Domingo, 10 Junio, 2012 - 11:30

Correo de nuestros lectores
En la vida como en el fútbol: arreglarse con lo que hay; pero hacerlo

El autor compara la situación argentina actual, y la que enfrentó Chile en 1962, como sede del Campeonato Jules Rimet.

Hace ya muchos años, y precisamente para esta fecha, se desarrollaba en la vecina República de Chile la Copa Mundial de Fútbol de 1962 (Campeonato Jules Rimet Chile 1962) fue la séptima edición de este torneo (entre el 30 de mayo y 17 de junio de 1962)



Por razones políticas, Argentina debió soportar mucha presión externa para intentar lograr ser sede del evento que volvería a Sudamérica después de 12 años, pero fue seleccionada Chile, que no tenía experiencia y mucho menos dinero y en la organización enfrentó diversas dificultades, principalmente respecto a la infraestructura necesaria.



Ello amenazó en varias oportunidades la realización del torneo, en especial tras la ocurrencia del terremoto de Valdivia de 1960, que destruyó gran parte del territorio sur del país aunque el torneo se realizó en cuatro sedes, la segunda menor cantidad en la historia de las copas Mundiales , Arica, Rancagua, Santiago y Viña del Mar y como anécdota quedará que Brasil fue el campeón ese año y Chile como país organizador logró un histórico tercer puesto.



Los preparativos para realizar el certamen se iniciaron inmediatamente después de conocerse la designación de país anfitrión. Los planes para modernizar gran parte del país, especialmente en cuanto a transportes y telecomunicaciones, avanzaban velozmente. Sin embargo, todo cambió el 21y 22 de mayo de 1960 con el terremoto de Valdivia que arrasó con todas las ciudades al sur de Talca, provocando más de 50.000 muertos y dos millones de afectados.



Allí entonces los Chilenos pensaron que el sueño de su Mundial había finalizado, y (¡….igual que aquí!…) el responsable de la organización, decidió acercarse al Presidente Alessandri para devolverle el dinero que había prestado el Gobierno para la realización del torneo, pero para evitar la cancelación, diversas federaciones de fútbol colaboraron con el Comité Organizador y la FIFA entregó una donación de 20.000 dólares.



Destruidas por el terremoto, las regiones de Talca, Concepción, Talcahuano y Valdivia, fueron descartadas como sedes, mientras que Antofagasta y Valparaíso, desisten de ser sedes debido a que sus estadios no podían ser autofinanciados, condición que debió imponer la Federación ante la falta de recursos. La lucha de los Chilenos por llevar adelante el compromiso asumido, se vio teñida con otra tragedia, ya que el alma del mundial del futbol trasandino Juan Pinto Durán muere en 1957 en un accidente de tránsito, pero la mala suerte no finalizaba allí pues 32 días antes del comienzo del campeonato, se produce el repentino fallecimiento de Carlos Dittborn el 28 de abril, el organizador que se había comprometido a cumplir con la promesa.



En estos tiempos en que la sociedad Argentina se debate entre la economía, dólar, pobreza, riqueza, política oportunista y acomodaticia, recordar a estos hombres que con casi nada en sus bolsillos, encararon la difícil tarea de organizar nada menos que un Mundial de Futbol, pintando los estadios de blanco por no tener dinero para tanta remodelación, haciendo base en que lo más importante era mejorar las rutas y el transporte, elementos indispensables para que los visitantes se sintieran a gusto y sin sobresaltos a la hora de trasladarse de un lugar a otro.



Cuando vemos que ante la imposibilidad que se presentaba de realizar dicho certamen, uno de los organizadores llegó a la Casa de la Moneda para devolver el dinero que la Presidencia le había entregado a modo de colaboración, se me cae la cara de vergüenza cuando miro hacia adentro de nuestras fronteras al ver las fotos de los Grondona y tantos otros “Grondonitas” obsecuentes que acompañan la gestión hace tantos años y ahora socios también en el “Futbol NO gratis para todas y todos”.



Quizá, llegó la hora en medio de nuestra crisis financiera (no reconocida por el Gobierno) que busquemos copiar de los que saben cómo se hace para salir de un momento tan difícil y comprometido como el nuestro, sin temor a reconocer errores, iniciando el recorrido por nuevos caminos que abran la posibilidad de sincerar una forma de gobernar en donde estemos incluidos todos…de Izquierda, Derecha, Centro o torcidos, pero todos en un mismo barco, dejando de lado los slogans, banderas políticas como La Cámpora, La Solano Lima, la Kirchner, la Juan Domingo y tantas otras de diferentes partidos de la oposición, hoy más que nunca, creadas para reinar desuniendo a los protagonistas que ven en cada paraguas de sus agrupaciones, una posibilidad de “crecer” políticamente, cuando todos sabemos que no siempre resulta así.



El futbol, está contaminado de esas mismas ideas políticas y los seguidores de uno u otro sector, están al servicio del mejor postor en los Estadios, como un hincha más o lo que es aún más complicado de un “barrabrava más”.



“La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande”. Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español.



(*) DNI 7788556