Martes, 5 Junio, 2012 - 12:52

Compra de dólares: aseguran que la "inconsistencia" no es de los ciudadanos sino del sistema de AFIP

El organismo tributario nunca difundió la “fórmula” utilizada para cruzar datos financieros de los contribuyentes. Cuando “no se puede”, la culpa es “el sistema”.

Días atrás el periodista Jorge Lanata denunció al Estado Nacional y a la AFIP por lesionar sus derechos consagrados en la Carta Magna. Presentó un recurso de amparo ante la Justicia Federal que, de prosperar o incluso llegar a un pronunciamiento de la Corte, tendría un efecto multiplicador en los ciudadanos que pasaron por esa experiencia. ¿Qué lo frustró? Ingresar al sistema informático de la Administración Federal de Ingresos Públicos para solicitar la extracción de dólares, y no ser autorizada para sacar siquiera uno. Lo documentó ante las cámaras de su show televisivo.



Quienes están familiarizados con la capacidad operativa de AFIP aseguran que actualizar toda la información nacional del impuesto a las ganancias (uno de los parámetros de la información a cruzar), con sus distintos vencimientos de acuerdo a la categoría de que se trate, es una tarea titánica. Aunque la actualización de datos es permanente, la carga de esa información debe hacerse a mano.



Entre las justificaciones argüidas desde el organismo, las “fallas” en el sistema, aunque mínimas, serían la causa de muchas “inconsistencias” crediticias, pero no todos piensan igual: “Según el sistema hace un mes podía comprar US$ 50 mil; la semana pasada volví a consultar y había bajado a US$ 14 mil a pesar de que no hice ningún movimiento en mis cuentas, no compré ni vendí nada...”, indicó un empresario y experto en finanzas a este diario.



“HACER CAJA”

La hipótesis que sostienen off the record funcionarios y especialistas es que a partir de agosto la compra de dólares comenzará a normalizarse. Para entonces el gobierno tiene obligaciones con vencimientos de bonos BODEN y compromisos con organismos crediticios, entre otros, que ascienden a unos US$ 5,800 millones (el saldo actual sería de US$ 4,700 millones), a los que habría que sumar, en una previsión optimista, la importación de gas por otros US$ 3,000 millones. “Cada dólar cuenta”, aseguran.



Sospechan que el sistema implementado por el organismo tributario “bloquea” el pedido de dólares aun cuando los solicitantes tienen ingresos declarados y consumos promedio suficientes.



“VENTANILLA VIRTUAL”

Las limitaciones verificadas en la validación de la “capacidad contributiva” de los ciudadanos que quieren comprar dólares encontró, de momento, una salida elegante. A través de la Resolución 3,333, del 30 de mayo, la AFIP habilitó la compra de hasta US$ 2,000 por persona para viajar al exterior, monto que puede incrementarse hasta cerca del monto que se posee en pesos, si se hace una declaración jurada.



Para comprar los dólares hay que ingresar al mismo sistema y seleccionar la opción de viajes al exterior; luego brindar una serie de datos sobre los motivos del viaje (trabajo, un tratamiento de salud, la participación en un congreso o simplemente turismo), la agencia contratada, el destino, los días que se espera permanecer en el Extranjero.



La ventaja de esta herramienta, que aseguran que es más “flexible”, es que se complementa con el acuerdo del gobierno con las empresas mayoristas de turismo, que ya no exigen a los operadores minoristas que los depósitos se hagan en dólares. “Quien quiere viajar al exterior puede hacerlo comprando los pasajes y pagando la estadía, o adquiriendo un paquete turístico cien por ciento en pesos con su tarjeta de crédito”, indicó Miguel Aquino, investigador del Instituto de Estudios Fiscales. “De esa forma, los dólares comprados una vez que la operación fue validada por AFIP pueden usarse para lo que haga falta en el país al que se viaja”.



