Martes, 12 Junio, 2012 - 19:16

Correo de nuestros lectores
Entre remedios y hierbas

Curar es un arte. Y en este difícil camino de “curar”, están los que siguen los métodos ortodoxos, los que buscan respuestas en lo holístico y los naturistas.

El enfermo o sus familiares a veces agotan los recursos en busca de alivio o de una cura completa.



Los profesionales médicos tienen a su alcance información y tratamientos que resultarán de acuerdo a la seriedad del diagnóstico y a la respuesta del organismo del paciente.



Esto implica que lo que a uno le hace efectos a otros causa molestia.



No es una pérdida de tiempo leer los prospectos y saber las reacciones adversas y las contraindicaciones, por parte del paciente.



Aunque la medicina se ha especializado, el clínico, es aquel que puede tener una “visión panorámica” de la persona, y sus reacciones a determinados estímulos, tal como el viejo médico de familia. El hombre es un todo, ni es un ojo, ni oído, ni un corazón, su cuerpo es el espejo donde impactan las emociones pudiendo hasta alterar el funcionamiento de sus órganos. ¿Quién no tuvo una reacción luego de un disgusto o un susto?



Lo ideal es la relación médico -paciente, porque algunas prácticas pueden poner en riesgo algunas patologías, como el padecer glaucoma, diabetes, o algo tan corriente como simple, aquellos con problemas de retina, que necesitan a la hora de ser atendidos por un odontólogo pautas precisas para no poner en riesgo su visión.



Hay profesionales que se anticipan con estas preguntas, no se trata de un “todo o nada”, o un “aguantá que te va a hacer bien”. Humanizar la medicina, es respetar además del cuerpo, a la persona.



Los que creen en la medicina holística encuentran un bálsamo, pero muchas veces a la larga deben optar por remedios convencionales.



Las hierbas, son muchas veces útiles, pero también hay que respetarlas.



Tratando de sintetizar un tema tan sensible, en la acción de curar, va implícita la confianza hacia el facultativo que más allá de las limitaciones que le impone la ciencia y porque no, los productos de los laboratorios, será quien hará de la medicina su apostolado, y no un negocio lucrativo y despersonalizado.



La salud, depende de ellos. Gracias a aquellos que pueden leer en los ojos de los pacientes tanto el padecimiento como la gratitud.





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