Sábado, 9 Junio, 2012 - 18:51

Correo de nuestros lectores
La seguridad... ¿cuál seguridad?

La democracia es el gobierno del pueblo, eso dicen, o así debería serlo. Otros agregan a su definición que es el gobierno del pueblo y para el pueblo.

Con cualquiera de las dos acepciones, lo que tenemos deja bastante que desear. Y sería muy injusto si se lo achacara sólo a este gobierno, aunque el haber sido elegido por tanta gente, lo convierte en el mayor responsable de las carencias existentes. Y lo repito: el mayor, no el único.



Reitero lo dicho en algunas notas anteriores, no voy aquí a hacer evaluaciones ni pronósticos económicos, tampoco voy a dar cifras, aunque las conozco muy bien y podría discutírselas en persona al propio Gobernador, a quien le gusta tanto dar esos números y porcentajes de crecimiento tan fantasiosos, o a cualquiera de sus ministros o funcionarios, soy demasiado responsable como para agregar leña al fuego en este momento, o convertirme en pájaro de mal agüero.



Todo lo contrario y, como muestra de mi interés por la búsqueda de soluciones, días pasados presenté en la H. Cámara de Diputados de la Nación un Proyecto de Ley con el que se pretende ayudar a la inclusión laboral y social de millones de desocupados o beneficiarios de planes sociales. Algunos pensaron que era igual al Monotributo Social, yo estimo que es muy superador y distinto. Sí debo decirles a los gobernantes, que tienen opciones y que ninguna de ellas pasa por seguir tratando de engañar a una población que siente, cada vez más, los efectos de la crisis y del ajuste, en todos los niveles socio-económicos. Lógicamente, quienes menos tienen, son los más afectados.



De como actúen nuestros gobernantes, en tanto son responsables de administrar nuestra economía, dependerá el grado de la crisis que nos afecte en el futuro próximo. Tuvieron en sus manos un período de bonanza del que no había gozado ningún gobierno anterior, lo desperdiciaron, nos mintieron todo el tiempo, ahora no es época de lamentaciones, es época de actuar, de tomar las mejores decisiones, de ellos depende.



Algo parecido ha pasado con el tema de la inseguridad, pese a que la negaron permanentemente, pese a que nos querían hacer creer que era una “sensación”, aún buscando todas las maneras posibles de que no queden asentadas ni siquiera las denuncias, para así bajar los índices de delincuencia, todos sabemos bien el estado de pánico en que vive mucha gente, especialmente quienes viven en los suburbios menos favorecidos, aunque todos debimos modificar hábitos y formas de protegernos, aunque sea un poco. Todos fuimos víctimas de algún hecho violento, o tenemos familiares o gente cercana que lo fue.



El mismo Gobernador ha asumido el compromiso personal de dirigir la lucha contra el delito, esperemos que cumpla y que lo haga con rapidez, que no sea sólo una promesa más, de esas que sirven para ganar tiempo hasta las próximas elecciones.



Ni hablar de las relaciones que existen entre la corrupción y el delito; entre la corrupción y el narcotráfico; entre la corrupción y todas las cosas que nos afectan.



Decía en otra nota, hace algunos días, que escuchen con atención el murmullo de algunas cacerolas que empiezan a sonar. Muchos, haciendo gala de una soberbia que nos perjudica cada vez más, decían que eran las cacerolas de los barrios “pitucos” de Buenos Aires. Estos días vimos, además de otros cacerolazos, que algunos creen que son de “pitucos”, las calles y rutas cortadas por reclamos de obreros y desocupados. Espero que no sigan pensando que ellos también son pitucos que reclaman dólares para especular.. ¡Por favor presten atención señores gobernantes! No se puede gobernar ignorando la realidad. Todos necesitamos del éxito de su gobierno, no estoy aquí haciendo ninguna absurda especulación partidaria.



Pero además de los problemas sociales, ambientales y económicos que nos afectan fuertemente, está pendiente de cumplir la promesa de mejorar la política, esa promesa de reforma política con la que tanto se llenaron la boca.. Y mientras no se mejore la política, no habrá soluciones posibles, viables y permanentes.



¿Qué esperan, por ejemplo, para implementar en la Provincia el sistema de elecciones internas abiertas simultáneas y obligatorias?



¿Qué esperan para implementar el sistema de la Boleta única?



¿Que esperan para mostrar por internet los gastos y contrataciones del Estado, o las demás variables económicas, así cualquiera puede controlarlas?



¿Dónde quedó esa promesa de un estado transparente?



Son elementos esenciales para la construcción de una verdadera democracia, donde los ciudadanos tengan la posibilidad cierta de decidir y no sólo la de optar por los que algunos amigotes, en cada partido político deciden.



El Gobierno Nacional también debería implementar el sistema de Boleta única para las elecciones nacionales.



Hay proyectos presentados en este sentido, si quieren presento alguno propio en la Provincia, otro en la Nación, y pido a algunos legisladores si quieren acompañarlo con sus firmas. Pero creo que sería mejor que sea el propio Gobierno quien lo haga y busque los consensos necesarios para algo de esta envergadura. En las elecciones del año próximo deberían estar implementadas y funcionando.



Consensos que no deben ser de cúpulas que sólo piensen en cómo proteger sus privilegios. Hablo de consensos en serio, pensando en una verdadera democratización de la política, del Estado, de los partidos políticos, de los sindicatos. Sé que se terminarían muchos privilegios, pero precisamente esos privilegios que gozan hoy algunos pocos, que se llenan la boca hablando de igualdad social, serían los privilegios que ganaría la inmensa mayoría excluida y olvidada del pueblo.



Aquí también todos los partidos políticos deben poner sus barbas en remojo y hacer los cambios que la sociedad reclama. Son cambios en serio, no son cambios de unos amigos por otros amigos, que continúen digitando todo a su antojo. Todos debemos sentirnos parte y comprometernos, sin necesidad de pedirle permisos a nadie. No hay cambios verdaderos posibles sin convicciones verdaderas.



Desde hace años vengo impulsando, casi en soledad al principio, y en distintos tonos, la necesaria reforma política. Esa reforma, insisto, y no dejaré de insistir hasta que se consiga.



No dejaré de enfrentarme a quien tenga que enfrentarme cuando intenten estafar al pueblo con disfraces. Soy una persona seria, no me gusta perder el tiempo ni que me tomen por idealista ni por estúpido, a nadie le gusta. Puedo hacerlo y decirlo con absoluta tranquilidad, porque jamás ocupé un cargo público ni le debo favores políticos a nadie. No creo que nadie deba convertirse en obsecuente ni pedir por favor lo que le corresponde por derecho.



Aplaudo las ambiciones políticas de cualquiera, pero todos debemos competir en igualdad de condiciones, cada ciudadano que reúna las condiciones requeridas, debe sentir que tiene la posibilidad de aportar lo suyo, desde el lugar que pretenda. Debemos luchar por partidos políticos abiertos, incluyentes, modernos, solidarios, laboriosos y con el bien común como guía.



Los sectarismos y las desconfianzas egoístas no construyen. Destruyen y excluyen. Hacen fracasar los mejores proyectos.



Esas son las tareas fundamentales del Estado y de los gobernantes, pero también son tareas de los distintos partidos políticos y de todos los ciudadanos. Cada uno con el grado de responsabilidad que le corresponde.



De estas reformas, si son auténticas, van a depender nuestra seguridad personal y nuestra seguridad de un futuro mejor y más digno, en el marco de una verdadera democracia.




(*) [email protected]