Jueves, 21 Junio, 2012 - 11:34

Correo de nuestros lectores
El Peor de los Desenlaces

En términos políticos, es difícil suponer una resolución del conflicto sin lesionados graves.

Cristina Kirchner lo conoce a Moyano pero es la primera vez que experimenta su vara en carne propia. A su vez, el gremialista podrá confundirse en muchas cosas, pero de una tiene certeza: su suerte está echada. Nunca más tendrá tranquilidad durante el resto del mandato de la Presidente, sea o no reelegido al mando de la CGT.



En poco más de un año todo se invirtió. El 29 de abril de 2011, en el acto anticipado por el día del trabajador y frente a más de 400.000 personas, con el beneplácito del gobierno y la presencia de Boudou, Aníbal Fernández, Randazzo, De Vido y Scioli, entre otros, festejó la convocatoria al Diálogo Social que arrancaría el siguiente lunes 02 de mayo.



Ese fue un acto multitudinario y de gran peso simbólico y político: era el propio gremialismo, no lo bancos o los empresarios, el que reconocía las bondades del modelo kirchnerista, en medio de las persistentes críticas de una oposición en camino a profundizar su propia
fragmentación.



Moyano no sólo reconoció que aquel era
“un gobierno que ha llevado adelante un modelo económico que ha permitido mejorar las condiciones de trabajo, las condiciones salariales de muchos trabajadores, aunque todavía falta”,
pero aclarando que se estaba
en la dirección correcta.



Fue más allá. Le habló al país remarcando la necesidad de un nuevo mandato de Cristina Kirchner: “Quiero decirles que el Movimiento Obrero Organizado, a través de la Confederación General del Trabajo, ha pedido a nuestra Presidenta que se presente en las elecciones para ser reelecta”. En ese momento, Cristina representaba para el líder sindical la “garantía” de la continuidad de la recuperación del trabajo, en la misma línea y dirección de Perón y Eva, y –en los últimos años- del fallecido Néstor Kirchner.



Después de aquello, calló frente a la sociedad y sólo habló con dirigentes gremiales, legisladores y algunos Gobernadores. El proceso eleccionario en curso, la puja por ingresar referentes gremiales en el Congreso, el desvanecimiento de las expectativas de que la Nación pagase la millonaria deuda que mantenía con la Obras Sociales y las diferencias por el mínimo no imponible, concentraron toda su atención.



Varias veces planteó estos temas a funcionarios del Gobierno. A Cristina se los recordó
después de las primarias, en un encuentro en Olivos, en septiembre del año pasado. Esa sería la última vez que la mandataria lo atendería personalmente.



A partir de allí y durante meses,
todo se redujo a trascendidos. Recién el 02 de febrero de este año, cuando ya se había desatado con ferocidad la interna por la conducción de la CGT,
reapareció a través de un reportaje televisivo, que sería el primero de una seguidilla de entrevistas, prolongada en el tiempo hasta el día de hoy.



Lo más incómodo fue responder la pregunta más obvia: ¿Qué pasó? ¿Qué cosa o situación estaba entorpeciendo
su vinculación con la Casa Rosada?. Por aquellos días, Moyano todavía hablaba simplemente de que las relaciones con el Poder sólo estaban “suspendidas”. Pero, a la par, explicaba el distanciamiento por la reticencia del Ejecutivo para atender los mismos reclamos del año anterior: levantar el piso del mínimo no imponible, eliminar el tope a las asignaciones familiares, recordando que el que cobraba 5200 pesos en bruto no las
percibía, y señalando los trastornos y demandas judiciales que producía la deuda
multimillonaria que el Estado tenía con las obras sociales.



En este marco sintetizó por primera vez en público la visión general que tenía sobre la relación entre los gobiernos y los gremios: “La CGT no se aleja ni se acerca a los gobiernos. Los que se acercan o se alejan de los trabajadores son los Gobiernos”, al mismo tiempo que remarcó que el principal problema con la Presidente era, sencillamente, que no escuchaba ni respondía a los reclamos sindicales, aunque todavía esperaba alguna forma de contestación.



Sin embargo, bastarían unos pocos meses para que el conflicto se potenciara hasta llegar a la situación actual: Un paro nacional de Camioneros que puede convertirse en otro más grave si llegara a actuar la CGT en forma orgánica; una denuncia penal contra Hugo y Pablo Moyano, una multa por 4 millones de pesos a Camioneros y una sociedad cansada de muchas cosas aunque expectante de lo que pueda suceder.




Y es difícil aventurar un final.



En la lógica kirchnerista, el concepto de “retroceder” no existe. Subir el piso del mínimo no imponible -por ejemplo- no parece probable, al menos por ahora. De otro lado, Moyano –pareciera- ya cruzó la línea, poniendo demasiado en juego, incluso su propia libertad. Solo le queda seguir.



Así, todo parece consumado. Ya no se trata de relaciones suspendidas. Hoy el Gobierno y Moyano están abiertamente enfrentados con la sociedad como testigo. ¿En qué terminará? Hasta ahora, nadie lo sabe. Sólo el transcurrir de las horas, tal vez, ofrezca nuevos elementos para bosquejar una resolución. Por lo pronto, el que se prepara como puede para absorber las consecuencias es el mismo de siempre: el pueblo.





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