“PARA ATESORAR, NO”

Queda claro que la finalidad de la política restrictiva en cuanto a la compra de dólares, de la que AFIP es sólo uno de los organismos participantes, es evitar la especulación en esa divisa y la fuga de capitales, e impedir que los atesoren pequeños y medianos ahorristas como forma de prevenirse de los efectos de la inflación o de una súbita devaluación de la moneda nacional.



Los métodos para conseguir dólares eludiendo los controles de AFIP van desde la compra en pesos de bonos en el Extranjero (que rápidamente se comercializan, en dólares, y generan un retorno legal) hasta los viajes “de placer” a Uruguay, donde los casinos venden “fichas” de juego en pesos y las cambian en dólares que el Banco Central admite al cambio oficial. Pero incluso la compra de dólares por la vía oficial validándose a través del sistema de AFIP, en el caso de personas con fondos importantes “en blanco”, al cambio fijado por el Central, permiten un “colchón” de entre el 25 y 35% al momento de liberarlos al mercado informal.



El dólar “blue” (algunas versiones indican que los ingleses llaman así a los billetes “truchos” que al rayarlos muestran ese color) no es un negocio de impacto masivo sobre los pequeños ahorristas chaqueños (de hecho, las mismas operaciones oficiales no superan, en tiempos “normales”, los US$ 300 mil mensuales), pero la “psicosis” generada por la política restrictiva que suena a prohibición y estimula la aparición de toda clase de fantasmas (justificadamente, a juzgar por la historia reciente del país) lleva a muchas personas a comprar dólares, incluso en cantidades insignificantes, pensando que así se “salvarán”. “Hay personas que compran US$ 300 a cinco pesos por dólar para atesorarlos, y cuando se les vence la tarjeta tienen que venderlos de apuro al cambio oficial”, dice Aquino.



Con los fantasmas de la hiperinflación y del corralito sobrevolando cada noticia económica, muchos buscan asegurar sus ahorros en dólares, pese a que un plazo fijo en esa moneda extranjera paga un interés del orden del 0,3% anual, mientras la misma cuenta en pesos asciende al 12 o 13%. “Lo que se busca no es necesariamente una ganancia explosiva sino conservar el valor de los ahorros”; en este caso, respecto de la inflación, se `pierde menos´ si se ahorra en pesos.



En la opinión del economista la situación no sólo tenderá a normalizarse entre agosto y septiembre, sino que el dólar se acomodará en un valor cercano a los $ 5, que es el valor de mercado, equidistante de la cotización oficial y del “blue”. Con el actual tipo de cambio, “hoy a un productor o industrial después de exportar y pagar retenciones y gravámenes le quedan $ 2,9 por dólar”, situación que a priori desalienta la exportación y que anticipa la necesidad de ajustes, algunos vinculados al tipo de cambio, señala.



“LA ÚLTIMA BURBUJA”


A la hora de revisar alternativas al dólar para invertir, la más elegida es el oro. Otra es el “ladrillo”, la compra de bienes raíces por los medios tradicionales; no así cuando se trata de fideicomisos inmobiliarios: hay voces que piensan que la gran cantidad de inversores que se volcaron a ese tipo de inversión generaron una “burbuja” que ya se alejó demasiado de la realidad del mercado.



La caída en la demanda de viviendas haría estéril ver en este tipo de inversión a mediano plazo un negocio completamente seguro, salvo que el fin de la inversión sea habitar la vivienda. La necesidad de hacer compromisos tales como solicitar créditos hipotecarios dentro de, por ejemplo, 18 meses requiere apostar a que la situación económica permanezca estable y el mercado no se constriña ni se estanque.



No será fácil para los inversores vender sus departamentos reales o virtuales (en “el pozo”); la alternativa de alquilarlos ya es arriesgada porque recuperar el dinero de un crédito hipotecario, a precios actuales, demandaría unos veinte años. Un pésimo negocio, que empeora en sus perspectivas si, como se tiene previsto, se decide gravar a los fideicomisos con el impuesto a las ganancias, lo que atentaría aún más contra la rentabilidad de la inversión.