Domingo, 3 Junio, 2012 - 10:13

Dólar, errores y ¿sobornos?
Nada es casual

Contradicciones oficiales y malas decisiones afectan la economía. Ahora, otro escándalo en ciernes. Nada es casual.

El mal manejo de la economía que viene haciendo el Gobierno ha llevado a que la crisis se agrave. Como es norma, cuando se entra en la dinámica de una crisis a la que no se la combate desde sus causas, lo que se observa es que la efectividad de las medidas que se implementan es siempre fallida. Se ingresa así en un verdadero círculo vicioso del cual salir es cada vez más difícil y costoso.



Hay una realidad innegable: a pesar de las fuertes restricciones impuestas a la compra-venta de dólares, la fuga de divisas no se detiene. En medio de este revuelo, al Gobierno se le ha ocurrido la idea de iniciar la batalla cultural por la “desdolarización”. Si hay un escenario poco adecuado para iniciar semejante cruzada es el del presente, con la desconfianza en aumento. Cuando alguien quiere comprar un dólar y no puede hacerlo, está ante la evidencia irrefutable de que algo no anda bien. Para peor, están las conductas que bajan desde el poder que muestran un apego al dólar que no es diferente al del resto de la población. Las cifras son contundentes: la Presidenta tiene ahorros que superan los US$ 3 millones.



Al Gobierno le cabe, otra vez, la aplicación del famoso dicho “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. Esta postura, un clásico K, ahuyenta cualquier estímulo a llevar adelante una cruzada por la “desdolarización”.



En una de las tantas falacias con las que se pretende distorsionar la realidad, desde el Gobierno salieron a repetir que sólo entre el 11% y el 12% de la población ahorra en dólares, dando a entender que la escasez no tiene un alto impacto. Las cosas son diferentes: la cantidad de artículos importados que son necesarios para la manufactura de muchos productos nacionales hace que su fabricación esté hoy seriamente afectada.



El viernes, el Gobierno reaccionó con furia ante la información de un proyecto destinado a imponer la pesificación progresiva de ciertas transacciones comerciales. Hubo allí una sobreactuación del viceministro de Economía, Axel Kicillof, quien se dedicó a descalificar a Clarín y a El Cronista. Sin embargo, tres fuentes distintas del Palacio de Hacienda confirmaron la existencia de borradores con ideas acerca de cómo implementar la pesificación de una parte de la actividad económica. En ese mismo tren se habla de la abolición de la prohibición para indexar los precios que contemplaba la ley de convertibilidad.



Por lo demás, esas tres fuentes confirman las desavenencias entre el ministro Hernán Lorenzino y Guillermo Moreno y señalan el temor de la Presidenta por la continua salida de dólares.



Para agregar más confusión, están las palabras del jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien en su floja exposición ante la Cámara de Senadores habló de la necesidad de “desdolarizar” la economía: en los hechos equivale a hablar de la pesificación. En igual sentido se expresó el senador Aníbal Fernández. Por eso, resultó insólita la diatriba de Kicillof, como si el Gobierno se hubiera desmentido a sí mismo.



A causa de este zafarrancho, es que en el mundillo de banqueros, economistas y empresarios se habla de la “mala praxis” del equipo económico. Se coincide allí en que el desastroso manejo de la economía ha acabado por hacer de un inconveniente una crisis de la que nadie sabe cómo se saldrá.



En el colmo del absurdo, ahora se anuncia que las casas de cambio, tras el apriete al que las sometió Guillermo Moreno, acordaron vender el dólar paralelo a $ 5,10. “Si no cumplen, el lunes les mandamos la AFIP con los perros, la Gendarmería Nacional y todo lo que se les ocurra”, les dijo a sus interlocutores, con su habitual “amabilidad”, el secretario de Comercio. Es decir que, a partir de mañana, el Gobierno convalidará como legal a lo ilegal.



El déficit fiscal es el gran agujero que está en la base del problema que hoy padece la economía. A este problema se agrega el de la inflación. Esta combinación, sumada al cepo cambiario, está llevando a la economía a un proceso de progresivo enfriamiento. Se entra así en un círculo vicioso. La polémica ley de reforma impositiva que aprobó la Legislatura bonaerense la noche del jueves es un ejemplo de ello. Traerá aparejado una mayor presión impositiva no sólo sobre el campo sino también sobre toda la comunidad, como consecuencia del impuesto sobre los Ingresos Brutos. Así y todo, la provincia de Buenos Aires seguirá enfrentando un fenomenal rojo de sus cuentas fiscales que la obligará a endeudarse más. Curiosa contradicción esta del endeudamiento provincial en el medio del desendeudamiento del cual no se cansa de hablar la Presidenta.



Como si faltara algo para hacer todo más complejo, se instaló la sospecha de un posible pago de coimas para lograr la aprobación de la reforma impositiva. Hay que recordar que, hace una semana, el vicegobernador Gabriel Mariotto había producido un gran revuelo cuando habló de “valijas que iban y venían” en la Legislatura provincial para la aprobación de las leyes.



En la desmentida que el vicepresidente de la Cámara de Diputados bonaerense, José Ottavis –quien dicho sea de paso está denunciado ante el Juzgado Nacional de 1era. Instancia en lo Civil N° 26 por la posible existencia de fraude procesal o electoral por una supuesta falsificación de domicilio– hizo en el programa de Víctor Hugo Morales, en la que terminó por reconocer que el celular de la foto es suyo, lejos de aclarar, oscureció. Los fantasmas de la Banelco que tanto daño institucional le hicieron al país hace once años vuelven a posarse sobre el escenario político de una provincia que, como la de Buenos Aires, tiene una fortísima impronta nacional. Además, todo esto lleva implícita una situación de sospecha que afecta a La Cámpora. “Que se hagan cargo ellos de esto que no la deja bien parada a la Presidenta”, le dijo Daniel Scioli a alguien de su cercanía ayer por la mañana.



Finalmente, en las últimas horas sucedieron dos episodios repudiables. Uno fue la agresión que sufrieron un camarógrafo y un cronista del programa 6,7,8 por parte de alguno de los participantes del cacerolazo del viernes en Barrio Norte. El otro, la violenta irrupción de un grupo de personas aparentemente vinculadas con La Cámpora en un bar de Villa del Parque, donde Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete del Gobierno porteño, dialogaba con un grupo de vecinos. Son hechos de intolerancia reminiscentes de un pasado que no debemos repetir.



Producción periodística: Guido Baistrocchi.
Fuente: 
Perfil.