Sábado, 23 Junio, 2012 - 17:26

Cristina la niega y Moyano la usa: la inflación, en el centro de una disputa donde se juega el poder

El mal de todos los males es la inflación. A partir de tan tenebroso instrumento, que además le permite al Estado cobrarle a los tenedores de pesos un impuesto forzoso e injusto.

Sobre todo para las personas de menores ingresos, es posible explicar el fundamento central de los problemas económicos y sociales en los que se ha metido el gobierno de Cristina Fernández y el rol oportunista del titular de la CGT, Hugo Moyano.



Antes de que los argentinos se convirtieran en expertos en política paraguaya a media tarde del viernes, la sociedad asistía atónita a las intrigas de los dos bandos en pugna, seguía sacando los dólares de los bancos, mientras miraba absorta cómo la impericia oficial en el manejo de la crisis cambiaria le estaba echando más leña al fuego al parate productivo.



"Se puede ser proteccionista, pero no es necesario ser tarado para impedir importaciones que, a su vez, comprometen las exportaciones. Y menos aun para exigir liquidar por adelantado divisas que aún no se han cobrado", le describió a DyN la situación un experto en comercio exterior.



"Este jueguito macabro está terminando con la exportación de vinos en Mendoza, por ejemplo", añadió. El referente señaló que "tampoco se pueden seguir pidiendo compensaciones de compras y ventas al exterior en una calesita donde todos pierden, por la ineficiencia del sistema que impuso Guillermo Moreno".



"¿Vos exportás?", es la pregunta habitual del secretario de Comercio Interior a los importadores y si le dicen que no, los manda a comprar bombachas a La Salada.



Entonces se dan casos, como el protagonizado por una importante cadena trasnacional de hipermercados que exporta corderos sólo para poder traer mercadería del exterior.



Pero, ocurre que esos mismos corderos podían haber sido exportados por el frigorífico, por lo cual es muy fácil deducir que lo que hubo es sólo una sustitución de nombre para cubrir la necesidad de alguien que necesitaba importar.



Moreno contento, porque muestra acción frente a la Presidenta, pero en materia de divisas ingresadas, la suma es cero. Un verdadero monumento al incremento de los costos empresarios que termina en los precios y que contribuye a aportarle desde el Estado decimales a la inflación.



En este contexto caótico de mala praxis, al que hay que agregarle el deslizamiento fiscal que tiene acogotada a las provincias y la necesidad de sumar cada vez mayor presión impositiva, se movió Moyano en estos días, como pez en el agua para jugar sus fichas.



Además, por hacer sido socio privilegiado, conoce desde adentro qué le cae bien y qué cosa mal a la propia Presidenta y sabe por dónde pasan las paranoias del Gobierno, para apretar sin remilgos en esos puntos sensibles.



Tal como le ocurre al campo con las retenciones o con los impuestos a la tierra o a las empresas con la imposibilidad de ajustar sus balances por inflación, la no actualización de los topes y de las escalas del impuesto que se le cobra a la renta de las personas físicas (sueldos) le dio al camionero la posibilidad de usar para sí mismo una preocupación general, mientras el Gobierno aún sigue encapsulado en la negación del problema inflacionario.



En este punto, si el cristinismo gobernante le otorgara el valor que realmente tiene el proceso de aumento generalizado de precios, si se lo tomara en serio sólo por una vez y dejara de buscar culpables afuera o de armar intrigas destituyentes, bien podría entender que, al no acertar con el diagnóstico y recetar la medicina equivocada, él mismo se ha convertido en el campeón de su propia desestabilización.



Por ende, si se esmerara, podría comprender también por qué esa sombra al acecho, corporizada en la figura de Moyano, le ha saltado a la yugular para refregarle en la cara el problema, a partir de lo que se llaman las ganancias de los trabajadores. Sin inflación, los reclamos del sindicalista serían mucho menos rimbombantes y tendrían seguramente menor acompañamiento social.



Está claro que, después de haber sembrado vientos durante cinco años y medio a partir de la destrucción que hizo del INDEC, ahora que le llegó la hora de capear la tempestad, Cristina encontró un límite indeseado en el ex compañero de ruta de su marido quien, además, la ha subestimado siempre. Nunca le perdonará la Presidenta haber sabido que, despectivamente, el titular de la CGT y sus acólitos se referían a ella como "la mujer".



Más allá de estos deslices machistas y lejos de la puja abierta entre la necesidad gremial que tiene el camionero de mostrarse como alguien bien fuerte para intentar seguir al frente de la central obrera desde julio y la del Gobierno de desplazarlo por algún sindicalista más dócil, Moyano pasó a la categoría de monstruo, sólo porque con sus demandas le recuerda al Gobierno de modo descarnado la manipulación inflacionaria y pone en evidencia el problema base del modelo económico vigente, revolviendo el dedo en la llaga.



Por otra parte, se trata de un modelo económico que Moyano apoyó durante todos estos años, debido a lo cual supo recoger prebendas de todo tipo, en primera línea las económicas, que le permitieron fortalecer su gremio y su figura. La administración de los Programas Especiales del ministerio de Salud, los permisos para cobrar peaje en los puertos o las facilidades otorgadas en su avance imparable contra otros sindicatos para sacarle afiliados fueron la moneda de pago que le permitió avanzar impunemente sobre el sector privado, con bloqueos a empresas, inclusive atentando contra el derecho a la información, como cuando impidió la distribución de Clarín y La Nación. Así era la relación y así se la alimentó desde el Gobierno.



