaval externo, luego de perder el superávit fiscal, externo, energético y cambiario.



Si no hay forma de financiar el déficit externo, entonces no habrá déficit externo.



La economía frenó en seco ante la imposibilidad de financiar un mayor consumo, y disparó la expectativa de devaluación descontando donde culmina el desequilibrio.



El Gobierno quiere mediante restricciones y regulaciones, recrear las condiciones que generaba el tipo de cambio competitivo. Demás está decir que no funcionan, menos si arrancan desde el atraso cambiario.



(*) Ramiro Castiñeira es economista en jefe de Econométrica.
Fuente: 
Agencia DyN