En cambio, durante la semana que pasó, y tal como ocurre en todos los divorcios litigiosos, llegó la hora de las agresiones. Por eso, no sólo la sociedad tembló durante 48 horas con la bravata que llevó adelante el gremio de los choferes de camiones de la "rama combustibles", que amenazó con parar el país y también con la contraofensiva que ordenó la Presidenta para asegurar su provisión, sino que temió, con mucho de razón, que el choque entre dos personalidades que sólo piensan en ganar y que no conjugan el verbo ceder hiciera volar la institucionalidad por el aire.



Por esas horas, la sociedad observaba atónita cómo la interna peronista se ganaba una vez más las luces de neón, al calor de la pelea. La gente tiene en claro que están discutiendo por poder y por dinero, pero sabe que en el fondo lo que está jugando decisivamente es la sombra inflacionaria y sus secuelas económicas. En tanto, en medio de los tironeos, con la Presidenta volviendo de apuro del exterior para comandar una crisis de la que nadie quería hacerse cargo debido a la concepción centralizada del Gobierno, la oposición siguió brillando por su ausencia.



Por suerte, después de ponerse al borde del abismo, el jefe de la CGT se permitió jugar un ajedrez de cuidada estrategia y el jueves pasado, en cuestión de tres horas, enderezó la cuestión del paro de su gremio y le hizo creer al gobierno nacional que había dado un paso para atrás.



Entonces, levantó los bloqueos a las plantas de combustibles que la Gendarmería intentó desactivar y retomó inmediatamente la ofensiva con una protesta que va más allá del 30% de incremento sectorial que Moyano había pedido para los camioneros, ya que la suba del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, el retoque de las escalas y el aumento de la base para el cobro del salario familiar es algo inherente al Gobierno y que le interesa todos los trabajadores.



Y aunque desde la Casa Rosada se esfuercen en decir, además, que Moyano no tiene un acompañamiento sindical importante para el acto del miércoles y que todo es una maniobra política, lo que surge a simple vista fue que éste sintonizó la preocupación de muchísima gente de todas las clases sociales y abrió el abanico del problema, para así darle un sentido más amplio a la marcha de protesta.



Con olfato bien práctico, el titular de la CGT por ahora sólo aspira a mostrar su poderío llevando a la Plaza de Mayo, incluso a mucha clase media que normalmente no quiere saber nada con el proceder del sindicalismo, pero que es la que verdaderamente sufre por los descuentos impositivos que le llevan parte del fruto de su trabajo. En algún sentido, el encuentro puede llegar a ser un memorable cacerolazo de adhesión al bolsillo, aunque esta vez nada espontáneo.



Es que a todos los asalariados les queda más que claro que si año a año los sueldos se incrementan al ritmo aproximado de la inflación, mientras que los pisos y las escalas no varíen en la misma proporción, lo que sucede es que se pagan alícuotas cada vez más altas.



Un trabajo del Instituto Tributario de la Federación de Graduados en Ciencias Económicas ha demostrado que bajo las actuales circunstancias de tope y tramos no ajustados por inflación, un trabajador casado y con dos hijos que tiene un ingreso mensual neto de $ 15 mil mensuales le gira a la AFIP 1,3 sueldos al año, mientras que si el mínimo no imponible y las escalas hubieran seguido la misma evolución porcentual que tuvieron los salarios desde que no se modifican, el tributo debería representar por año apenas 0,4 de un haber mensual. En tanto, si el trabajador ganara $ 9.000 pasaría de los $ 1.324 actuales a pagar cero. Esto números son los que le dan letra decisiva a Moyano.



Desde su postura, el Gobierno prefirió una vez más llevar la cuestión hacia la visión conspirativa y acusó al sindicalista de amenazar a la democracia. Así, con este concepto, el cristinismo plantea, con su estilo de todo o nada, que la confrontación se está dando entre las iluminadas fuerzas del bien y las nefastas corporaciones que han cooptado a otros dirigentes del PJ, como Moyano o el mismísimo gobernador Daniel Scioli, a quien se lo castigó duramente por la foto que se sacó hace dos domingos en su quinta con el sindicalista y por no criticar desde el exterior el procedimiento extorsivo del camionero.



Hasta ese viaje a Italia por cuestiones médicas se le volvió en contra y le dio pasto al cristinismo para subirlo a la conspiración, pensando también en la interna peronista del año próximo. El vicegobernador Gabriel Mariotto lo castigó sin pruritos, el coro K lo aplastó sin miramientos y la televisión pública enmarcó la situación en tono de duda irónica.



Sólo el resto de los gobernadores, aun los más fervorosos cristinistas mantuvieron un prudente silencio para no hacer leña del árbol caído. O al menos se miraron en su espejo, porque los fondos que hoy no le llegan a Scioli de parte de la Nación, que podrían incendiar la provincia la semana próxima si no se atienden sueldos y aguinaldos de los estatales, el día de mañana podrían restárseles a ellos.



Mientras los políticos de todo pelaje, comenzando por el gobierno argentino, criticaron el procedimiento usado en el Paraguay para destituir al presidente Fernando Lugo y hasta se calificó de "golpe de estado encubierto" la velocidad opositora para correrlo de su sitial, como si los legisladores no hubiesen sido votados por el mismo pueblo que eligió al Presidente, aquí se apunta a cada rato a remover al gobernador bonaerense y nadie se rasga las vestiduras. Muy curioso todo.



(*) Hugo E. Grimaldi - Para Agencia DyN
Fuente: 
Agencia DyN